La polémica de las vacunas no termina
La revista 'The Lancet' retiró la semana pasada un estudio que asociaba la triple vírica con el autismo. Los médicos alertan sobre la influencia del movimiento en contra de la inmunización sistemática a los niños
Por: AINHOA IRIBERRI
08/02/2010 08:00
El pasado 28 de enero, el Consejo General de Médicos del Reino Unido (GMC) concluyó, tras una auditoría de más de dos años, que el gastroenterólogo Andrew Wakefield actuó de forma "deshonesta e irresponsable" en la elaboración de un estudio que, en 1998, asoció la administración de la vacuna triple vírica que protege contra la rubeola, las paperas y el sarampión al autismo. Pocos días después, el 2 de febrero, la revista The Lancet, que publicó en su día el trabajo de Wakefield, lo rechazaba públicamente.
Sería lógico pensar que el médico que se desplazó de Austin (EEUU), donde ejerce en la actualidad, a Reino Unido a escuchar la sentencia estaría devastado tras tantas malas noticias. Pero las imágenes que mostraron los medios de todo el mundo diferían mucho de esa suposición. El especialista, al que se acusó de elegir a sus pacientes para el estudio, de estar contratado previamente por los abogados de unos padres que querían demandar al laboratorio fabricante de la vacuna de su hijo e, incluso, de someter a los niños a pruebas innecesarias, aparecía en las fotografías rodeado de partidarios que, como él, habían recibido indignados la sentencia.
La polémica ha crecido por las vacunas de la gripe A y el papilomavirus
Y es que, para algunos, Wakefield es un héroe, el personaje que ha demostrado científicamente lo que muchos padres creen a ciencia cierta: que el autismo que padecen sus hijos no se debe, como establece la medicina, a causas genéticas o ambientales aún por determinar, sino que es consecuencia de las vacunaciones sistemáticas a las que se somete a la gran mayoría de los menores.
Son los miembros del llamado movimiento antivacunación, una tendencia muy visible en EEUU y en algunos países europeos (con Holanda a la cabeza) y con escasa presencia en España. Las tesis de los más radicales en estos grupos no atienden a los estudios publicados en las revistas científicas de mayor impacto y, en algunos casos, llegan a acusar a las autoridades sanitarias de intentos velados de envenenamiento masivo, como sucedió con algunas de las teorías que circularon en Internet sobre las vacunas para la gripe A.
No es el caso del mayor representante del movimiento en España, la Liga para la Libertad de Vacunación. Esta entidad, con 700 miembros de toda España, se formó en Barcelona hace 22 años y, según explica a Público su secretario, Vicenç Robles, "no tendría sentido" si la Administración "diera a los padres la información necesaria para poder decidir si quieren vacunar a sus hijos o no".
Robles se queja de que "existe un gran equívoco" en torno a la creencia de que en España la vacunación es obligatoria. "Son recomendadas, pero hay una presión muy fuerte por parte de la Administración sanitaria, el entorno escolar y los propios padres, que dan a entender que se trata de una obligación", apunta.
La inmunidad grupal hace que se proteja a más gente de la que se vacuna
Para el presidente de la Asociación Española de Vacunología, el especialista en Medicina Preventiva del Hospital Clínic de Barcelona José María Bayas, estos movimientos surgen porque no se tiene en cuenta "la base de la pirámide" o, lo que es lo mismo, los beneficios intangibles de las vacunas: "Se ahorran muertes".
Bayas reconoce que es "una cuestión de balanza" y no niega que algunas vacunas hayan tenido o puedan tener efectos secundarios. "Pero la gente no duda en tratarse de un cáncer con quimioterapia, que es mucho más tóxica que una vacuna", apunta. El experto explica que existe en la comunidad científica una preocupación por las noticias difundidas últimamente sobre dos vacunas, que han cuestionado no sólo su eficacia y su seguridad sino, sobre todo, la necesidad de administrarlas de forma sistemática a toda la población. Se trata de la vacuna contra la gripe A y de la que protege frente a cuatro subtipos del virus del papiloma humano, causantes del 80% de los casos de cáncer de cuello de útero.
Necesidad de inmunización
Los opositores a la administración masiva de esta última vacuna aducen que la neoplasia de cérvix es muy infrecuente en España y que, además, es fácilmente prevenible con las revisiones ginecológicas habituales. Con respecto a la gripe A, aunque ha habido teorías que algunos han calificado de conspiranoicas, muchos se han opuesto a sus vacunas por considerar que la enfermedad no era lo suficientemente grave como para inmunizar a la población.
"¿Qué debe primar, la libertad de la persona o la del grupo?"
No hay duda de que estos dos casos han jugado en contra de lo que la mayoría de los científicos califican de la mayor medida preventiva de la historia de la humanidad. Según explica el secretario de la Liga para la Libertad de Vacunación, las consultas en su web se triplicaron cuando empezaron a surgir informaciones que cuestionaban la idoneidad de la vacuna del papilomavirus y se multiplicaron por cinco en la reciente campaña de vacunación contra la gripe A. "La gente se preguntó si podía pasar lo mismo con otro tipo de vacunas más aceptadas", resume.
Para el director de la Fundació Institut Català de Farmacologia, Joan Ramón Laporte, la clave está en no generalizar. "Hay vacunas mejores o peores, algunas que protegen sólo al 30% de los que la reciben y otras que benefician casi al 100%", puntualiza. Laporte, por ejemplo, reconoce que ni se vacunó ni recomendó a nadie vacunarse contra la gripe A y que, del mismo modo, no ha inmunizado a su hija de 14 años contra el virus del papiloma humano.
Evaluar la necesidad
El experto catalán apunta a que las agencias regulatorias de fármacos no evalúan las vacunas en términos de necesidad, sino que analizan sólo la eficacia y la seguridad. Son las autoridades sanitarias las que toman a posteriori la decisión de incluirlas o no en el calendario vacunal.
Laporte cree que las vacunas más necesarias y que han demostrado ser más eficaces son la DTP (contra la difteria, el tétanos y la tos ferina), la de la polio y la triple vírica. Respecto a esta última, la protagonista del escándalo de Wakefield, el farmacólogo considera que no está asociada al autismo. Sin embargo, no da tanta importancia a la retirada del artículo por parte de The Lancet. "Cuando son ensayos promovidos por la industria farmacéutica, la revista no se retracta, sólo publica comentarios críticos, y es algo relativamente habitual", comenta.
Laporte señala que, tal y como recoge un reciente artículo de British Medical Journal, los casos de sarampión en Reino Unido aumentaron entre 1998 y 2008 a causa de la difusión de los resultados del estudio de Wakefield.
Los activistas piden que no se dé por hecha la obligatoriedad
Precisamente una de las consecuencias que más preocupa a los médicos en este sentido es que el descenso en el porcentaje de vacunados incida en una disminución de la denominada inmunidad grupal o de rebaño, el fenómeno por el que se protege un porcentaje mayor de la población que el vacunado, siempre que reciba la inmunización un número suficiente de personas.
Vicenç Robles que no ha administrado ninguna vacuna a su hija de 15 años reconoce que esto es "un hecho" pero que, para que ocurriera, la población no vacunada debería superar el 50%. Aún así, cree que el asunto es debatible. "¿Qué primaríamos, la libertad de la persona o la del grupo?", se pregunta.
Para este activista, que puntualiza que en la Liga "no hay pedigrí" y que hay personas "a favor y en contra" de la vacunación, tampoco es un argumento válido el hecho de que los que no vacunan decidan sobre la salud de unos seres humanos, sus hijos, que no pueden opinar y que podrían sufrir las consecuencias de la falta de vacunación. "Se presupone que la mayoría de los padres hace lo que cree lo mejor para sus hijos y, de hecho, siempre estamos tomando decisiones por ellos".
En cualquier caso, España está lejos de alcanzar a Europa en este movimiento y la tasa de vacunación de las inmunizaciones del calendario se acerca al 100%. Para Robles, es cuestión de que la sociedad civil de otros países es "más madura"; para la mayoría de los científicos se trata, sobre todo, de una buena noticia.
Los primeros años del movimiento
Leyes pioneras
Reino Unido fue pionero en la aplicación de leyes a favor de la vacunación. La ley de vacunación de 1840 proveía a los miembros más desfavorecidos de la sociedad de la inoculación del precedente de la vacuna de la viruela. En 1853, se hizo obligatoria para los bebés de hasta tres meses y, en 1867, se extendió a los 14 años. Estas leyes eran innovadoras porque extendían el poder del Gobierno a áreas de libertades civiles, en nombre de la salud pública.
Inicio de las protestas
Desde la Ley de 1853, empezaron las protestas en varias ciudades inglesas. En dicho año se fundó la Liga Antivacunación que, en 1867, se rebautizó como Liga Antivacunación Obligatoria. En su manifiesto fundacional hacían hincapié en la apropiación por parte del Gobierno del papel de los padres de proteger a sus hijos. Tras promover múltiples movilizaciones, el movimiento consiguió que se aprobara una nueva Ley en 1898, que introducía por primera vez una cláusula de conciencia, que permitía a los padres que no querían vacunar a sus hijos obtener un certificado de excepción y que introdujo el concepto de objetor de conciencia en la ley británica.
Extensión geográfica
A finales del siglo XIX, el movimiento antivacunación se extendió al resto de Europa y a EEUU. En Estocolmo, por ejemplo, la mayoría de la población dejó de vacunarse, de forma que las tasas de inmunización bajaron al 40%. Una epidemia de viruela en 1874 volvió a cambiar la tendencia. En 1904, ciudadanos y soldados brasileños protagonizaron la ‘Revolta da Vacina’, en oposición a la ley de vacunación.
"Una cosa es cuestionar y otra mentir"
José María Bayas. Medicina Preventiva. Hospital Clínic
¿Por qué cree que se han asociado distintas vacunas al desarrollo del autismo?
Creo que es porque el autismo es una enfermedad relativamente nueva para la que no hay explicación. Los síntomas se manifiestan poco después de la administración de muchas vacunas. Y puesto que estas son de uso muy generalizado, es lógico que todos los niños estén inmunizados. Pero secuencia no es lo mismo que consecuencia.
¿Por qué cree que en España no hay un movimiento muy activo antivacunación, como en otros países?
Estos movimientos se dan sobre todo en sociedades muy desarrolladas, donde se tiende al riesgo cero. Y ese nivel de riesgo no existe. ¡Hasta coger el ascensor tiene algún
peligro!
¿Qué pasaría si la tendencia calara en España?
Es algo que nos preocupa, porque vemos que está aumentando el número de informaciones negativas respecto a las vacunas, como ha pasado recientemente con la vacuna de la gripe A. Una cosa es cuestionar actitudes y otra decir mentiras, como cuando el parlamentario Wolfgang Wodarg dijo ante la CE que una de las vacunas contra la gripe A contenía células neoplásicas. ¡Eso está demostrado que es una barbaridad! El problema es que se ignoran los beneficios ocultos de las vacunas, que son todas las enfermedades que no se ven gracias a las campañas de inmunización. Si en España nos dejáramos de vacunar, por ejemplo, del sarampión, habría 200 muertes por esta causa al año.
lunes 8 de febrero de 2010
viernes 5 de febrero de 2010
A vacinación xa comenzara cos chineses
Atopei este artigo dun especialista que non coñecía, Eduard Rodríguez Farré. Nel se explica a orixe das vacinas cun dato que non coñecía: os chineses xa coñecían a vacinación. Reproduzo o artigo orixinal.
Una conversación con Eduard Rodríguez Farré sobre vacunas, vacunación y salud pública
“Las vacunas son efectivas para prevenir las enfermedades infecciosas aunque no todas las enfermedades infecciosas pueden tener vacunas"
Salvador López Arnal
Rebelión
Miembro fundador del Comité Antinuclear de Catalunya (CANC) en 1977, Eduard Rodríguez Farré es médico especializado en toxicología y farmacología en Barcelona, en radiobiología en París y en neurobiología en Estocolmo. Ha dirigido durante muchos años el Departamento de Farmacología y Toxicología del CSIC en Barcelona. Como experto en toxicología ha asesorado al gobierno cubano en la epidemia de la neuropatía óptica, a la OMS en el síndrome del aceite tóxico y a la Unión Europea sobre la investigación en programas de salud pública y sobre la Encefalopatía Espongiforme Bovina. Actualmente es subdirector del Instituto de Investigación Biomédicas August Pi i Sunyer del CSIC (Barcelona). Socio fundador de la asociación Científicos por el Medio Ambiente (CiMA), Eduard Rodríguez Farré es coautor (autor principal para ser más preciso), junto este entrevistador, de Casi todo lo que usted desea saber sobre los efectos de la energía nuclear en la salud y el medio ambiente , El Viejo Topo, Barcelona, 2008 (con prólogo, presentación, epílogo y notas finales de Enric Tello, Joaquim Sempere, Joan Pallisé, Jorge Riechmann y Santiago Alba Rico).
Empecemos por cuestiones básicas, Eduard, si no te importa. ¿Qué es una vacuna? ¿Para qué son efectivas las vacunas?
Las vacunas son efectivas para prevenir las enfermedades infecciosas aunque no todas las enfermedades infecciosas pueden tener vacunas. Que lo tengan depende enormemente del tipo de microorganismos de que se trate. Sea como sea, hay que señalar, lo hago ya de entrada pensando en sus detractores que no son pocos y no están callados, que, fundamentalmente, gracias a las vacunas se han eliminado una serie de enfermedades infecciosas que eran gravísimas hasta hace pocos años.
Por ejemplo…
Un médico actual, un médico joven, no ha visto morir a la gente de difteria, ni de tosferina, ni de fiebres de Malta, ni de toda una serie de afecciones que era muy corrientes en los años cincuenta o sesenta. Además, hay que insistir, lo único que ha permitido eliminar totalmente una enfermedad que causaba alta mortalidad en el planeta, estoy hablando de la viruela, ha sido la vacunación. De hecho, la palabra “vacuna” proviene del término viruela.
Hablamos de la viruela un poco más tarde si te parece. ¿Quién y cómo se obtuvo la primera vacuna?
La primera vacuna que se obtuvo por Edward Jenner en Inglaterra, a finales del XVIII, principios del XIX, es realmente la viruela que padecen las vacas. A partir de las pústulas que había en las vacas, Jenner observó que los vaqueros que las ordeñaban no tenían nunca viruela cuando había epidemias de viruela. Conviene decir y recordar que las epidemias de viruela mataban millones de personas al año en todo el mundo y hasta no hace tantos años, hasta los años cuarenta o cincuenta del pasado siglo XX, todavía había brotes de viruela en los países que no estaban vacunados como en muchos países de África y en muchos lugares de Asia.
¿Y qué tipo de teoría estaba detrás de la hipótesis de Jenner?
La observación de Jenner es una observación empírica, no había concepto de virus ni de bacteria en su época. Es una observación clínica: ve que las personas, los campesinos y ganaderos que ordeñan las vacas, que presentan pústulas parecidas a las de la viruela, por eso se llama vacuna, de vacuno, nunca padecen la enfermedad. Y entonces se le ocurrió, sin gran fundamento teórico detrás, que acaso inoculando líquido de las póstulas de las vacas a las personas podría llegarse a protegerlas como pasaba con los vaqueros. De hecho, así fue, tal como él pensaba.
º Existe, de todas formas, también una antiguo precedente. Siempre nos fijamos en nuestra medicina, en la medicina occidental, por decirlo rápido y mal, pero en la medicina china era también conocido, desde probablemente hace más de mil quinientos años…
Hablas del siglo V o VI.
Sí, efectivamente, hablo de esa época. Era conocido, decía, que las costras de las póstulas de la viruela de las personas que la padecían o morían de ella, si se inoculaban en la nariz de los niños, fundamentalmente, también protegía de la viruela. Ese era uno de los sistemas clásicos. Pero, desgraciadamente, como sabes, el conocimiento de la historia china sigue siendo realmente muy débil entre nosotros. Los sinólogos no son muy abundantes entre nosotros. La inversa no es cierta.
De acuerdo, de acuerdo, la inversa no es cierta: el interés de la ciudadanía china por nuestros desarrollos científicos es incomparablemente mayor. Vuelvo al tema. Este, el que has descrito, sería el concepto originario.
Efectivamente. Lo increíble es que la primera arma eficaz contra una enfermedad, un procedimiento científico que ha permitido eliminarla, haya tardado unos dos siglos en conseguirlo. ¿Por qué?
¿Por qué, te pregunto?
Porque de entrada fue controvertida la cuestión y, precisamente, en el lugar donde nace el concepto de vacunación es el lugar donde nace la oposición a la vacunación en el siglo XIX . Las revistas inglesas de la época, Punch por ejemplo, estaban llenas de dibujos satíricos contra la vacunación de Jenner. En algunos de ellos, se ve a personas a que les salen los cuernos de las vacas.
Sin embargo, curiosamente, y el tema es poco conocido, uno de los grupos que vieron rápidamente su efectividad y que fueron grandes diseminadores de la vacunación fueron los científicos españoles de aquella época. Aunque normalmente se considera la ciencia española que no existe para muchas personas, realmente no es así. Nature precisamente, hace pocos meses, usaba la expresión “época de plata de la ciencia española” para referirse a la época de la Ilustración española, la segunda mitad del siglo XVIII y principios del XIX hasta la ocupación napoleónica a partir de la cual todo nuestro país, permíteme la expresión, se fue al carajo. En esa época sucedió algo que, en mi opinión, debería explicarse en colegios e institutos, e incluso en centros universitarios, la expedición de Balmis.
¿En que consistió?
Fue a principios del siglo XIX. No puedo precisar la fecha. Acaso 1803, 1804. Fueron varias naves, era la época de Godoy, del tan criticado Godoy… En aquellos años, existía en nuestro país todo un cuerpo de médicos ilustrados que aceptaron inmediatamente el criterio de la vacunación: aquellas personas que se les inoculaba las póstulas de la viruela de las vacas -era, insisto, una observación empírica-, cuando acaecía una epidemia de viruela no la padecían. Ese grupo de médicos ilustrados organizaron una expedición para llevar a América, y a todas las posesiones españolas de aquella época, llegaron hasta Filipinas, la vacunación.
¿Y cómo lo hicieron?
En varios barcos pusieron niños... Hoy en día esto sería muy mal visto, muy mal considerado claro está, pero en aquella época se había visto que a los niños a los que se les inoculaba la vacuna no les pasaba nada, pasaban un poco fiebre pero nada más. Pero para poder mantener las póstulas de la viruela lo que hacían era inocular la vacuna a un niño; éste tenía una erupción pequeña durante unos días y se le pasaba. De un niño se le pasaba a otro y de estos niños, con la forma de la enfermedad muy atenuada que determina la inoculación de la vacuna de la viruela, llegaba a América en estos niños y allí se iba vacunando a toda la gente.
¿Y no se negaron, no rechazaron algunas personas esta, entonces, nueva terapia?
Sí, sí, hubo gente que se negó, es cierto. Pero fijémonos bien en una cosa que es realmente, si se quiere, el empirismo que al fin y al cabo era una perspectiva que predominaba en la cuestión de la vacunación y que en Medicina, en mi opinión, siempre es importante… En Medicina las teorías, la excesiva teorización siempre ha sido nefasta, muy nefasta. El empirismo ha sido lo que ha hecho progresar realmente la medicina desde Hipócrates hasta hoy en día.
El tan denostado empirismo como progreso científico en el ámbito de la medicina… Pero hablábamos, Eduard, de las reacciones de la ciudadanía americana..
Exacto, exacto. Hubo gente, como decía, muy reacia también a ser vacunada sobre todo por influencia anglosajona . Nunca he entendido bien por qué los anglosajones estuvieron en contra la vacuna. También fue allí donde nacieron todos esos conceptos y movimientos en contra de la experimentación con animales. El antiviseccionismo ha sido una flor completamente anglosajona desde el siglo XIX mientras que, en cambio, matar a la gente no les preocupaba en exceso pero, por el contrario, matar a un animal de experimentación sí. No me extiendo sobre este punto.
Dejémoslo para otra ocasión si te parece.
En América, una de las cosas curiosas que allí sucedió y que cualquiera que consulte una hemeroteca podrá comprobarlo, en los periódicos de la Habana, por ejemplo, de mitad del siglo XIX, se puede leer la noticia de que ha llegado al puerto el barco tal, que probablemente era un barco del Marqués de Comillas, de Antonio López, fletado con el dinero de los hermanos Girona, de Manuel Girona y Sergi Girona. Con ese dinero fletaban los barcos que hacían este comercio triangular Barcelona, Guinea (la llamada Guinea Ecuatorial española) y Cuba…
Comercio triangular... ¿Por qué esos tres vértices?
Como estaba prohibido el tráfico de esclavos lo que hacían era salir de aquí, de España, de Barcelona, de donde fueran con telas, tejidos, o con máquinas, lo vendían en el camino, cargaban esclavos ilegalmente en Fernando Poo y de allí se iba a Cuba. De Cuba volvían con azúcar o con lo que fuese.
Cuando llegaban a La Habana salían en los diarios: “diario de avisos y noticias: ha llegado el buque tal con cincuenta esclavos del tipo que sea”. Los esclavos de catalogaban, no soy insensible pero la realidad era esa: si era un esclavo fuerte para trabajar; si era un esclavo que llamaban de pajes, para llevar coches o para lucir; o bien si eran esclavas guapas para satisfacer deseos. Lo que era interesante era poder anunciar: “Se venden treinta esclavos, todos ellos vacunados”. Y estos tenían mejor precio, eran más caros.
Es decir, todo el mundo tenía claro.. Lo explico mejor: el señor que compra un esclavo hace una inversión. Hay que olvidarse de la imagen de la cabaña del tío Tom. Es evidente que había brutalidades pero la mayor parte de la gente que tenía un esclavo era un capitalista, y el capitalista no mal barata el capital que ha invertido. Y un esclavo era caro. Los esclavos vacunados se cotizaban mucho más que los esclavos sin vacunar y a aquéllos los vacunaban en el viaje de África a Cuba. Quien dice esto dice de todos los otros aspectos.
Así, pues, por los senderos que has dibujado sucintamente hubo prevención en América Latina.
La prevención que hubo de la viruela en América, en lo que hoy en día se llama la América latina, lo que era la América hispana en aquella época, fue uno de los mayores avances en protección y prevención en medicina. La viruela prácticamente, las grandes epidemias, desaparecieron todas aunque no todo el mundo llegó a ser vacunado evidentemente. Este es, en todo caso, el primer ejemplo de la eficacia de una vacuna.
¿Quiénes desarrollaron las siguientes vacunas?
Las siguientes vacunas, una vez adquirido el concepto, fueron desarrolladas por alemanes y franceses. En Inglaterra siempre hubo esta arista que he señalado, esta reacción, eran reacios… y no sólo en Inglaterra, en el mundo anglosajón en general, en Estados Unidos en el siglo XX también. Muchos de estos grupos, digamos generosamente críticos, que aparecen en España tienen sus orígenes en movimientos anglosajones, en grupos similares de Estados Unidos e Inglaterra. Siempre han existido, va por épocas. En los años ochenta también hubo una gran oleada partidaria de no vacunarse. Más tarde, en el momento actual, también como es sabido.
El siguiente paso, como decía, fue la consolidación del concepto, de la idea de que inoculando los “productos” -en aquella época no se sabía su definición- a una persona se podía prevenir la aparición de una enfermedad. Luego se vio que realmente las bacterias o los virus se podían modificar de tal forma que se convierten en inocuos pero en cambio el organismo produce anticuerpos que te previenen de la infección. Todo esto fue sobre todo desarrollado en la segunda mitad del XIX una vez ya se conocía la existencia de microorganismos por Pasteur, por Koch, por Menchikov, por inmunólogos de la época. Pasteur no era inmunólogo pero desarrolló el suero contra la rabia, una serie de vacunas… Fue el gran momento creativo de vacunaciones.
Pero, ¿cuál es en realidad actualmente el concepto de vacuna?
Pues es tener un organismo, sea una bacteria, sea un virus, modificarlo, prácticamente en muchas ocasiones son muertos, no están vivos, lo que importa es que queden las proteínas, en muchas ocasiones unas proteínas propias del organismo que hacen que una vez inoculadas nuestro organismo produzca -un mecanismo natural totalmente-, nuestro organismo produzca anticuerpos que destruyan esas proteínas. Si tú tienes una infección por una bacteria, la difteria, el garrotillo que se llamaba, del cual morían los niños ahogados, esta bacteria la matas realmente, se pone a unas temperaturas determinadas… Si tú en tu organismo tienes un anticuerpo que es capaz de destruir una proteína de la bacteria, has matado a la bacteria.
Y éste es un mecanismo de defensa natural.
Efectivamente, éste es el mecanismo de defensa natural. O sea, cuando nosotros tenemos una enfermedad y no estamos vacunados, o nos morimos o producimos anticuerpos. El organismo produce inmediatamente, el sistema inmunitario más en concreto, los linfocitos, los ganglios linfáticos, muchos mecanismos, es bastante complejo el sistema, pero en seguida, ante un organismo extraño, sea un virus, sea una bacteria, con los parásitos la cosa es más complicada, se están produciendo anticuerpos, que son también proteínas que destruyen, que intentan destruir las proteínas de los virus o de las bacterias que te han infectado.
Con la vacunación lo que se hace es sencillamente no dar el organismo vivo sino dar parte de estas proteínas o el organismo muerto pero que tu organismo propio reaccione produciendo anticuerpos frente a aquel agente patógeno que ya es completamente inocuo porque, fundamentalmente, ya está muerto.
Eso ocurre con todas las vacunas .
Con todas ellas. El problema es que hay enfermedades que no hay manera de obtener vacunas. Las vacunas contra los virus es uno de los prototipos. Hay vacunas antivirales altamente eficaces, la fiebre amarilla por ejemplo. Yo me vacuno cada diez años contra la fiebre amarilla porque voy a zonas tropicales. La fiebre amarilla es gravísima ya que es mortal en gran parte de las ocasiones. Pero el virus de la fiebre amarilla es, lo que llamamos, un virus constante, un virus que lo miras ahora o lo miras entro de diez años y sigue teniendo la misma estructura.
Quien dice la fiebre amarilla dice la viruela. La viruela ha sido un gran éxito…
¿Por qué?
Porque es la primera enfermedad que se ha erradicado de este planeta. Desgraciadamente, estoy convencido de ello, siguen teniendo depósitos de ella los Estados Unidos, siguen teniendo depósitos los rusos; los británicos y los franceses se lo callan pero seguramente también los tienen cuando, por el contrario, la OMS había pedido para 2000 que se destruyesen todos los depósitos de viruela.
Seguimos por este sendero si te parece pero dejémoslo aquí hasta la próxima entrega Eduard.
Rebelión ha publicado este artículo a petición expresa del autor, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
Una conversación con Eduard Rodríguez Farré sobre vacunas, vacunación y salud pública
“Las vacunas son efectivas para prevenir las enfermedades infecciosas aunque no todas las enfermedades infecciosas pueden tener vacunas"
Salvador López Arnal
Rebelión
Miembro fundador del Comité Antinuclear de Catalunya (CANC) en 1977, Eduard Rodríguez Farré es médico especializado en toxicología y farmacología en Barcelona, en radiobiología en París y en neurobiología en Estocolmo. Ha dirigido durante muchos años el Departamento de Farmacología y Toxicología del CSIC en Barcelona. Como experto en toxicología ha asesorado al gobierno cubano en la epidemia de la neuropatía óptica, a la OMS en el síndrome del aceite tóxico y a la Unión Europea sobre la investigación en programas de salud pública y sobre la Encefalopatía Espongiforme Bovina. Actualmente es subdirector del Instituto de Investigación Biomédicas August Pi i Sunyer del CSIC (Barcelona). Socio fundador de la asociación Científicos por el Medio Ambiente (CiMA), Eduard Rodríguez Farré es coautor (autor principal para ser más preciso), junto este entrevistador, de Casi todo lo que usted desea saber sobre los efectos de la energía nuclear en la salud y el medio ambiente , El Viejo Topo, Barcelona, 2008 (con prólogo, presentación, epílogo y notas finales de Enric Tello, Joaquim Sempere, Joan Pallisé, Jorge Riechmann y Santiago Alba Rico).
Empecemos por cuestiones básicas, Eduard, si no te importa. ¿Qué es una vacuna? ¿Para qué son efectivas las vacunas?
Las vacunas son efectivas para prevenir las enfermedades infecciosas aunque no todas las enfermedades infecciosas pueden tener vacunas. Que lo tengan depende enormemente del tipo de microorganismos de que se trate. Sea como sea, hay que señalar, lo hago ya de entrada pensando en sus detractores que no son pocos y no están callados, que, fundamentalmente, gracias a las vacunas se han eliminado una serie de enfermedades infecciosas que eran gravísimas hasta hace pocos años.
Por ejemplo…
Un médico actual, un médico joven, no ha visto morir a la gente de difteria, ni de tosferina, ni de fiebres de Malta, ni de toda una serie de afecciones que era muy corrientes en los años cincuenta o sesenta. Además, hay que insistir, lo único que ha permitido eliminar totalmente una enfermedad que causaba alta mortalidad en el planeta, estoy hablando de la viruela, ha sido la vacunación. De hecho, la palabra “vacuna” proviene del término viruela.
Hablamos de la viruela un poco más tarde si te parece. ¿Quién y cómo se obtuvo la primera vacuna?
La primera vacuna que se obtuvo por Edward Jenner en Inglaterra, a finales del XVIII, principios del XIX, es realmente la viruela que padecen las vacas. A partir de las pústulas que había en las vacas, Jenner observó que los vaqueros que las ordeñaban no tenían nunca viruela cuando había epidemias de viruela. Conviene decir y recordar que las epidemias de viruela mataban millones de personas al año en todo el mundo y hasta no hace tantos años, hasta los años cuarenta o cincuenta del pasado siglo XX, todavía había brotes de viruela en los países que no estaban vacunados como en muchos países de África y en muchos lugares de Asia.
¿Y qué tipo de teoría estaba detrás de la hipótesis de Jenner?
La observación de Jenner es una observación empírica, no había concepto de virus ni de bacteria en su época. Es una observación clínica: ve que las personas, los campesinos y ganaderos que ordeñan las vacas, que presentan pústulas parecidas a las de la viruela, por eso se llama vacuna, de vacuno, nunca padecen la enfermedad. Y entonces se le ocurrió, sin gran fundamento teórico detrás, que acaso inoculando líquido de las póstulas de las vacas a las personas podría llegarse a protegerlas como pasaba con los vaqueros. De hecho, así fue, tal como él pensaba.
º Existe, de todas formas, también una antiguo precedente. Siempre nos fijamos en nuestra medicina, en la medicina occidental, por decirlo rápido y mal, pero en la medicina china era también conocido, desde probablemente hace más de mil quinientos años…
Hablas del siglo V o VI.
Sí, efectivamente, hablo de esa época. Era conocido, decía, que las costras de las póstulas de la viruela de las personas que la padecían o morían de ella, si se inoculaban en la nariz de los niños, fundamentalmente, también protegía de la viruela. Ese era uno de los sistemas clásicos. Pero, desgraciadamente, como sabes, el conocimiento de la historia china sigue siendo realmente muy débil entre nosotros. Los sinólogos no son muy abundantes entre nosotros. La inversa no es cierta.
De acuerdo, de acuerdo, la inversa no es cierta: el interés de la ciudadanía china por nuestros desarrollos científicos es incomparablemente mayor. Vuelvo al tema. Este, el que has descrito, sería el concepto originario.
Efectivamente. Lo increíble es que la primera arma eficaz contra una enfermedad, un procedimiento científico que ha permitido eliminarla, haya tardado unos dos siglos en conseguirlo. ¿Por qué?
¿Por qué, te pregunto?
Porque de entrada fue controvertida la cuestión y, precisamente, en el lugar donde nace el concepto de vacunación es el lugar donde nace la oposición a la vacunación en el siglo XIX . Las revistas inglesas de la época, Punch por ejemplo, estaban llenas de dibujos satíricos contra la vacunación de Jenner. En algunos de ellos, se ve a personas a que les salen los cuernos de las vacas.
Sin embargo, curiosamente, y el tema es poco conocido, uno de los grupos que vieron rápidamente su efectividad y que fueron grandes diseminadores de la vacunación fueron los científicos españoles de aquella época. Aunque normalmente se considera la ciencia española que no existe para muchas personas, realmente no es así. Nature precisamente, hace pocos meses, usaba la expresión “época de plata de la ciencia española” para referirse a la época de la Ilustración española, la segunda mitad del siglo XVIII y principios del XIX hasta la ocupación napoleónica a partir de la cual todo nuestro país, permíteme la expresión, se fue al carajo. En esa época sucedió algo que, en mi opinión, debería explicarse en colegios e institutos, e incluso en centros universitarios, la expedición de Balmis.
¿En que consistió?
Fue a principios del siglo XIX. No puedo precisar la fecha. Acaso 1803, 1804. Fueron varias naves, era la época de Godoy, del tan criticado Godoy… En aquellos años, existía en nuestro país todo un cuerpo de médicos ilustrados que aceptaron inmediatamente el criterio de la vacunación: aquellas personas que se les inoculaba las póstulas de la viruela de las vacas -era, insisto, una observación empírica-, cuando acaecía una epidemia de viruela no la padecían. Ese grupo de médicos ilustrados organizaron una expedición para llevar a América, y a todas las posesiones españolas de aquella época, llegaron hasta Filipinas, la vacunación.
¿Y cómo lo hicieron?
En varios barcos pusieron niños... Hoy en día esto sería muy mal visto, muy mal considerado claro está, pero en aquella época se había visto que a los niños a los que se les inoculaba la vacuna no les pasaba nada, pasaban un poco fiebre pero nada más. Pero para poder mantener las póstulas de la viruela lo que hacían era inocular la vacuna a un niño; éste tenía una erupción pequeña durante unos días y se le pasaba. De un niño se le pasaba a otro y de estos niños, con la forma de la enfermedad muy atenuada que determina la inoculación de la vacuna de la viruela, llegaba a América en estos niños y allí se iba vacunando a toda la gente.
¿Y no se negaron, no rechazaron algunas personas esta, entonces, nueva terapia?
Sí, sí, hubo gente que se negó, es cierto. Pero fijémonos bien en una cosa que es realmente, si se quiere, el empirismo que al fin y al cabo era una perspectiva que predominaba en la cuestión de la vacunación y que en Medicina, en mi opinión, siempre es importante… En Medicina las teorías, la excesiva teorización siempre ha sido nefasta, muy nefasta. El empirismo ha sido lo que ha hecho progresar realmente la medicina desde Hipócrates hasta hoy en día.
El tan denostado empirismo como progreso científico en el ámbito de la medicina… Pero hablábamos, Eduard, de las reacciones de la ciudadanía americana..
Exacto, exacto. Hubo gente, como decía, muy reacia también a ser vacunada sobre todo por influencia anglosajona . Nunca he entendido bien por qué los anglosajones estuvieron en contra la vacuna. También fue allí donde nacieron todos esos conceptos y movimientos en contra de la experimentación con animales. El antiviseccionismo ha sido una flor completamente anglosajona desde el siglo XIX mientras que, en cambio, matar a la gente no les preocupaba en exceso pero, por el contrario, matar a un animal de experimentación sí. No me extiendo sobre este punto.
Dejémoslo para otra ocasión si te parece.
En América, una de las cosas curiosas que allí sucedió y que cualquiera que consulte una hemeroteca podrá comprobarlo, en los periódicos de la Habana, por ejemplo, de mitad del siglo XIX, se puede leer la noticia de que ha llegado al puerto el barco tal, que probablemente era un barco del Marqués de Comillas, de Antonio López, fletado con el dinero de los hermanos Girona, de Manuel Girona y Sergi Girona. Con ese dinero fletaban los barcos que hacían este comercio triangular Barcelona, Guinea (la llamada Guinea Ecuatorial española) y Cuba…
Comercio triangular... ¿Por qué esos tres vértices?
Como estaba prohibido el tráfico de esclavos lo que hacían era salir de aquí, de España, de Barcelona, de donde fueran con telas, tejidos, o con máquinas, lo vendían en el camino, cargaban esclavos ilegalmente en Fernando Poo y de allí se iba a Cuba. De Cuba volvían con azúcar o con lo que fuese.
Cuando llegaban a La Habana salían en los diarios: “diario de avisos y noticias: ha llegado el buque tal con cincuenta esclavos del tipo que sea”. Los esclavos de catalogaban, no soy insensible pero la realidad era esa: si era un esclavo fuerte para trabajar; si era un esclavo que llamaban de pajes, para llevar coches o para lucir; o bien si eran esclavas guapas para satisfacer deseos. Lo que era interesante era poder anunciar: “Se venden treinta esclavos, todos ellos vacunados”. Y estos tenían mejor precio, eran más caros.
Es decir, todo el mundo tenía claro.. Lo explico mejor: el señor que compra un esclavo hace una inversión. Hay que olvidarse de la imagen de la cabaña del tío Tom. Es evidente que había brutalidades pero la mayor parte de la gente que tenía un esclavo era un capitalista, y el capitalista no mal barata el capital que ha invertido. Y un esclavo era caro. Los esclavos vacunados se cotizaban mucho más que los esclavos sin vacunar y a aquéllos los vacunaban en el viaje de África a Cuba. Quien dice esto dice de todos los otros aspectos.
Así, pues, por los senderos que has dibujado sucintamente hubo prevención en América Latina.
La prevención que hubo de la viruela en América, en lo que hoy en día se llama la América latina, lo que era la América hispana en aquella época, fue uno de los mayores avances en protección y prevención en medicina. La viruela prácticamente, las grandes epidemias, desaparecieron todas aunque no todo el mundo llegó a ser vacunado evidentemente. Este es, en todo caso, el primer ejemplo de la eficacia de una vacuna.
¿Quiénes desarrollaron las siguientes vacunas?
Las siguientes vacunas, una vez adquirido el concepto, fueron desarrolladas por alemanes y franceses. En Inglaterra siempre hubo esta arista que he señalado, esta reacción, eran reacios… y no sólo en Inglaterra, en el mundo anglosajón en general, en Estados Unidos en el siglo XX también. Muchos de estos grupos, digamos generosamente críticos, que aparecen en España tienen sus orígenes en movimientos anglosajones, en grupos similares de Estados Unidos e Inglaterra. Siempre han existido, va por épocas. En los años ochenta también hubo una gran oleada partidaria de no vacunarse. Más tarde, en el momento actual, también como es sabido.
El siguiente paso, como decía, fue la consolidación del concepto, de la idea de que inoculando los “productos” -en aquella época no se sabía su definición- a una persona se podía prevenir la aparición de una enfermedad. Luego se vio que realmente las bacterias o los virus se podían modificar de tal forma que se convierten en inocuos pero en cambio el organismo produce anticuerpos que te previenen de la infección. Todo esto fue sobre todo desarrollado en la segunda mitad del XIX una vez ya se conocía la existencia de microorganismos por Pasteur, por Koch, por Menchikov, por inmunólogos de la época. Pasteur no era inmunólogo pero desarrolló el suero contra la rabia, una serie de vacunas… Fue el gran momento creativo de vacunaciones.
Pero, ¿cuál es en realidad actualmente el concepto de vacuna?
Pues es tener un organismo, sea una bacteria, sea un virus, modificarlo, prácticamente en muchas ocasiones son muertos, no están vivos, lo que importa es que queden las proteínas, en muchas ocasiones unas proteínas propias del organismo que hacen que una vez inoculadas nuestro organismo produzca -un mecanismo natural totalmente-, nuestro organismo produzca anticuerpos que destruyan esas proteínas. Si tú tienes una infección por una bacteria, la difteria, el garrotillo que se llamaba, del cual morían los niños ahogados, esta bacteria la matas realmente, se pone a unas temperaturas determinadas… Si tú en tu organismo tienes un anticuerpo que es capaz de destruir una proteína de la bacteria, has matado a la bacteria.
Y éste es un mecanismo de defensa natural.
Efectivamente, éste es el mecanismo de defensa natural. O sea, cuando nosotros tenemos una enfermedad y no estamos vacunados, o nos morimos o producimos anticuerpos. El organismo produce inmediatamente, el sistema inmunitario más en concreto, los linfocitos, los ganglios linfáticos, muchos mecanismos, es bastante complejo el sistema, pero en seguida, ante un organismo extraño, sea un virus, sea una bacteria, con los parásitos la cosa es más complicada, se están produciendo anticuerpos, que son también proteínas que destruyen, que intentan destruir las proteínas de los virus o de las bacterias que te han infectado.
Con la vacunación lo que se hace es sencillamente no dar el organismo vivo sino dar parte de estas proteínas o el organismo muerto pero que tu organismo propio reaccione produciendo anticuerpos frente a aquel agente patógeno que ya es completamente inocuo porque, fundamentalmente, ya está muerto.
Eso ocurre con todas las vacunas .
Con todas ellas. El problema es que hay enfermedades que no hay manera de obtener vacunas. Las vacunas contra los virus es uno de los prototipos. Hay vacunas antivirales altamente eficaces, la fiebre amarilla por ejemplo. Yo me vacuno cada diez años contra la fiebre amarilla porque voy a zonas tropicales. La fiebre amarilla es gravísima ya que es mortal en gran parte de las ocasiones. Pero el virus de la fiebre amarilla es, lo que llamamos, un virus constante, un virus que lo miras ahora o lo miras entro de diez años y sigue teniendo la misma estructura.
Quien dice la fiebre amarilla dice la viruela. La viruela ha sido un gran éxito…
¿Por qué?
Porque es la primera enfermedad que se ha erradicado de este planeta. Desgraciadamente, estoy convencido de ello, siguen teniendo depósitos de ella los Estados Unidos, siguen teniendo depósitos los rusos; los británicos y los franceses se lo callan pero seguramente también los tienen cuando, por el contrario, la OMS había pedido para 2000 que se destruyesen todos los depósitos de viruela.
Seguimos por este sendero si te parece pero dejémoslo aquí hasta la próxima entrega Eduard.
Rebelión ha publicado este artículo a petición expresa del autor, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
viernes 22 de enero de 2010
Un hongo crece emulando el mapa de trenes de Tokio
Noticia aparecida hoy en Público
Un hongo crece emulando el mapa de trenes de Tokio
Los científicos proponen copiar al moho para mejorar las redes de comunicación
Vota
NUÑO DOMÍNGUEZ - MADRID - 22/01/2010 08:00
Barack Obama quiere inspirarse en España para crear un tren de alta velocidad similar al AVE en EEUU. También podría tener en cuenta al Physarum polycephalum, un hongo unicelular capaz de dibujar conexiones ferroviarias como las que diseñan los ingenieros, según el último número de la revista Science.
Así lo ha demostrado un grupo de investigadores japoneses, que ha utilizado este hongo que lanza tentáculos hacia la comida para reproducir al detalle el sistema ferroviario de Tokio. Señalan que el organismo es un portento de eficiencia y recursos bien aprovechados y han creado un programa informático que imita su comportamiento. Podría servir para mejorar redes físicas, como el sistema ferroviario, o intangibles, como Internet.
Los investigadores dejaron 36 copos de avena sobre una superficie húmeda. Cada una representaba una parada en torno a Tokio. Después depositaron sobre la superficie al P. polycephalum, también conocido como hongo de muchas cabezas, en la parada correspondiente a la capital japonesa.
Varios núcleos
El organismo está compuesto por una sola célula con varios núcleos y crece sin parar mientras tenga comida. Cuando esta es abundante, avanza de forma uniforme, pero cuando escasea el sustento, acaba uniendo cada punto con una red de venas interconectadas que siempre buscan la distancia más corta y que aprovecha mejor los recursos. En unas 26 horas, el hongo trazó una red muy similar a la real, aunque lo hizo con un coste comparable menor, destacan los investigadores. "Estas redes biológicas han estado sometidas a oleadas de selección natural y seguramente hayan alcanzado un punto en el que el coste, la eficiencia y la resistencia están bien equilibrados", detallan. Los investigadores imitaron incluso las elevaciones del terreno y el contorno de la costa situando puntos de luz, ya que el hongo crece más rápido en la oscuridad que en zonas bien iluminadas.
Después crearon un programa informático que reproduce el comportamiento del hongo en su búsqueda del camino más corto y eficiente en diferentes situaciones. Dicen que este tipo de herramientas basadas en la naturaleza serían capaces de trazar redes adaptables que pueden llegar a ser más eficientes que las actuales.
Un hongo crece emulando el mapa de trenes de Tokio
Los científicos proponen copiar al moho para mejorar las redes de comunicación
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NUÑO DOMÍNGUEZ - MADRID - 22/01/2010 08:00
Barack Obama quiere inspirarse en España para crear un tren de alta velocidad similar al AVE en EEUU. También podría tener en cuenta al Physarum polycephalum, un hongo unicelular capaz de dibujar conexiones ferroviarias como las que diseñan los ingenieros, según el último número de la revista Science.
Así lo ha demostrado un grupo de investigadores japoneses, que ha utilizado este hongo que lanza tentáculos hacia la comida para reproducir al detalle el sistema ferroviario de Tokio. Señalan que el organismo es un portento de eficiencia y recursos bien aprovechados y han creado un programa informático que imita su comportamiento. Podría servir para mejorar redes físicas, como el sistema ferroviario, o intangibles, como Internet.
Los investigadores dejaron 36 copos de avena sobre una superficie húmeda. Cada una representaba una parada en torno a Tokio. Después depositaron sobre la superficie al P. polycephalum, también conocido como hongo de muchas cabezas, en la parada correspondiente a la capital japonesa.
Varios núcleos
El organismo está compuesto por una sola célula con varios núcleos y crece sin parar mientras tenga comida. Cuando esta es abundante, avanza de forma uniforme, pero cuando escasea el sustento, acaba uniendo cada punto con una red de venas interconectadas que siempre buscan la distancia más corta y que aprovecha mejor los recursos. En unas 26 horas, el hongo trazó una red muy similar a la real, aunque lo hizo con un coste comparable menor, destacan los investigadores. "Estas redes biológicas han estado sometidas a oleadas de selección natural y seguramente hayan alcanzado un punto en el que el coste, la eficiencia y la resistencia están bien equilibrados", detallan. Los investigadores imitaron incluso las elevaciones del terreno y el contorno de la costa situando puntos de luz, ya que el hongo crece más rápido en la oscuridad que en zonas bien iluminadas.
Después crearon un programa informático que reproduce el comportamiento del hongo en su búsqueda del camino más corto y eficiente en diferentes situaciones. Dicen que este tipo de herramientas basadas en la naturaleza serían capaces de trazar redes adaptables que pueden llegar a ser más eficientes que las actuales.
lunes 11 de enero de 2010
A ciencia do ano 2020
A revista Nature fai este ano unha predicción do que será a ciencia no 2020. Pronostican que as bacterias curarán moitas enfermidades. Ahí vai o artigo:
02. Microbioma: La próxima frontera
A pesar del avance vertiginoso de la investigación biomédica, el cuerpo humano es aún un abismo lleno de secretos. Uno de ellos es el microbioma, una comunidad con billones de microbios y bacterias que viven en el cuerpo y le ayudan a extraer la energía de los alimentos o fortalecer el sistema inmune frente al ataque de otros microbios y virus que se cuelan sin invitación. La interacción de esta comunidad con las células, a quienes superan diez veces en número, pueden ser claves para explicar las causas de la salud y la enfermedad, señala David Relman, responsable de enfermedades infecciosas del Sistema de Salud de Veteranos de Palo Alto, California. Muchas enfermedades como la diabetes o la obesidad están relacionadas con problemas de la flora bacteriana en el sistema digestivo, recuerda Robert Holt, biólogo de la Universidad de Florida. Especula que en 2020 los médicos podría analizar el metabolismo de las bacterias de un paciente y modificarla para mejorar su estado, un ejemplo de medicina personalizada. Antes habrá que identificar y estudiar a muchos microbios apenas conocidos. Grandes centros de investigación de Europa, EEUU, Canadá, Australia y China han creado un consorcio internacional para secuenciar el microbioma humano y determinar sus funciones.
02. Microbioma: La próxima frontera
A pesar del avance vertiginoso de la investigación biomédica, el cuerpo humano es aún un abismo lleno de secretos. Uno de ellos es el microbioma, una comunidad con billones de microbios y bacterias que viven en el cuerpo y le ayudan a extraer la energía de los alimentos o fortalecer el sistema inmune frente al ataque de otros microbios y virus que se cuelan sin invitación. La interacción de esta comunidad con las células, a quienes superan diez veces en número, pueden ser claves para explicar las causas de la salud y la enfermedad, señala David Relman, responsable de enfermedades infecciosas del Sistema de Salud de Veteranos de Palo Alto, California. Muchas enfermedades como la diabetes o la obesidad están relacionadas con problemas de la flora bacteriana en el sistema digestivo, recuerda Robert Holt, biólogo de la Universidad de Florida. Especula que en 2020 los médicos podría analizar el metabolismo de las bacterias de un paciente y modificarla para mejorar su estado, un ejemplo de medicina personalizada. Antes habrá que identificar y estudiar a muchos microbios apenas conocidos. Grandes centros de investigación de Europa, EEUU, Canadá, Australia y China han creado un consorcio internacional para secuenciar el microbioma humano y determinar sus funciones.
jueves 17 de diciembre de 2009
Scientific Peer Review, ca. 1945
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Esto pasa a menudo na ciencia (para os que leades inglés)
miércoles 16 de diciembre de 2009
Amparo Latorre, genetista
El genoma más pequeño
Investigadores españoles secuencian el genoma más pequeño de un organismo capaz de dar soporte a la vida celular
Es el de la bacteria 'Buchnera aphidicola", que se encuentra en el pulgón del cedro 'Cinara cedri'


Bacteriocitos en cuyo interior se encuentra la bacteria Carsonella, investigación llevada a cabo en Arizona por científicos norteamericanos
El pulgón del cendro en el que se encuentra la bacteria Buchnera aphidicola
Europa Press / Ideal
12 octubre 2006 - Investigadores españoles del Instituto Cavanilles de Biodiversidad y Biología Evolutiva de la Universidad de Valencia han conseguido secuenciar el conjunto de genes más pequeño que se conoce capaz de dar soporte a la vida celular, el de la bacteria 'Buchnera aphidicola'. La investigación, que muestra el proceso evolutivo de este organismo que podría dirigirse a una extinción natural, se publica esta semana en la revista 'Science'.
Genoma de la bacteria Buchnera aphidicola
.
Según explicó a Europa Press Amparo Latorre, directora de la investigación, lo más novedoso del estudio es la posibilidad de poder observar un proceso evolutivo en marcha. El genoma secuenciado por los investigadores españoles es un genoma mínimo que puede aportar ideas al intento de construir una célula "mínima".
La investigación, que forma parte de la tesis doctoral de Vicente Pérez Brocal, muestra que la evolución del genoma ha llevado al organismo a perder genes esenciales para su relación de simbiosis con el huésped en el que se aloja, el pulgón del cedro 'Cinara cedri', y que esto puede llevarle a la extinción ya que otros organismos cohabitantes están asumiendo sus funciones.
La relación entre el pulgón 'Cinara cedri' y la bacteria 'Buchnera aphidicola' se inició hace aproximadamente 200 millones de años. En esta relación de simbiosis, un fenómeno biológico muy común en el que las especies se asocian para cooperar y repartir recursos, el pulgón suministra a la bacteria un ambiente estable y, a su vez, la bacteria le suministra nutrientes básicos que éste no puede tomar de su dieta, principalmente aminoácidos esenciales.
Competencia entre bacterias
El pulgón del cedro 'Cinara cedri' contiene, además de 'Buchnera', el endosimbionte primario, un segundo tipo de bacteria simbionte del género 'Serratia'. Comparado con otros genomas secuenciados del género Buchnera, el de 'B. aphidicola BCc' es el más pequeño en longitud y el que contiene menos genes: sólo 362, unos 200 menos que las otras 'Buchneras' y representa el conjunto más pequeño que se conoce capaz de dar soporte a la vida celular.
"El análisis de los genes perdidos nos ha deparado muchas sorpresas, pero quizá la más relevante es que esta bacteria ya no puede sintetizar el aminoácido triptófano, por lo que ya no se lo puede suministrar al pulgón. Es por ello que decimos que está perdiendo su papel en la simbiosis", explica Latorre.
Los investigadores piensan que la segunda bacteria, 'Serratia' está suministrando el triptófano y posiblemente otros metabolitos perdidos en 'Buchnera' no sólo al pulgón, sino a la propia 'Buchnera'. Los análisis evolutivos que los científicos españoles han hecho de los genes que aún se conservan indican que éstos están evolucionando muy rápidamente acumulando muchas mutaciones. "El destino final de 'Buchnera' podría ser la extinción y el reemplazamiento por la otra bacteria", concluye Latorre.
Uno de los principales objetivos que se plantean los investigadores españoles es determinar el genoma de 'Serratia', para ver si, efectivamente esta bacteria está reemplazando a 'Buchnera' o, por el contrario también ha perdida alguna función esencial. En este caso se trataría de un ejemplo de complementación, ya que las dos bacterias se necesitarían para sobrevivir y para cumplir su papel en la simbiosis.
Un objetivo global del grupo de investigadores es tratar de comprender por qué cuando una bacteria de vida libre entra en otro organismo, en este caso un insecto, el resultado final es que se convierta en un parásito, con efectos claramente negativos sobre el hospedador, o en un simbionte, con un efecto beneficioso.
El caso de 'B. aphidicola BCc' es el de una simbiosis en un proceso extremo de reducción. Los científicos se encuentran también estudiando el genoma de un simbionte que ha entrado recientemente en un insecto y que presenta un genoma aún no reducido.
Junto a la investigación de los españoles, la revista 'Science' publica otro estudio dirigido por la Universidad de Arizona en Tucson (Estados Unidos) en el que los investigadores describen la secuencia de otra de estas bacterias simbiontes que viven dentro de otros organismos: la 'Carsonella ruddii'.
El genoma de 'Carsonella ruddii', que vive en insectos que se alimentan de savia, es de unos 160 kilobases de largo. En el genoma de 'Carsonella', que posee muchos genes que se solapan y algo de basura de ADN, faltan muchos genes considerados esenciales para la vida. Los resultados de su análisis genómico sugieren que la bacteria 'Carsonella' podría estar perdiendo su estatus de organismo real y estar convirtiéndose en un componente más de la célula del huésped.
La investigación española ha sido llevada a cabo en el Instituto Cavanilles de Biodiversidad y Biología Evolutiva de la Universitat de València, dirigida por la profesora de genética Amparo Latorre y forma parte de la tesis doctoral de Vicente Pérez-Brocal (becario de investigación). El estudio ha sido codirigida por la doctora Rosario Gil (investigadora del programa Ramón y Cajal) y en él han colaborado José Manuel Michelena (profesor de entomología), Francisco J. Silva (profesor de Genética) Andrés Moya (catedrático de Genética y director del Instituto Cavanilles), Araceli Lamelas (Becaria de Investigación), Marina Postigo (técnico de investigación del Centro de Astrobiología) y Silvia Ramos (técnico de investigación del Instituto Cavanilles). El trabajo ha contado con el apoyo del Servicio de Secuenciación de la Universitat de Valéncia.
Investigadores españoles secuencian el genoma más pequeño de un organismo capaz de dar soporte a la vida celular
Es el de la bacteria 'Buchnera aphidicola", que se encuentra en el pulgón del cedro 'Cinara cedri'


Bacteriocitos en cuyo interior se encuentra la bacteria Carsonella, investigación llevada a cabo en Arizona por científicos norteamericanos
El pulgón del cendro en el que se encuentra la bacteria Buchnera aphidicola
Europa Press / Ideal
12 octubre 2006 - Investigadores españoles del Instituto Cavanilles de Biodiversidad y Biología Evolutiva de la Universidad de Valencia han conseguido secuenciar el conjunto de genes más pequeño que se conoce capaz de dar soporte a la vida celular, el de la bacteria 'Buchnera aphidicola'. La investigación, que muestra el proceso evolutivo de este organismo que podría dirigirse a una extinción natural, se publica esta semana en la revista 'Science'.
Genoma de la bacteria Buchnera aphidicola.
Según explicó a Europa Press Amparo Latorre, directora de la investigación, lo más novedoso del estudio es la posibilidad de poder observar un proceso evolutivo en marcha. El genoma secuenciado por los investigadores españoles es un genoma mínimo que puede aportar ideas al intento de construir una célula "mínima".
La investigación, que forma parte de la tesis doctoral de Vicente Pérez Brocal, muestra que la evolución del genoma ha llevado al organismo a perder genes esenciales para su relación de simbiosis con el huésped en el que se aloja, el pulgón del cedro 'Cinara cedri', y que esto puede llevarle a la extinción ya que otros organismos cohabitantes están asumiendo sus funciones.
La relación entre el pulgón 'Cinara cedri' y la bacteria 'Buchnera aphidicola' se inició hace aproximadamente 200 millones de años. En esta relación de simbiosis, un fenómeno biológico muy común en el que las especies se asocian para cooperar y repartir recursos, el pulgón suministra a la bacteria un ambiente estable y, a su vez, la bacteria le suministra nutrientes básicos que éste no puede tomar de su dieta, principalmente aminoácidos esenciales.
Competencia entre bacterias
El pulgón del cedro 'Cinara cedri' contiene, además de 'Buchnera', el endosimbionte primario, un segundo tipo de bacteria simbionte del género 'Serratia'. Comparado con otros genomas secuenciados del género Buchnera, el de 'B. aphidicola BCc' es el más pequeño en longitud y el que contiene menos genes: sólo 362, unos 200 menos que las otras 'Buchneras' y representa el conjunto más pequeño que se conoce capaz de dar soporte a la vida celular.
"El análisis de los genes perdidos nos ha deparado muchas sorpresas, pero quizá la más relevante es que esta bacteria ya no puede sintetizar el aminoácido triptófano, por lo que ya no se lo puede suministrar al pulgón. Es por ello que decimos que está perdiendo su papel en la simbiosis", explica Latorre.
Los investigadores piensan que la segunda bacteria, 'Serratia' está suministrando el triptófano y posiblemente otros metabolitos perdidos en 'Buchnera' no sólo al pulgón, sino a la propia 'Buchnera'. Los análisis evolutivos que los científicos españoles han hecho de los genes que aún se conservan indican que éstos están evolucionando muy rápidamente acumulando muchas mutaciones. "El destino final de 'Buchnera' podría ser la extinción y el reemplazamiento por la otra bacteria", concluye Latorre.
Uno de los principales objetivos que se plantean los investigadores españoles es determinar el genoma de 'Serratia', para ver si, efectivamente esta bacteria está reemplazando a 'Buchnera' o, por el contrario también ha perdida alguna función esencial. En este caso se trataría de un ejemplo de complementación, ya que las dos bacterias se necesitarían para sobrevivir y para cumplir su papel en la simbiosis.
Un objetivo global del grupo de investigadores es tratar de comprender por qué cuando una bacteria de vida libre entra en otro organismo, en este caso un insecto, el resultado final es que se convierta en un parásito, con efectos claramente negativos sobre el hospedador, o en un simbionte, con un efecto beneficioso.
El caso de 'B. aphidicola BCc' es el de una simbiosis en un proceso extremo de reducción. Los científicos se encuentran también estudiando el genoma de un simbionte que ha entrado recientemente en un insecto y que presenta un genoma aún no reducido.
Junto a la investigación de los españoles, la revista 'Science' publica otro estudio dirigido por la Universidad de Arizona en Tucson (Estados Unidos) en el que los investigadores describen la secuencia de otra de estas bacterias simbiontes que viven dentro de otros organismos: la 'Carsonella ruddii'.
El genoma de 'Carsonella ruddii', que vive en insectos que se alimentan de savia, es de unos 160 kilobases de largo. En el genoma de 'Carsonella', que posee muchos genes que se solapan y algo de basura de ADN, faltan muchos genes considerados esenciales para la vida. Los resultados de su análisis genómico sugieren que la bacteria 'Carsonella' podría estar perdiendo su estatus de organismo real y estar convirtiéndose en un componente más de la célula del huésped.
La investigación española ha sido llevada a cabo en el Instituto Cavanilles de Biodiversidad y Biología Evolutiva de la Universitat de València, dirigida por la profesora de genética Amparo Latorre y forma parte de la tesis doctoral de Vicente Pérez-Brocal (becario de investigación). El estudio ha sido codirigida por la doctora Rosario Gil (investigadora del programa Ramón y Cajal) y en él han colaborado José Manuel Michelena (profesor de entomología), Francisco J. Silva (profesor de Genética) Andrés Moya (catedrático de Genética y director del Instituto Cavanilles), Araceli Lamelas (Becaria de Investigación), Marina Postigo (técnico de investigación del Centro de Astrobiología) y Silvia Ramos (técnico de investigación del Instituto Cavanilles). El trabajo ha contado con el apoyo del Servicio de Secuenciación de la Universitat de Valéncia.
domingo 13 de diciembre de 2009
Las armas secretas de Mussolini en España
Publicado en El País
FRAGMENTO LITERARIO: LECTURA Veleni di Stato (Venenos de Estado) - Gianluca de Feo
Las armas secretas de Mussolini en España
La investigación de un periodista italiano da cuenta de que el fascismo desarrolló un letal y ambicioso programa de armas cargadas con virus y que lo ensayó contra los republicanos
MIGUEL MORA 13/12/2009
El libro se titula Veleni di Stato (Venenos de Estado), ha sido escrito por el periodista Gianluca de Feo, redactor jefe de la revista italiana L'Espresso, y reconstruye una historia terrible y sistemáticamente silenciada por varias generaciones de políticos, historiadores y militares de las grandes potencias. Entre 1935 y 1945, el laboratorio microbiológico de Celio, situado en un sótano de apariencia inocente a dos pasos del Coliseo, experimentó y produjo a gran escala armas químicas y bacteriológicas de efectos letales. De Feo revela que Benito Mussolini puso en marcha un plan genocida y planeó construir 46 plantas químicas y destilar 30.000 toneladas de gas anuales.
Cotejando decenas de documentos inéditos depositados en el National Archive de Londres -informes de inteligencia, papeles diplomáticos, actas de reuniones de gobierno, intervenciones privadas de Winston Churchill-, el periodista ha calculado que el régimen fascista produjo entre 12.500 y 23.500 toneladas de gas letal cada año durante la II Guerra Mundial.
Venenos de Estado aporta los primeros rastros documentales y testimonios que prueban que el régimen fascista (1922-1942) experimentó y produjo además armas todavía más infames y monstruosas: bacteriológicas. Virus y bacterias transformadas en bombas. Un grupo selecto de científicos, guiado por un veterinario llamado Morselli y apodado El Doctor Germen, incubó decenas de virus raros y de eficacia altísima en el laboratorio militar romano. Un horror concebido con una única misión, explica De Feo: "Diezmar las poblaciones de las ciudades enemigas con pestilencias de todo tipo, ántrax, tifus, peste amarilla, aviaria y otras enfermedades que todavía hoy siguen en el centro de los secretos inconfesables de las grandes potencias".
En sus declaraciones a un grupo de médicos y policías aliados, llegados a Roma en 1944 para intentar conocer los planes finales de Adolf Hitler, Morselli ofrece la lista de los virus y patógenos en los que se había concentrado el laboratorio secreto del Duce: la peste bubónica ("muy letal y aplicable por nebulizador, ratas y pájaros"), la brucelosis humana ("no mortal, pero fácilmente transmisible por los animales ovinos y bovinos"), el bacilo de Whitmore ("elevada virulencia, fácil de cultivar, altísima mortalidad humana"), y varias formas de ultravirus "difíciles de producir en gran cantidad, como la fiebre de los papagallos, el afta epizoótica, o el tifus, que es posible esparcir a través de parásitos lanzándolo con aviones o difundiéndolo con saboteadores".
Entre los documentos hallados por De Feo, hay uno muy novedoso que se refiere a España. Se trata de un escrito a máquina fechado el 3 de agosto de 1944, y muestra de que Mussolini no se conformó con hacer experimentos teóricos, ni con mandar 50.000 soldados en apoyo de Franco junto a cientos de aviones, ametralladoras y morteros, sino que probó sus armas bacteriológicas en la Guerra Civil.
El secreto fue revelado por un célebre médico y científico, Ugo Cassinis, a un pequeño grupo de investigadores estadounidenses enviado a Italia para interrogar a los italianos que colaboraron con el Reich alemán en la invención de las armas finales de Hitler.
En su casa de Roma, Cassinis, máximo responsable del Hospital Militar de Celio y de los laboratorios secretos de Mussolini entre 1939 y 1942, confiesa que el Ejército italiano había llevado a cabo ese ambicioso y macabro programa de armas químicas y bacteriológicas y que había lanzado esporas del virus del tétano contra la población republicana.
En su declaración, el profesor no facilitó detalles ni indicaciones precisas de lugar o fecha. Su mención señala que las bacterias se "extendieron sobre el terreno para intentar contagiar el tétano al enemigo", y añade que cree que "los resultados no fueron alentadores -encouraging-, pero admite que no tuvo "un conocimiento definitivo" sobre eso. Además, afirma que las tropas italianas habían sido "inmunizadas contra el tétano".
Aparte de citar el bacilo utilizado, Cassinis aportó otros datos. Habló de "esporas mezcladas con glass particle, partículas de cristal: un método utilizado todavía hoy, señala De Feo, "para alargar la vida de gérmenes y vacunas, que es la aproximación ideal para construir una bomba bacteriológica experimental".
El testimonio de Cassinis confirmaría el único acto de guerra bacteriológica registrado nunca en Europa, y sumaría puntos tanto a la barbarie insaciable de Mussolini como al carácter de laboratorio y campo de pruebas del conflicto bélico español.
El coronel Morselli negó con rotundidad ante los aliados que hubieran usado el tétano y definió las afirmaciones de Cassinis como "ridículas". Tenía sus razones, explica De Feo: "El Doctor Germen no era ningún ingenuo; se había adherido a la República de Saló y era prisionero de los aliados. Sabía perfectamente que las armas bacteriológicas estaban vetadas por las convenciones internacionales: experimentar con ellas no era un crimen, usarlas para contaminar a los españoles, sí: un motivo más para mentir".
Diversos historiadores italianos y españoles consultados por este diario coinciden en dar verosimilitud tanto al documento inédito como al contexto y la interpretación que traza Gianluca De Feo. "Sería una novedad absoluta, pero no me extrañaría nada que fuese verdad", afirma Lucio Ceva, historiador de la Universidad de Pavía. "Los fascistas eran capaces de cualquier aberración. Era una banda de delincuentes, sólo mitigada por la desorganización, de intenciones muy pérfidas. Ya habían usado antes gases tóxicos, en Etiopía por ejemplo", recuerda. "Los bombardeos de Barcelona fueron los más feroces de la Guerra Civil, y sabemos además que Mussolini envió también a España armamento químico, aunque parece que finalmente no fue usado".
Julián Casanova, catedrático de la Universidad de Zaragoza, piensa que el hallazgo del documento secreto en el archivo londinense es "importante y novedoso, y debe ser completado con investigaciones que analicen, por ejemplo, la incidencia del tétano en los lugares donde hubo tropas italianas".
El autor de Venenos de Estado apunta que "las ojivas llenas de esporas debieron ser lanzadas con artillería ligera". Y recuerda que en la zona republicana el tétano llegó a representar una verdadera emergencia. "Hubo incluso recogidas de fondos para comprar sueros protectores organizadas por los sindicatos en Irlanda y en Francia".
Gabriel Cardona, especialista en historia militar, explica desde Barcelona que el episodio "tendría muchísima relevancia" porque apoyaría "una tesis bien documentada: Mussolini quería acabar la Guerra Civil él mismo y lo antes posible, ya que el coste político era cada vez más alto y veía que Franco no tenía prisa". Tras el desastre de Guadalajara, Franco le gastó "varias jugarretas", recuerda Cardona, y ambos se despreciaban sin disimulo. "De hecho, Mussolini había mandado los primeros aviones a Mola a Marruecos y un enorme contingente de tropas en trasatlántico hasta Cádiz sin que Franco lo supiera".
El fantasma de la guerra química y bacteriológica agitó el miedo de mucha gente en los años veinte y treinta. José Andrés Rojo, autor de la biografía del general Rojo y nieto suyo, recuerda haber visto en los archivos de su abuelo papeles sobre armas químicas. El libro de De Feo menciona a su vez algunos ataques químicos en la guerra española.
El historiador inglés Kim Coleman, en su Historia de la guerra química, citó una ofensiva republicana en Guadarrama, agosto de 1936, con granadas lacrimógenas y una posterior represalia franquista sobre Madrid con proyectiles asfixiantes.
Jan Medema, experto holandés en armas químicas, probó que Italia entregó a los nacionales municiones con cabezas cargadas de gas, extremo que confirmó en los años noventa el propio Alto Estado Mayor italiano (Alberto Rovighi e Filippo Stefani, La partecipazione italiana alla Guerra civile spagnola, Ufficio storico dello Stato maggiore dell'Esercito, 1992). Aquel libro dio carácter oficial a la presencia de diversas compañías químicas entre la masiva expedición de los tres ejércitos y camisas negras (30.000 de ellos voluntarios) enviada por Mussolini a España.
El testimonio de Ugo Cassinis parece en todo caso fiable por distintas razones. Principalmente, porque era un reputado médico y fisiólogo. Antes y después del fascismo. El galeno sentó las bases de la medicina deportiva italiana y fue el impulsor del riguroso método antidopaje que todavía hoy utiliza el Comité Olímpico de su país (CONI). Como tantos jóvenes italianos de esa época, Cassinis se alistó al fascio en 1925 y, escribe de Feo: "Fue un oficial muy bien valorado por los jerarcas hasta 1942, año en que fue apartado del cargo de director del Hospital de Celio por ser", según declaró él mismo a los norteamericanos, "demasiado liberal a la hora de conceder bajas médicas a los oficiales destinados al frente". Una forma de resistencia humanitaria que le honra, apunta De Feo, porque suponía salvar las vidas de los que debían ir a morir a las trincheras de África, Grecia o Rusia.
Quizá por eso, a los aliados, Cassinis les pareció una fuente digna de crédito. "Además de médico y docente, había sido el número uno de las estructuras del Celio, nunca tuvo palabras de crítica hacia Mussolini y no había motivo de sospechar de su fidelidad al Duce. El laboratorio secreto había dependido formalmente de él, y no suena probable que alguien le hubiera mentido sobre el ataque en España dando tantos detalles, incluso de su supuesto fracaso".
El tétano, dice De Feo, fue uno de los primeros virus explotado con fines bélicos. Gran parte de los experimentos realizados en esos años partieron de ese microorganismo. "Los japoneses lo utilizaron con prisioneros chinos y estadounidenses. Tiene características que hacen fácil su conservación y el empleo y, además, es mimético: la enfermedad puede ser atribuida a las heridas que a menudo la difunden de modo natural", apunta De Feo.
La acusación de Cassinis fue rebatida ante los investigadores norteamericanos por los demás responsables del laboratorio secreto; según De Feo, todos temían a esas alturas repercusiones internacionales porque se trataba de armas prohibidas.
El pequeño equipo de detectives que entrevistó a los científicos fascistas había llegado a Roma mezclado con las columnas festivas del ejército que el 4 de junio de 1944 liberó la capital ocupada por los nazis durante diez meses, "Portaban el encargo de frenar el Apocalipsis anunciado por Hitler en sus proclamas gritadas", cuenta De Feo. "Su misión era clara: buscar respuestas en Roma, en los laboratorios de la armada que había usado por última vez el gas en una batalla bombardeando Etiopía, que había colaborado con el Reich facilitando informaciones decisivas sobre las cobayas humanas, y que tenía la primacía indiscutible de la química".
Un año antes, en mayo de 1943, en Berlín, "antes de la caída del régimen littorio, los científicos de Mussolini intercambiaron pareceres en una cumbre con sus colegas alemanes sobre la represalia que debería revertir el conflicto y salvar al Eje de la imparable ofensiva de los soviéticos y los angloamericanos".
"El equipo estadounidense recibía órdenes directamente de la inteligencia de Washington, y se coordinaba con sus colegas británicos", escribe De Feo. Eran un puñado de oficiales médicos y ex policías al mando del coronel William S. Moore, "con plenos poderes y una lista de nombres a encontrar a toda costa". En lo alto del elenco había cinco personas, considerados artífices del programa de las armas secretas fascistas. Ugo Reitano, el profesor que desde 1932 dirigió la estrategia de guerra bacteriológica llamada Operación Epidemia; el citado coronel Giuseppe Morselli, conocido como El Doctor Germen, que desde 1934 había guiado los experimentos sobre el terreno en África; Fausto Vaccaro, el oficial que construyó la maquinaria para esparcir los virus; el general retirado Loreto Mazzetti, antiguo número uno del hospital del Celio donde se hacían las investigaciones; y el general Ingravalle, cuyo nombre no se conoce".
Por suerte, el delirio químico de los años treinta acabó. Llegó la paz, y todo el mundo intentó deshacerse de sus arsenales venenosos sin dejar huellas. De Feo revela que todos los mares de Italia están llenos de bombas químicas: italianas, alemanas y americanas. Una planta en Civitavecchia guarda todavía miles de cilindros de cemento con veneno dentro. Esperando un ataúd definitivo.
FRAGMENTO LITERARIO: LECTURA Veleni di Stato (Venenos de Estado) - Gianluca de Feo
Las armas secretas de Mussolini en España
La investigación de un periodista italiano da cuenta de que el fascismo desarrolló un letal y ambicioso programa de armas cargadas con virus y que lo ensayó contra los republicanos
MIGUEL MORA 13/12/2009
El libro se titula Veleni di Stato (Venenos de Estado), ha sido escrito por el periodista Gianluca de Feo, redactor jefe de la revista italiana L'Espresso, y reconstruye una historia terrible y sistemáticamente silenciada por varias generaciones de políticos, historiadores y militares de las grandes potencias. Entre 1935 y 1945, el laboratorio microbiológico de Celio, situado en un sótano de apariencia inocente a dos pasos del Coliseo, experimentó y produjo a gran escala armas químicas y bacteriológicas de efectos letales. De Feo revela que Benito Mussolini puso en marcha un plan genocida y planeó construir 46 plantas químicas y destilar 30.000 toneladas de gas anuales.
Cotejando decenas de documentos inéditos depositados en el National Archive de Londres -informes de inteligencia, papeles diplomáticos, actas de reuniones de gobierno, intervenciones privadas de Winston Churchill-, el periodista ha calculado que el régimen fascista produjo entre 12.500 y 23.500 toneladas de gas letal cada año durante la II Guerra Mundial.
Venenos de Estado aporta los primeros rastros documentales y testimonios que prueban que el régimen fascista (1922-1942) experimentó y produjo además armas todavía más infames y monstruosas: bacteriológicas. Virus y bacterias transformadas en bombas. Un grupo selecto de científicos, guiado por un veterinario llamado Morselli y apodado El Doctor Germen, incubó decenas de virus raros y de eficacia altísima en el laboratorio militar romano. Un horror concebido con una única misión, explica De Feo: "Diezmar las poblaciones de las ciudades enemigas con pestilencias de todo tipo, ántrax, tifus, peste amarilla, aviaria y otras enfermedades que todavía hoy siguen en el centro de los secretos inconfesables de las grandes potencias".
En sus declaraciones a un grupo de médicos y policías aliados, llegados a Roma en 1944 para intentar conocer los planes finales de Adolf Hitler, Morselli ofrece la lista de los virus y patógenos en los que se había concentrado el laboratorio secreto del Duce: la peste bubónica ("muy letal y aplicable por nebulizador, ratas y pájaros"), la brucelosis humana ("no mortal, pero fácilmente transmisible por los animales ovinos y bovinos"), el bacilo de Whitmore ("elevada virulencia, fácil de cultivar, altísima mortalidad humana"), y varias formas de ultravirus "difíciles de producir en gran cantidad, como la fiebre de los papagallos, el afta epizoótica, o el tifus, que es posible esparcir a través de parásitos lanzándolo con aviones o difundiéndolo con saboteadores".
Entre los documentos hallados por De Feo, hay uno muy novedoso que se refiere a España. Se trata de un escrito a máquina fechado el 3 de agosto de 1944, y muestra de que Mussolini no se conformó con hacer experimentos teóricos, ni con mandar 50.000 soldados en apoyo de Franco junto a cientos de aviones, ametralladoras y morteros, sino que probó sus armas bacteriológicas en la Guerra Civil.
El secreto fue revelado por un célebre médico y científico, Ugo Cassinis, a un pequeño grupo de investigadores estadounidenses enviado a Italia para interrogar a los italianos que colaboraron con el Reich alemán en la invención de las armas finales de Hitler.
En su casa de Roma, Cassinis, máximo responsable del Hospital Militar de Celio y de los laboratorios secretos de Mussolini entre 1939 y 1942, confiesa que el Ejército italiano había llevado a cabo ese ambicioso y macabro programa de armas químicas y bacteriológicas y que había lanzado esporas del virus del tétano contra la población republicana.
En su declaración, el profesor no facilitó detalles ni indicaciones precisas de lugar o fecha. Su mención señala que las bacterias se "extendieron sobre el terreno para intentar contagiar el tétano al enemigo", y añade que cree que "los resultados no fueron alentadores -encouraging-, pero admite que no tuvo "un conocimiento definitivo" sobre eso. Además, afirma que las tropas italianas habían sido "inmunizadas contra el tétano".
Aparte de citar el bacilo utilizado, Cassinis aportó otros datos. Habló de "esporas mezcladas con glass particle, partículas de cristal: un método utilizado todavía hoy, señala De Feo, "para alargar la vida de gérmenes y vacunas, que es la aproximación ideal para construir una bomba bacteriológica experimental".
El testimonio de Cassinis confirmaría el único acto de guerra bacteriológica registrado nunca en Europa, y sumaría puntos tanto a la barbarie insaciable de Mussolini como al carácter de laboratorio y campo de pruebas del conflicto bélico español.
El coronel Morselli negó con rotundidad ante los aliados que hubieran usado el tétano y definió las afirmaciones de Cassinis como "ridículas". Tenía sus razones, explica De Feo: "El Doctor Germen no era ningún ingenuo; se había adherido a la República de Saló y era prisionero de los aliados. Sabía perfectamente que las armas bacteriológicas estaban vetadas por las convenciones internacionales: experimentar con ellas no era un crimen, usarlas para contaminar a los españoles, sí: un motivo más para mentir".
Diversos historiadores italianos y españoles consultados por este diario coinciden en dar verosimilitud tanto al documento inédito como al contexto y la interpretación que traza Gianluca De Feo. "Sería una novedad absoluta, pero no me extrañaría nada que fuese verdad", afirma Lucio Ceva, historiador de la Universidad de Pavía. "Los fascistas eran capaces de cualquier aberración. Era una banda de delincuentes, sólo mitigada por la desorganización, de intenciones muy pérfidas. Ya habían usado antes gases tóxicos, en Etiopía por ejemplo", recuerda. "Los bombardeos de Barcelona fueron los más feroces de la Guerra Civil, y sabemos además que Mussolini envió también a España armamento químico, aunque parece que finalmente no fue usado".
Julián Casanova, catedrático de la Universidad de Zaragoza, piensa que el hallazgo del documento secreto en el archivo londinense es "importante y novedoso, y debe ser completado con investigaciones que analicen, por ejemplo, la incidencia del tétano en los lugares donde hubo tropas italianas".
El autor de Venenos de Estado apunta que "las ojivas llenas de esporas debieron ser lanzadas con artillería ligera". Y recuerda que en la zona republicana el tétano llegó a representar una verdadera emergencia. "Hubo incluso recogidas de fondos para comprar sueros protectores organizadas por los sindicatos en Irlanda y en Francia".
Gabriel Cardona, especialista en historia militar, explica desde Barcelona que el episodio "tendría muchísima relevancia" porque apoyaría "una tesis bien documentada: Mussolini quería acabar la Guerra Civil él mismo y lo antes posible, ya que el coste político era cada vez más alto y veía que Franco no tenía prisa". Tras el desastre de Guadalajara, Franco le gastó "varias jugarretas", recuerda Cardona, y ambos se despreciaban sin disimulo. "De hecho, Mussolini había mandado los primeros aviones a Mola a Marruecos y un enorme contingente de tropas en trasatlántico hasta Cádiz sin que Franco lo supiera".
El fantasma de la guerra química y bacteriológica agitó el miedo de mucha gente en los años veinte y treinta. José Andrés Rojo, autor de la biografía del general Rojo y nieto suyo, recuerda haber visto en los archivos de su abuelo papeles sobre armas químicas. El libro de De Feo menciona a su vez algunos ataques químicos en la guerra española.
El historiador inglés Kim Coleman, en su Historia de la guerra química, citó una ofensiva republicana en Guadarrama, agosto de 1936, con granadas lacrimógenas y una posterior represalia franquista sobre Madrid con proyectiles asfixiantes.
Jan Medema, experto holandés en armas químicas, probó que Italia entregó a los nacionales municiones con cabezas cargadas de gas, extremo que confirmó en los años noventa el propio Alto Estado Mayor italiano (Alberto Rovighi e Filippo Stefani, La partecipazione italiana alla Guerra civile spagnola, Ufficio storico dello Stato maggiore dell'Esercito, 1992). Aquel libro dio carácter oficial a la presencia de diversas compañías químicas entre la masiva expedición de los tres ejércitos y camisas negras (30.000 de ellos voluntarios) enviada por Mussolini a España.
El testimonio de Ugo Cassinis parece en todo caso fiable por distintas razones. Principalmente, porque era un reputado médico y fisiólogo. Antes y después del fascismo. El galeno sentó las bases de la medicina deportiva italiana y fue el impulsor del riguroso método antidopaje que todavía hoy utiliza el Comité Olímpico de su país (CONI). Como tantos jóvenes italianos de esa época, Cassinis se alistó al fascio en 1925 y, escribe de Feo: "Fue un oficial muy bien valorado por los jerarcas hasta 1942, año en que fue apartado del cargo de director del Hospital de Celio por ser", según declaró él mismo a los norteamericanos, "demasiado liberal a la hora de conceder bajas médicas a los oficiales destinados al frente". Una forma de resistencia humanitaria que le honra, apunta De Feo, porque suponía salvar las vidas de los que debían ir a morir a las trincheras de África, Grecia o Rusia.
Quizá por eso, a los aliados, Cassinis les pareció una fuente digna de crédito. "Además de médico y docente, había sido el número uno de las estructuras del Celio, nunca tuvo palabras de crítica hacia Mussolini y no había motivo de sospechar de su fidelidad al Duce. El laboratorio secreto había dependido formalmente de él, y no suena probable que alguien le hubiera mentido sobre el ataque en España dando tantos detalles, incluso de su supuesto fracaso".
El tétano, dice De Feo, fue uno de los primeros virus explotado con fines bélicos. Gran parte de los experimentos realizados en esos años partieron de ese microorganismo. "Los japoneses lo utilizaron con prisioneros chinos y estadounidenses. Tiene características que hacen fácil su conservación y el empleo y, además, es mimético: la enfermedad puede ser atribuida a las heridas que a menudo la difunden de modo natural", apunta De Feo.
La acusación de Cassinis fue rebatida ante los investigadores norteamericanos por los demás responsables del laboratorio secreto; según De Feo, todos temían a esas alturas repercusiones internacionales porque se trataba de armas prohibidas.
El pequeño equipo de detectives que entrevistó a los científicos fascistas había llegado a Roma mezclado con las columnas festivas del ejército que el 4 de junio de 1944 liberó la capital ocupada por los nazis durante diez meses, "Portaban el encargo de frenar el Apocalipsis anunciado por Hitler en sus proclamas gritadas", cuenta De Feo. "Su misión era clara: buscar respuestas en Roma, en los laboratorios de la armada que había usado por última vez el gas en una batalla bombardeando Etiopía, que había colaborado con el Reich facilitando informaciones decisivas sobre las cobayas humanas, y que tenía la primacía indiscutible de la química".
Un año antes, en mayo de 1943, en Berlín, "antes de la caída del régimen littorio, los científicos de Mussolini intercambiaron pareceres en una cumbre con sus colegas alemanes sobre la represalia que debería revertir el conflicto y salvar al Eje de la imparable ofensiva de los soviéticos y los angloamericanos".
"El equipo estadounidense recibía órdenes directamente de la inteligencia de Washington, y se coordinaba con sus colegas británicos", escribe De Feo. Eran un puñado de oficiales médicos y ex policías al mando del coronel William S. Moore, "con plenos poderes y una lista de nombres a encontrar a toda costa". En lo alto del elenco había cinco personas, considerados artífices del programa de las armas secretas fascistas. Ugo Reitano, el profesor que desde 1932 dirigió la estrategia de guerra bacteriológica llamada Operación Epidemia; el citado coronel Giuseppe Morselli, conocido como El Doctor Germen, que desde 1934 había guiado los experimentos sobre el terreno en África; Fausto Vaccaro, el oficial que construyó la maquinaria para esparcir los virus; el general retirado Loreto Mazzetti, antiguo número uno del hospital del Celio donde se hacían las investigaciones; y el general Ingravalle, cuyo nombre no se conoce".
Por suerte, el delirio químico de los años treinta acabó. Llegó la paz, y todo el mundo intentó deshacerse de sus arsenales venenosos sin dejar huellas. De Feo revela que todos los mares de Italia están llenos de bombas químicas: italianas, alemanas y americanas. Una planta en Civitavecchia guarda todavía miles de cilindros de cemento con veneno dentro. Esperando un ataúd definitivo.
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