domingo, 30 de noviembre de 2014

Las mitocondrias fueron parásitos antes de ser central energética de nuestras células


La mitocondria surgió como orgánulo hace 2000 millones de años (pensemos que la Tierra surge hace 4540 millones de años). Poco es lo que sabemos sobre la conversión de una bacteria de vida libre a un simple orgánulo celular de una célula mayor: la célula eucariota que es la célula de los animales, las plantas y los hongos.

Un nuevo estudio publicado por Martín Wu, biólogo de la Universidad de Virginia, plantea el siguiente escenario: las mitocondrias fueron bacterias parásitas y sólo se convirtieron en organismos simbióticos y por tanto beneficiosos cuando cambiaron de "chupar" el ATP a producirlo para el consorcio simbiótico. Según Martín Wu "Nosotros reconstruimos el contenido genético de los ancestros mitocondriales secuenciando el ADN de sus parientes más próximos y nuesta predicción es que eran parásitos que robaban energía en forma de ATP de sus hospedadores, que es exactamente lo contrario que hacen las mitocondrias hoy en día".

Referencia:
Zhang Wang, Martin Wu Phylogenomic Reconstrucción Indica mitocondrial antepasado fue una Energía Parásito . PLOS ONE , 2014 DOI: 10.1371 / journal.pone.0110685

sábado, 29 de noviembre de 2014

Las bacterias ayudan a que la barrera hematoencefálica funcione correctamente

Los microbios de nuestro intestino contribuyen en el mecanismo de barrera sangre-cerebro desde antes del nacimiento.
Un nuevo estudio en ratones, realizado por investigadores de Suecia, Instituto Karolinska y publicado en Science Translational Medicine 2014, muestra que nuestros microbios intestinales pueden influir en la integridad de la barrera hematoencefálica y protegernos de las sustancias nocivas.

Según los autores, los resultados proporcionan evidencia experimental de que nuestros microbios indígenas contribuyen al mecanismo que cierra la barrera sangre-cerebro antes del nacimiento. Los resultados también apoyan observaciones previas de que la microbiota intestinal puede afectar el desarrollo del cerebro y la función.

Lacking a strong blood-brain barrier, germ-free mice (left) can't prevent a radioactive tracer (yellow) from entering the brain the way that mice with microbes (middle) can. But adding microbes to germ-free mice (right) restores the blood-brain barrier.
Miklós Tóth/Karolinkska Institutet
Los ratones que carecen de una barrera hematoencefálica eficiente por estar libres de microbios (a la izquierda) dejan entrar un marcador radioactivo (amarillo), mientras que los ratones con bacterias (en el centro) no dejan pasar el marcador al tener una barrera hematoencefálica más tupida. Si a los ratones libres de bacterias se les inocula con bacterias entonces la barrera hematoencefálica se vuelve a tupir y ya no deja entrar el marcador radioactivo.

La barrera sangre-cerebro es una barrera altamente selectiva que impide la absorción de moléculas y células no deseadas.
Los investigadores llegaron a esta conclusión mediante la comparación de la integridad y el desarrollo de la barrera sangre-cerebro entre dos grupos de ratones. El primer grupo criado en un ambiente expuesto a bacterias normales y el segundo se mantuvo en un ambiente estéril.
“Hemos demostrado que la presencia de la microbiota intestinal de la madre durante el embarazo tardío bloquea el paso de anticuerpos marcados de la circulación en el parénquima cerebral del feto en crecimiento”.”Por el contrario, en los fetos de la misma edad, con madres libres de gérmenes, estos anticuerpos marcados, fácilmente cruzan la barrera hematoencefálica y entran al parénquima cerebral”.
El equipo también demostró que el aumento de la ‘permeabilidad’ de la barrera sangre-cerebro, observada en ratones libres de gérmenes de la vida temprana, se mantuvo en la edad adulta. Los mecanismos moleculares precisos quedan aún por identificar.
Las llamadas proteínas de unión estrecha, que se sabe que son importantes para la permeabilidad de la barrera hematoencefálica, tuvieron cambios estructurales según los niveles de expresión de las bacterias.

¿Deberían tomar las embarazadas o niños pequeños antibióticos o tratarse con fagos?. Si estos resultados se confirman entonces apoyarán los tratamientos antimicrobianos de espectro reducido. Tratamientos que eliminen la bacteria causante de la enfermedad pero sin eliminar la microbiota intestinal.


Referencia:

http://news.sciencemag.org/biology/2014/11/bodys-bacteria-may-keep-our-brains-healthy

viernes, 28 de noviembre de 2014

El ADN sobrevive a un vuelo por el espacio y el reingreso a la Tierra

El material genético puede sobrevivir a un vuelo por el espacio y el reingreso en la atmósfera de la Tierra, conservando la capacidad de transmitir la información genética. Un equipo de científicos de la Universidad de Zurich ha obtenido estos asombrosos resultados durante un experimento en la misión de investigación a bordo de cohetes Texus-49.
Aplicada a la capa exterior de la sección de carga de un cohete mediante pipetas, pequeñas moléculas de ADN de doble cadena volaron al espacio desde la Tierra y regresaron. Tras el lanzamiento, el vuelo espacial, el reingreso en la atmósfera y el aterrizaje de la Tierra, las denominadas moléculas de ADN plásmido fueron encontradas en todos los puntos de muestra en el cohete de la misión Texus-49.
Y esta no fue la única sorpresa. En su mayor parte, el ADN recuperado estaba incluso en condiciones de transferir información genética a las células del tejido conectivo y bacterianas. «Este estudio proporciona evidencia experimental de que la información genética del ADN es esencialmente capaz de sobrevivir a las condiciones extremas del espacio y de la re-entrada en la densa atmósfera de la Tierra», dice el responsable del estudio, el profesor Oliver Ullrich, de la Universidad de Zurich Instituto de Anatomía.
El experimento llamado DARE (DNA atmospheric re-entry experiment) es el resultado de una idea espontánea. Los científicos de la Universidad de Zurich Cora Thiel y el profesor Ullrich estaban llevando a cabo experimentos con la misión la Texus-49, para estudiar el papel de la gravedad en la regulación de la expresión génica en células humanas por medio de hardware con control remoto-interior en la carga útil del cohete. Durante los preparativos de la misión, comenzaron a preguntarse si la estructura exterior del cohete podría también ser adecuada para pruebas de estabilidad sobre firmas biológicas. «Las biofirmas son moléculas que prueban la existencia de vida pasada o presente extraterrestre», explica Thiel. Y así, los dos investigadores lanzaron un una pequeña segunda misión en la estación de cohetes europea Esrange en Kiruna, al norte del Círculo Polar Ártico.
El experimento adicional rápidamente concebido originalmente iba a ser un pre-test para comprobar la estabilidad de los biomarcadores durante un vuelo espacial y reingreso a la atmósfera. Thiel no esperaba los resultados que produjo: «Nos sorprendimos al encontrar ADN intacto y funcionalmente activo.» El estudio revela que la información genética del ADN esencialmente puede soportar las condiciones más extremas. Varios científicos creen que el ADN, sin duda, nos podría llegar desde el espacio exterior y que la Tierra no está aislada: todos los días golpean nuestro planeta unas cien toneladas de material extraterrestre hecho de polvo y meteoritos.
Esta extraordinaria estabilidad del ADN en condiciones espaciales necesita un factor en la interpretación de resultados en la búsqueda de vida extraterrestre: «Los resultados muestran que de ningún modo es improbable que, a pesar de todas las precauciones de seguridad, las naves espaciales podrían transportar ADN terrestre al sitio de aterrizaje. Tenemos que tener esto bajo control en la búsqueda de vida extraterrestre», destaca Ullrich.

sábado, 22 de noviembre de 2014

Política científica ridícula en países totalitarios

La ciencia sólo se puede dar en sociedades democráticas y liberales (ojo, hablo del viejo liberalismo) en donde el estado no dicte consignas e imponga mecanismos de control regidos por burócratas. Cuando la ciencia se da en sociedades totalitarias y burocratizadas se pueden dar situaciones como las que se relatan en esta artículo publicado por Javier Yanes en El País. Fijaos como "La ciencia siempre paga", este bioquímico en los ochenta no tenía reactivos así que aprovechó para pensar y consiguió un trabajo crucial para el avance de la ciencia en el campo del plegamiento de las proteínas



Gunter Fischer, a la entrada al Instituto de Bioquímica de la Universidad de Halle, en 1989.

Que un científico domine el inglés es hoy de obligado cumplimiento. Y que un alemán hable este idioma parece lo más natural. Pero cuando se trata de un científico de la RDA que ha vivido la mayor parte de su vida al otro lado del Telón de Acero, se adivina que él, como otros colegas suyos de la Europa del este, tuvo que añadir un reto extra al esfuerzo investigador: el de aprender una lengua que, en su tiempo y en su país, era el idioma del enemigo, pero también el de la ciencia mundial.
Es quizá por eso que el bioquímico Günter Fischer (Altenburgo, Turingia, 1943) rebusca tranquilo sus palabras desde el otro lado de la línea telefónica en su despacho de la Unidad de Enzimología de Plegamiento de Proteínas del Max Planck, que ha dirigido hasta su jubilación en 2011. Ahora su retiro, más teórico que real, le permite un cierto sosiego. “Sigo trabajando; por suerte, en el Max Planck te dejan hacerlo más allá de los 65 años, pero más relajado”, confiesa el investigador, que en la década de 1980 descubrió las primeras enzimas implicadas en el plegamiento de las proteínas.
La reunificación alemana fue muy exitosa para la ciencia”, reflexiona el bioquímico
Nacido en plena guerra mundial, antes de la caída del nazismo, a Fischer le tocó vivir de totalitarismo en totalitarismo, de la esvástica al compás, el martillo y el anillo de espigas. “Después de la guerra, los primeros 15 años fueron muy duros, con restricciones en la distribución de alimentos”, recuerda. El joven Fischer se trasladó a Halle, a unos 90 kilómetros de Altenburgo, para estudiar química en la Universidad Martín Lutero de Halle-Wittenberg, una de las más veteranas de Alemania. Esta ciudad de Sajonia-Anhalt acoge además una institución que presume de ser la sociedad científica más antigua del mundo: la Leopoldina, hoy Academia Nacional de Ciencias de Alemania.

Una isla de tolerancia

La Leopoldina sería crucial en la carrera científica de Fischer desde que era un joven universitario, en la década de 1960. En una ocasión, cinco premios Nobel visitaron la academia y solicitaron un almuerzo con un grupo de jóvenes estudiantes. Fischer logró ser uno de ellos. “Comimos en un restaurante de Halle, cinco premios Nobel y unos diez estudiantes, y aquello fue genial; fue determinante para mi vida científica”, relata.
Pero la Leopoldina era una extraña isla de tolerancia que gozaba de un privilegio especial. Esta academia, de la que el régimen de Adolf Hitler había expulsado a los científicos judíos —incluido un tal Albert Einstein—, quedó en Alemania Oriental después de la guerra, pero se mantuvo como una institución libre y resistió a las presiones de nacionalización del gobierno. “Era la última organización común del este y el oeste”, resume Fischer. “El presidente estaba en Halle, el vicepresidente en Gotinga (Alemania Occidental) y sus miembros eran de todo el mundo, así que tenían el privilegio único de invitar a científicos occidentales a dar conferencias, lo que me dio la oportunidad de conocerlos y hablar con ellos”.
Un 30% de los científicos contratados eran informadores de la Stasi, según Fischer
La situación era muy diferente en la Universidad donde Fischer trataba de conseguir un doctorado, y donde encontró un obstáculo en el camino que no tenía nada que ver con sus aptitudes como científico. “Era muy difícil hacer un doctorado si no eras miembro del Partido Comunista. Trataron de alistarme, pero me negué”. Por suerte, el joven contó con la ayuda de un catedrático de bioquímica que le abrió las puertas. En 1971, ya con su doctorado y un puesto de ayudante en el Instituto de Bioquímica de la Universidad, Fischer trataba de investigar, pero la presión política no era el único impedimento. “En los setenta la situación no era tan mala, pero en los ochenta empeoró por la falta de fondos. No podíamos conseguir materiales de los países occidentales ni podíamos reparar los equipos”. Con esta carencia de recursos, lo que un bioquímico podía hacer no era mucho, salvo una cosa: “Pensar”. “Nadie me preguntaba a qué me dedicaba, así que tenía tiempo para pensar”.
Los pensamientos de Fischer se dirigieron hacia el campo del plegamiento de las proteínas, en el que por entonces reinaba el llamado Dogma de Anfinsen, establecido por el bioquímico estadounidense y ganador del premio Nobel Christian B. Anfinsen. El dogma establecía que el plegamiento de una proteína en su conformación espacial era algo exclusivamente determinado por la secuencia de aminoácidos, y que por lo tanto era un proceso espontáneo que no requería de ninguna ayuda externa. Fischer lo puso en duda. “Ideé experimentos muy simples con lo poco que tenía y los resultados sugerían que podía haber una biocatálisis”. Es decir, un factor celular que facilitaba y aceleraba el proceso de plegamiento: una enzima plegadora, o foldasa (del inglés fold, plegar). “Nadie lo había ensayado y en 1984 yo lo encontré”, apunta el investigador.

Colaboración clandestina

Con su flamante descubrimiento, Fischer trató de hacer lo que todos los científicos, publicarlo en una revista internacional de primera fila. Pero aquello era la República Democrática Alemana. “Estaba prohibido publicar resultados en revistas internacionales como Nature o European Journal of Biochemistry, y aún peor si eran revistas de Alemania Occidental”, recuerda. Por entonces, todo científico que pretendiera publicar debía solicitar aprobación a la Oficina de Relaciones Internacionales, propia de la Universidad y dependiente de la Stasi, el servicio de inteligencia. “Ellos podían concederte el permiso o no, pero no estaban obligados a darte ninguna razón de ello”. Esta oficina se encargaba además de filtrar la correspondencia. “Si escribías a un científico de Alemania Occidental, debías darle la carta a ellos, que la enviaban o no, pero nunca te informaban. Si no recibías respuesta, era posible que la hubiera y que no te la hicieran llegar, o bien que nunca hubieran enviado tu carta”. La presión política era intensa y además había profesores que actuaban como informadores o “espías internos”. Y era sabido que Fischer no simpatizaba con el régimen.
En los setenta la situación no era tan mala, pero en los ochenta empeoró por la falta de fondos. No podíamos conseguir materiales ni reparar los equipos”, lamenta
Naturalmente, rechazaron su petición para publicar en el extranjero, por lo que el científico debió conformarse con divulgar sus importantes resultados en una revista de Alemania Oriental y en el idioma de su país. “Nadie lo leyó, excepto gente de la Leopoldina”. Por suerte, entre ellos se contaba un investigador muy influyente en el campo del plegamiento de proteínas, Rainer Jaenicke, de Ratisbona (Alemania Occidental). Jaenicke le puso en contacto con un colaborador suyo, Franz Schmid, de Bayreuth, y aquel encuentro fue providencial. En 1985, Fischer logró invitar a Schmid a su universidad y así arrancó una colaboración clandestina que culminaría con el envío de un estudio a Nature, algo que Schmid pudo hacer desde Bayreuth. “No pedí permiso; asumí un gran riesgo personal”, valora Fischer. Pero mereció la pena: en 1987, la revista británica publicaba el trabajo de los investigadores.
Respecto a los motivos por los que la Oficina de Relaciones Internacionales de la Universidad de Halle no advirtió la publicación, Fischer no puede sino especular: “Probablemente en esa época tenían otros problemas, y de todos modos era impensable que alguien pudiera ser tan tozudo y asumir ese riesgo”. Tal vez, apunta el bioquímico, ayudó a que su estudio pasara inadvertido el hecho de que en la fecha de publicación él se encontraba destinado en Berlín, en un proyecto de la industria farmacéutica. En cuanto a su supervisor en Halle, el que le había abierto las puertas a la investigación, Fischer ríe al recordar su respuesta cuando le informó de su intención de publicar en Nature: “Me dijo: 'Bien, tú me dices lo que vas a hacer, pero yo no he oído nada”.

“¡El muro ha caído!”

Fischer y Schmid repitieron publicación en Nature dos años después, en 1989, y en esta ocasión el riesgo fue aún mayor debido a un detalle sin ninguna importancia científica, pero sí de mucho calado político en la Alemania Oriental de entonces: “La Unión Soviética trataba de hacer de Berlín una unidad política separada; decían que Berlín Occidental no pertenecía a la República Federal de Alemania. Así que nosotros enviamos la información sobre los autores a Nature detallando que una colaboradora, Brigitte Wiettmann-Liebold, trabajaba en Berlín Occidental. Pero en la redacción de Nature escribieron: Berlín, República Federal de Alemania”. Aquello podía ser interpretado por las autoridades germanoorientales como una provocación. “Era muy peligroso para mí porque era contrario a la visión política oficial”, expone Fischer.
Después de dar una conferencia, de repente alguien entró y gritó: ¡El muro ha caído!”, recuerda. No imaginó que llegara a suceder
Por fortuna, aquel mismo año ocurrió algo que el propio científico, reconoce, jamás imaginó que llegaría a suceder. Fischer lo narra así: “En octubre de 1989 conseguí un permiso para viajar con Schmid a Ulm, en Alemania Occidental, para dar una conferencia. Era el 9 de noviembre. Después del acto estábamos en un restaurante, cuando de repente alguien entró y gritó: ¡El muro ha caído!”.
“Nunca pensé en escapar de Alemania Oriental”, rememora Fischer. “Tenía a mis padres, a mi mujer y a mis hijos. Era imposible planear una huida”. Pero desde aquel 9 de noviembre, todo comenzó a cambiar. “La reunificación alemana fue muy exitosa para la ciencia”, reflexiona el bioquímico. “En el campo científico no sufrimos los problemas que el proceso trajo para la industria y la sociedad. Los científicos, también los del este, pudieron trabajar, comprar materiales, equipos... Excepto, claro, los espías de la Stasi, que fueron despedidos. Eran un 30% del total”. En 1992, Fischer se trasladó a la Sociedad Max Planck, el equivalente del CSIC en Alemania. Ahora, desde su retiro, recuerda con emoción los tiempos difíciles. “Llegué a aceptar que no podría hacer carrera. Me habían dicho directamente: puedes trabajar, trabajar y trabajar, pero si no eres miembro del partido, jamás te ascenderemos. Y pensé que siempre sería así”. Luchó durante décadas oponiendo la razón a la sinrazón, pero ni siquiera presume de sus méritos: “A veces la vida te sorprende con grandes oportunidades de cambio que no esperas. Fui muy afortunado”.

El granizo se forma alrededor de bacterias

MARCOS MÍGUEZ
El granizo de tres tormentas registradas en las Montañas Rocosas se formó en torno a material biológico, que rebotó alrededor de las nubes recogiendo hielo hasta tomar su forma de bola de hielo, según un nuevo estudio de la Universidad Estatal de Montana.
El descubrimiento de un origen biológico amplía hallazgos anteriores sobre la formación de la nieve y la lluvia, se puede aplicar a la formación de granizo a nivel mundial y proporciona información básica acerca de un tema poco estudiado, según investigadores que publican sus resultados en Journal of Geophysical Research: Atmospheres.
«Este es el primer estudio que muestra realmente que el material biológico produce granizo», dijo John Priscu, un renombrado científico polar y profesor del Departamento de Recursos de la Tierra y Ciencias Ambientales de la MSU.
Alex Michaud - estudiante de doctorado y primer autor del trabajo - estudió con Priscu una tormenta de granizo que afectó a la localidad de Bozeman el 30 de junio 2010. Michaud recogió granizo y lo almacenó en un congelador de MSU. Las piedras de granizo promediaron 3,8 centímetros de diámetro. Entonces Michaud reunió granizos de dos tormentas más en la zona de que se produjeron en 2010 y 2011. Su promedio era de alrededor de 1,2 centímetros de diámetro.
Examinando unas 200 piedras de granizo, se comprobó que las piedras de granizo forman alrededor de un embrión biológico, dijo Michaud. El análisis de los isótopos estables de agua en un laboratorio de la Universidad Estatal de Ohio demostró que la mayoría de los embriones de granizo se congelaba a temperaturas relativamente cálidas, lo que corrobora las temperaturas de congelación de embriones biológicos recuperados de piedras de granizo. Dos métodos de investigación diferentes mostraron que una temperatura cálida de nucleación del hielo indica probable material biológico en el núcleo, dijo Michaud.

viernes, 21 de noviembre de 2014

El consumo de antibióticos en España es inferior al de la media de la Unión Europea

La dosis diaria definida es de 20,9 por mil habitantes

El consumo de antibióticos en España determinado en dosis diaria definida (DDD) es de 20,9 por mil habitantes, lo que significa que está por debajo de la media ponderada de toda la Unión Europea, que es de 21,5 DDD. Con este dato se desmiente la creencia tradicional de que en este país hay un abuso excesivo de estos medicamentos. La cifra es muy similar a la de Reino Unido (20,1) y Finlandia (19,5) y se sitúa significativamente por debajo de Francia (29,7) e Italia (27,6).
Entre el 2011 y el 2012, el consumo se redujo en más de un 1 % en 15 de los 27 países (Austria, Bulgaria, Chipre, República Checa, Dinamarca, Estonia, Finlandia, Grecia, Hungría, Italia, Malta, Polonia, Portugal, Rumanía y Suecia), y, durante el mismo periodo, el uso se incrementó en más de un 1 por ciento en siete de los 27 países (Bélgica, Francia, Alemania, Irlanda, Letonia, Noruega y Reino Unido). Cinco países, entre ellos España, sólo mostraron una diferencia en el consumo de antibióticos de uso sistémico de menos del 1 % entre el 2011 y el 2012.
El Consejo explica en el informe que la disminución de la prescripción de antibióticos a los pacientes ambulatorios se ha acompañado de una reducción simultánea de las resistencias. Entre el 80 y el 90 % de las recetas se extienden en las consultas de atención primaria, sobre todo a pacientes con infecciones respiratorias, a pesar de que hay datos que demuestran que muchas de estas infecciones no necesitan antibacterianos y que el sistema inmunitario del paciente puede combatir infecciones leves.
En su labor por el uso racional de antibióticos, el Consejo forma parte del grupo de trabajo que ha elaborado el «Plan Estratégico y de acción para reducir el riesgo de selección y diseminación de resistencias a los antimicrobianos», formado por representantes de los Ministerios de Sanidad, Agricultura y Economía, sociedades científicas y organizaciones profesionales sanitarias. Este grupo ha definido seis líneas estratégicas: vigilancia del consumo de antibióticos, controlar las resistencias antimicrobianas, identificar e impulsar medidas de prevención y tratamiento, definir prioridades en materia de investigación, formación a los profesionales sanitarios y sensibilización a la población en su conjunto.
Así se desprende de un estudio realizado por el Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos dado a conocer este lunes con motivo de la celebración mañana del Día Europeo para el Uso Prudente de Antimicrobianos en Europa. Este evento, impulsado por el Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades (ECDC), trata de reiterar la importancia de la lucha contra la resistencia bacteriana a los antimicrobianos para la salud pública e individual.
En la actualidad la Organización Mundial de la Salud y el ECDC estiman que las bacterias resistentes a los antibióticos son responsables en Europa de alrededor de 400.000 infecciones, generando 2,5 millones de días adicionales de hospitalización y 25.000 muertes al año.

jueves, 20 de noviembre de 2014

¿Por qué CRISPR no funciona en E. coli?

Reproduzco traducido el artículo de Elio publicado en el blog "Small Things Considered" de la ASM.
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Udi Qimron en su laboratorio del Departamento de microbiología humana dela Universidad de Tel Aviv
Según Udi Qimron, un genetista microbiólogo y experto en CRISPR la razón de que no funciona CRISPR en E. coli es sencillamente que no funciona. Según este experto, el sistema CRISPR-Cas está en E. coli inactivado debido al regulador H-NS (codificado por el gen hns). Los pasos del sistema CRISPR de adaptación e interferencia están reprimidos por la presencia de H-NS. 

Por esta razón el sistema no adquiere de forma natural nuevos espaciadores procedentes de nuevos fagos, y si por lo que sea, el sistema adquiriese nuevos espaciadores no se podrían expresar porque algunas proteínas de interferencia importantes no se expresarían. Por lo tanto la resistencia de E. coli a ser invadida por fagos se tiene que conseguir por otros medios, por ejemplo mutaciónes (como en el caso del fago LamB). Por esta razón no existen cepas de E. coli en la naturaleza que se puedan proteger de los fagos utilizando CRISPR-Cas. Si empleamos un mutante hns- se podría revertir este fenotipo en el plazo de dos semanas consiguiendo protección contra plásmidos y potencialmente también contra fagos persistentes tales como el M13.

En otras bacterias como por ejemplo Streptococcus thermophilus, el sistema CRISPR funciona como el sistema de defensa dominante

REFERENCIAS:
Phys Life Rev. 2014 Mar;11(1):146-8; discussion 149-51 2013 Dec 12.
CRISPR-Cas: outstanding questions remain: comment on "Diversity, evolution, and therapeutic applications of small RNAs in prokaryotic and eukaryotic immune systems" by Edwin L. Cooper and Nicola Overstreet.
Severinov K.

Science. 2007 Mar 23;315(5819):1709-12.
CRISPR provides acquired resistance against viruses in prokaryotes.
Barrangou R1, Fremaux C, Deveau H, Richards M, Boyaval P, Moineau S, Romero DA, Horvath P.