Si miramos a través de un telescopio potente podemos ver galaxias
lejanas, ¿y si en vez de ver a lo lejos vemos “a lo cerca”? ¿Qué
ocurrirá? pues que veremos el mundo microscópico de las bacterias.
El ser humano sabe de las estrellas prácticamente desde el inicio
de su historia, recordemos que el conocimiento de las estrellas
servía para tener conocimiento del tiempo, de en qué momento
plantar la cosecha, predecir las crecidas del río. Sin embargo
nuestra relación con las bacterias se asociaba a los caprichos de
los dioses. Los dioses eran los que hacían fermentar el pan o la
uva, o los que nos mandaban las enfermedades por haber despertado su
ira.
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| Microscopio de una sola lente de Leeuwenhoek |
Fue Leeuwenhoek el primero en observar unos animalitos
microscópicos en una gota de su saliva. Fue la primera vez que un
ser humano veía una bacteria cara a cara. Estamos en 1673. Tenemos
que llegar al siglo XIX para ponerle nombre a las bacterias, varios
miles de años después de que la humanidad pusiese nombre a los
astros del cielo. Pasteur demostró en el siglo XIX que los alimentos
se pudrían por efecto de microorganismos y que no había tal cosa
como la generación espontanea de vida. Fueron Pasteur y Koch los que
enunciaron y probaron, respectivamente, la teoría germinal de las
enfermedades infecciosas y que no es otra cosa que el origen de la
medicina científica en la que se demuestra que las enfermedades
infecciosas están producidas por microorganismos y no por los
cambios de humor de dioses caprichosos.
Prácticamente todos nuestros oyentes han nacido y se han criado
en la era antibiótica. Cualquier problema infeccioso es atajado por
un antibiótico milagroso que te libera de sufrir dolor de oídos,
pneumonía etc. Todos hemos tomado antibióticos alguna vez en
nuestras vidas y gracias a ellos la mortalidad infantil por
enfermedades infecciosas es ya cosa del pasado en donde todas las
familias tenían el caso de un niño que se había muerto antes de
los 2 años por difteria, meningitis, pneumonía, tuberculosis,
cólera... Desde que Fleming descubrió la penicilina y esta se
empezó a encontrar en las estanterías de las farmacias a partir de
1944, la humanidad dejó de preocuparse, como hasta entonces lo había
hecho, por las enfermedades infecciosas. Tal llegó a ser el grado de
autoconfianza que el US Surgeon General William H. Stewart anunció
en el senado americano en 1969: “It is time to close the book on
infectious diseases” (Es la hora de cerrar el libro de las
enfermedades infecciosas) y también: “The war against pestilence
is over” (La guerra contra la peste se acabó). Según el médico
de más rango en los Estados Unidos, los científicos debían
reconducir sus investigaciones hacia el cancer en vez de hacia la
tuberculosis y reemplazar el estudio del cólera por la investigación
sobre los ataques al corazón. Estaban equivocados.
Es curiosa lo irreflexivo de esta euforia, sobre todo viniendo del
el General Médico Jefe de los EEUU, porque las bacterias resistentes
a los antibióticos ya empezaron a aparecer desde el principio del
uso comercial de la penicilina. Por ejemplo, en 1944, algunos
pacientes no se podían curar con la penicilina. Dos años antes de
esta fecha un hospital de Londres ya anunciara que el 14% de los
Staphylococcus eran resistentes a la penicilina. En 1949 este
número ya había subido al 59%. En 1955 el 80% de todas las cepas de
Staphylococcus ya era resistente a la penicilina.
Antibióticos y bacterias. Aquí tenemos una historia de evolución
en vivo y en directo. ¿Hay todavía alguien que diga que la
evolución es una “teoría”?. Los antibióticos mataban
prácticamente al 100% de las bacterias. Hoy en día hay bacterias
como
Staphylococcus aureus o
Enterococcus spp que
prácticamente son resistentes a todos los antibióticos conocidos.
¿Cómo se llega a esa situación? pues por SELECCIÓN NATURAL. El
antibiótico es capaz de matar a todas las bacterias en un principio,
si la concentración es elevada. Pero siempre hay lugares de difícil
acceso. Allí no todas mueren y las que sobreviven lo han hecho
porque de partida ya eran capaces de resistir ciertos niveles de
antibiótico, bien porque la molécula en la que hace blanco el
antibiótico presentaba algún cambio, es decir, alguna mutación,
bien porque eran más impermeables al antibiótico o porque tenían
bombas para expulsar hacia afuera al mismo. Por si fuera poco cuando
las bacterias crecen en estres, y el tratamiento antibiótico es un
estres para ellas, tienen un mecanismo que hace que cuando copian el
ADN cometen fallos a propósito para generar bacterias distintas y
que al menos una de esas mutaciones distintas pueda hacer que la
molécula que está atacando el antibiótico sea invulnerable y así
la bacteria sobreviva convirtiéndose en resistente. Y no acaban ahí
los trucos de nuestras amigas: son capaces de intercambiarse genes de
resistencia a los antibióticos lo mismo que los niños intercambian
cromos...
Vamos con una anécdota que ejemplifique cómo funcionan esta
evolución en vivo y en directo:
En 1970, las cepas de Neisseria (la que produce la gonorrea)
comenzaron a hacerse resistentes a la penicilina. Este aumento se
debió a lo que ocurría en los prostíbulos del sudeste asiático.
Durante la ocupación de los Estados Unidos en países como Vietnam o
países satélites como Filipinas, a las prostitutas se les
administraba penicilina como una medida preventiva para prevenir
principalmente a sus clientes militares. Hoy en día muchos países
están luchando contra esta consecuencia de la guerra de Vietnam. En
el sudeste asiático el 98% de las cepas de Neisseria son
resistentes, no solo a la penicilina, sino también a otros
antibióticos.
Esta historia ilustra lo que algunos expertos vienen a llamar la
“Era postantibiótica”, es decir, una era en la que los
antibióticos ya han dejado de ser efectivos al 100% y debemos
empezar a preocuparnos de nuevo por las bacterias. Donde primero se
ha empezado a notar que vivimos en esta era en donde no estamos
cubiertos por los antibióticos es en las unidades de cuidados
intensivos de los hospitales. Ciertas bacterias típicamente
medioambientales y que sólo causan enfermedades de manera
oportunista se han adaptado al ambiente hospitalario. Se han
acostumbrado a vivir entre desinfectantes y tratamientos prolongados
de antibióticos en pacientes inmunodeprimidos, como es el caso de
los pacientes sometidos a quimioterapia, enfermos de Sida, receptores
de órganos transplantados, ancianos, accidentes severos... Es en
estos pacientes con un sistema inmunológico en mínimos los que son
colonizados por estas bacterias patógenas oportunistas. Hablamos de
Staphylococcus aureus, Klebsiella pneumoniae, Pseudomonas
aeruginosa, Enterococcus spp, Acinetobacter baumannii... Estas
bacterias viven libres en el medioambiente y tienen una gran
capacidad de adaptación a distintos medios, eso es lo que les ha
permitido adaptarse al ambiente hospitalario.
Por ejemplo,
Pseudomonas crece en las piscinas,
independientemente del cloro que eches. Es esa especie de “verdín”
que tiene la superficie si no se rasca. A veces en los parques
acuáticos producen la urticaria de piscina que son unos granitos en
las nalgas y piernas resultado de roces en los toboganes y
colonización por esta bacteria. Al cabo de un día o dos estos
granitos desaparecen porque tenemos un sistema inmune sano. Los
pacientes con fibrosis quística, una enfermedad que provoca un
exceso de moco en los pulmones, son colonizados por esta bacteria, en
parte porque los macrófagos humanos encargados de digerirlas no
pueden hacer su trabajo en esa capa de moco. Ahí crece
Pseudomonas
y el tratamiento prolongado con antibióticos hace que se seleccionen
bacterias resistentes. Hoy en día la esperanza de vida de estas
personas es de 30 años. Pero eso no es todo. Supongo que conoceréis
el famoso Betadine. Bien, en los hospitales hay dispensadores de
betadine como medida higiénica, pues los investigadores han
encontrado
Pseudomonas aeruginosa viviendo en estos
dispensadores. Las vacunas que son una barrera eficaz contra las
bacterias patógenas no lo son en el caso de estas bacterias
medioambientales que causan daños en los pacientes inmunodeprimidos.
Si tus defensas están bajas ¿Qué ventajas tiene estar vacunado
frente a una de estas bacterias?.
La higiene es muy importante para evitar la dispersión de estas
bacterias. Como nos hemos criado en una época de confianza absoluta
en el poder de los antibióticos les hemos perdido el respeto. Si nos
enfermamos ya habrá un antibiótico que nos cure. Al haber
Staphylococcus aureus (el famoso MRSA en sus siglas en inglés)
y
Enterococcus fecalis resistentes a todos los antibióticos
en los hospitales lo primero que hay que hacer es establecer barreras
para evitar el contagio. Comparemos lo que ocurre en el Reino Unido
con Holanda. En el Reino Unido entre un 5 y un 10% de todos los
pacientes tratados en los hospitales se infectan en el mismo
hospital, a menudo con bacterias resistentes a los antibióticos,
unas 300.000 personas al año, de los cuales mueren 5000 personas
debido a esa enfermedad infecciosa. Por ejemplo de los infectados en
el año 2004 en Reino Unido por
Staphylococcus aureus, el 40
lo era por MRSA, es decir, por un Staphylococcus
resistente a todos los antibióticos. En Holanda, en donde la
separación de enfermos con bacterias resistentes es muy estricta, el
porcentaje es de un 1%. 40% de infectados por MRSA en Reino Unido
frente a un 1% en Holanda. ¿Y cómo hacen los holandeses? lo que
primero hacen los higienistas cuando entra un paciente es comprobar
si éste es portador de bacterias multirresistentes. Si da positivo,
por ejemplo, portando MRSA en la nariz, algo bastante frecuente,
porque como he dicho si no estamos inmunodeprimidos esta bacteria no
es patógena, lo primero es aislarlo en una habitación para él
solo, la enfermera que lo atiende tiene que llevar obligatoriamente
un mandilón, guantes y una máscara quirúrgica. Al paciente no se
le permite utilizar la cafetería. Esta cuarentena no se levanta
hasta que los médicos han conseguido erradicar el MRSA, lo cual
ocurre solo a veces. En el Reino Unido hay hospitales con un 90% de
presencia de MRSA. Por este motivo algunos de sus ciudadanos acuden a
hospitales holandeses a tratarse. En un hospital de Munich examinaron
la presencia de bacterias en los endoscopios que se suponen deben de
estar estériles para la examen del aparato digestivo. La mitad de
ellos estaban contaminados por bacterias. Una vez que se supieron
estos datos se les dió a conocer y pasado un tiempo se volvió a
hacer el mismo estudio: un 40% de los endoscopios continuaban
contaminados.
¿Qué soluciones tenemos? Desarrollar nuevos antibióticos. Desde
luego con la higiene esta es la solución más factible y en la que
se está trabajando. Sin embargo ¿Por qué no aparecen más
antibióticos?. Hay dos problemas que hacen que la aparición de
nuevos antibióticos sea tan desesperadamente lenta. La primera tiene
que ver con las dianas que atacan los antibióticos: que son
limitadas. Me explico: los antibióticos tienen que ser tóxicos para
las bacterias pero no para nuestras células. El problema es que la
biología de las bacterias y la de nuestras células son muy
parecidas. De hecho nuestras células provienen de las bacterias,
pero eso es otra historia para otro día. Por lo tanto los
antibióticos atacan aquellas dianas, es decir aquellas moléculas,
que en las bacterias son distintas a nuestras clélulas y que por
tanto las van a matar y a ser inocuas para nosotros mismos. Las
penicilinas (o sus derivados sintéticos como la amoxicilina) atacan
la malla que rodea las células bacterianas, malla que sólo está
presente en las bacterias, los ribosomas bacterianos son distintos a
los nuestros, pues bien, hay todo un grupo de antibióticos
especializados en bloquearlos: los macrólidos (azitromicina) y los
aminoglucósidos. Los cromosomas bacterianos son circulares y para
enrrollarlos y desenrrollarlos tienen unas enzimas propias, pues
bien, éstas son las dianas de las fluoroquinolonas como la
ciprofloxacina. Y podría seguir hasta unos ejemplos más, menos de
diez. A partir de ahí la biología de la bacteria y las de nuestras
células es prácticamente parecida y claro está no podemos tomar
algo que mate nuestras células.
Aparte de que los investigadores se estén devanando los sesos
para encontrar nuevas dianas hay también otro actor en esta
historia: las compañías farmacéuticas. Las compañías
farmacéuticas tienen como misión última generar beneficios y esto
en principio no es malo, ahora bien, que nadie se confunda con la
publicidad hecha de adorables viejecitas y tiernos niños. Según las
declaraciones del experto canadiense en antibióticos, Julian Davies,
a la revista Science “Es aterrorizador pensar que una simple
mutación en un gen que codifique una beta-lactamasa puede tirar por
el desague 500 millones de dólares en el desarrollo de un nuevo
antibiótico por una compañía farmacéutica”. Esto hace que si ya
el tiempo del que goza una compañía famacéutica para explotar su
patente no es muy dilatado, el que aparezca una mutación que haga
inservible su producto es una auténtica pesadilla para los
ejecutivos encargados de realizar estos trabajos. Por eso motivo
muchas compañías han desatendido la producción de nuevos
antibióticos. Y en ellas estamos.