miércoles, 6 de mayo de 2015

Simbad el marino y las bacterias

Una de las cosas que más me llama la atención de las bacterias simbióticas es que cuando viven dentro de su hospedador no crecen exponencialmente. Tienen su crecimiento sincronizado con el del su hospedador. Si crecieran exponencialmente acabarían con su nicho ecológico.

Las bacterias controlan su crecimiento en medio de cultivo líquido, cuando las crecemos en laboratorio. Es lo que se llama la fase post-exponencial. Las bacterias tienen unas alarmonas, ppGpp, que toman nota del estrés que se produce cuando no hay alimento suficiente. Esta alarmona desencadena una serie de reacciones que hacen que la bacteria deje de dedicar recursos a la división celular y se dedique a vivir en un medio pobre en nutrientes y con sustancias de desecho nocivas. Las bacterias en ese estado no están muertas, están en un estado latente. Algunas de ellas mueren y lo mismo que Simbad el marino cuando lo encierran, en uno de sus múltiples viajes, dentro de una cripta en donde meten a los muertos, las bacterias se alimentan de las que van muriendo y poco a poco en el cultivo post-exponencial se va seleccionando a aquellas bacterias con más capacidad para vivir con pocos nutrientes y rodeadas de desechos.
Durante uno de sus viajes, Simbad el marino se casa con una mujer, cuando ella muere, siguiendo las tradiciones locales la introducen en una cueva con su viudo, Simbad. Simbad se da cuenta de que puede sobrevivir comiendo las ofrendas que son enterradas con cada uno de los muertos que introducen en la cripta. Así sobrevive hasta que se da cuenta de que existe un pequeño pasadizo por donde circulan hasta el exterior las ratas.

La historia de Simbad y la de las bacterias post-exponenciales nos muestran que la vida está equipada para vivir en situaciones de escasez. Vivir dentro de un hospedador exige renunciar a la libertad de crecer "ad infinitum" en compensación la colaboración entre dos organismos diferentes permite crear un espacio, un nicho ecológico, nuevo, un espacio único que no se comparte con otros organismos. Toda una proeza de la evolución

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