jueves, 15 de octubre de 2020

¿Por qué meter con calzador una especie donde no pertenece?

La enfermedad de una plantita suele ser un indicativo de que la planta no está donde debiera

Quizas por exceso de sol, exceso de cáscaras de huevo, que con la mejor intención se le añadió a su maceta con la esperanza de que el calcio y los restos de proteínas la hiciesen crecer mejor. Nada de esto sirvió para que creciese más de lo esperado. Las hojas se recurvaron quizás por un virus o por un hongo. Le aparecieron chinches y se le cepilló para eliminarlos a mano, se lavaron sus hojas con vinagre. La planta no tiene un aspecto saludable, aunque últimamente le han salido unas florecillas con lo que es de suponer que no está tan tan mal del todo. 

La enfermedad puede venir por un déficit nutricional, por un virus, un hongo o una bacteria. Estas circunstancia afectan a aquellos que están en los extremos de la distribución normal, los raritos. En las enfermedades infecciosas los individuos que tienen mayor probabilidad de infectarse y tener un desenlace complicado son siempre niños, ancianos, inmunodeprimidos o individuos que tengan una patología previa. Los extremos de la distribución normal. Si un patógeno afecta al grueso de la población ésta disminuye en número dramáticamente y ahora ese patógeno tiene que enfrentarse a un factor para el cual no estaba preparado: para la transmisión exitosa ahora que sus hospedadores están muy distanciados unos de otros. 

Durante mis estudios de pregraduado asistí a una conferencia del director de un arboretum de California. En el turno de preguntas alguien se interesó por cuál era el tratamiento que le aplicaban a las especies que se enfermaban. La respuesta fue categórica: "las arrancamos para que no contaminen a otras especies" Según este botánico, que dirigía una institución con poco presupuesto, una especie se enfermaba cuando no estaba en sus condiciones óptimas. Hay tantas especies diferentes que no merece la pena luchar por mantener a una de ellas en unas condiciones que la estén estresando. Un clima mediterráneo como el de California permite la coexistencia de cientos de especies distintas. ¿Por qué meter con calzador una especie donde no pertenece?

En educación, desde la pedagogía, nos esforzamos por sacar al alumno adelante cuando a veces lo mejor sería enseñarle la puerta de salida, otros escenarios. Puede ser doloroso que un profesor te diga que no sirves para algo. Esto le pasó a un físico brasileiro que conocí. Tenía la ilusión de convertirse en maestro de ajedrez. Su profesor le desanimó de seguir ese camino. Con el tiempo reconoció que le faltaba el talento y sobre todo el perfil psicológico necesario para tener éxito en ese campo. Al dejar el ajedrez profesional y dedicarse a la física, había podido tener un trabajo en la universidad, tener hijas... y por eso le estaba agradecido a aquel profesor que lo había desanimado.

Desde la pedagogía, o desde las ciencias pedagógicas como a ellos les gusta denominarse, de manera imprecisa y bastante pedante, se irradia la idea de que no hay malos alumnos sino malos métodos o malos profesores. Y es cierto. Hay malos docentes lo mismo que hay malos alumnos. En el proceso de la enseñanza la línea de tiempo importa mucho. La mochila familiar y ambiental que llevamos cada uno, incluso la mochila cultural y étnica nos influye. El perfil psicológico, nuestro tipo de inteligencia, nuestro nivel de concentración, de empatía... también.

En la novela de Alejo Carpentier "Concierto barroco" el autor cubano subraya un hecho increíble: Vivaldi era un profesor de música en un orfanato de niñas y TODAS las niñas tocaban instrumentos musicales a nivel de un profesor de orquesta sinfónica. El criterio de selección para entrar en el orfanato era: ser huérfana. El éxito de la educación de Vivaldi fue tal que las familias poderosas presionaban para que dejasen entrar a sus hijas en el orfanato. Con un ejemplo como este no cabe más que darle algo de razón a la pedagogía, aunque todos los docentes sepamos que lo mejor que se puede hacer con ciertos alumnos es recomendarles que se dediquen a otra cosa. Quizás por culpa del alumno, quizás por culpa del sistema o por culpa de que el profesor no sea un Vivaldi en su especialidad. Me preocupa que esos alumnos sean personas mediocres, trabajando en una profesión que no le rinda frutos simplemente porque están lejos del ambiente que necesitan para florecer y tener frutos. Esta preocupación también atañe a mi persona.

Seguiremos cuidando de nuestra plantita aunque creo que nunca más dará un ají como dio cuando recién la trajimos del vivero. 

El efecto de un buen docente se puede ver en la siguiente película que recomiendo:
Los Chicos Del Coro Pelicula Completa En Español1. Fuente Cardenal Quintero

Actualización del 13 de noviembre

Al final gracias a Hégira Ramírez la planta de pimiento ha dado fruto:


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