lunes, 15 de julio de 2019
Whisky, antrax y sectas destructivas
El programa de guerra biológica desarrollado en Canadá fue cofinanciado por el empresario Samuel Bronfman, dueño de la destilería Seagram´s el cual, a pesar de ser civil y de no tener preparación científica, acudía a todas las reuniones relacionadas con este proyecto.
Las herederas del señor Samuel Bronfman han financiado con 130 millones de dólares la secta destructiva NXIVM. Es muy curioso observar el componente paranoico de esta secta que les llevó a recopilar inteligencia sobre enemigos.
Es muy curioso observar la paranoia en acción, observar cómo la paranoia se instala en ciertas familias.
viernes, 29 de marzo de 2019
Vhiskey y barbarie
Es muy curioso que empresarios financiasen un programa de destrucción masiva. ¿Qué pasaría por la mente de estas personas para donar dinero para una programa semejante?.
En 1888, James S Jameson, heredero de la firma irlandesa de whisky, compra en el Congo, una niña de 10 años para que sea devorada por los caníbales. Hace unos bocetos que luego pasa a acuarelas:
martes, 16 de octubre de 2018
Los Nobel premian la evolución
Los fagos muestran el camino de la proteína al gen
Smith en 1985 empezó a trabajar con bacteriófagos (fagos) para poder clonar genes. Sin embargo, casi por casualidad, descubrió que podía a partir de una proteína descubrir el gen que la codificaba. Es como si por ejemplo, tuviésemos una fotografía y pudiésemos localizar en el disco duro el código máquina, de ceros y unos que la codifica.
Los fagos son virus que se replican en las bacterias. Como las bacterias son pequeñas células a presión, los fagos son virus que tienen una especie de bomba de bicicleta acoplada con la que pueden inyectar el ADN (o el ARN) en el interior de la célula. En los ochenta había muchas bibliotecas de fragmentos de ADN en fagos. Con la tecnología de aquel entonces se podía hacer corta pega de fragmentos de ADN humano, por ejemplo, en el interior del genoma de un fago. De esta manera, podíamos tener la oportunidad que la proteína se expresase en el exterior del fago.
Ahora que teníamos la proteína humana expresada en la superficie del fago había que pescarla.
Anticuerpos como anzuelos
Ahora que teníamos muchísimos fagos portando distintas proteínas en su superficie, lo siguiente era utilizar anticuerpos para pescarlos. Y esto se podía hacer en la década de los ochenta. Inyectas una proteína pura en un conejo y el sistema inmune del animal fabrica anticuerpos contra esa proteína. De esta forma podían unir fagos que expresaban la proteína humana en su superficie a los anticuerpos. Y como el fago adherido en el anticuerpo, en su interior, llevaba el gen, el código, podían saber qué gen era el responsable de producir esa proteína humana en cuestión: encontrar una aguja en un pajar de manera elegante.
Greg Winter llevó esta técnica a otro nivel...
Anticuerpos que bloquean el desarrollo de enfermedades
El sistema inmune humano puede producir cientos de miles de anticuerpos diferentes. Las células del sistema inmune humano que producen anticuerpos que reaccionan contra moléculas humanas son destruídos (cuando no se destruyen todas es cuando tenemos enfermedades autoinmunes, es decir, que reaccionan contra nosotros mismos). Sin embargo, las células del sistema inmune que no reaccionan contra nosotros mismos patrullan por los vasos sanguíneos. Cuando una de ellas reconoce una bacteria o un virus comienza a multiplicarse. Por ese motivo son tan eficaces eliminando patógenos extraños del cuerpo humano.
Los anticuerpos son muy selectivos. Son capaces de reconocer una molécula entre decenas de miles de otras moléculas ¿Es posible seleccionar anticuerpos que se unan a moléculas propias de enfermedades humanas y las bloqueen y así detengan a la enfermedad?
Winter puso anticuerpos en la superficie de los fagos
Los anticuerpos son proteínas que tienen forma de Y. Así que Winter fue capaz de pegar esta proteína a la superficie de un fago. De forma que la información, el código de ADN, para formar esa proteína estuviese en el genoma del fago. El usó un anticuerpo que se unía a una pequeña molécula conocida como phOx por que se conocía la secuencia genética de este anticuerpo, por eso fue capaz de meter la secuencia en el genoma de un fago y así este fago llevaba el anticuerpo anti-phOx en su genoma.
De esta manera, Winter fue capaz de recuperar el fago expresando el anticuerpo anti-phOx, poniendo phOx en una sopa de 4 millones de fagos, uno de los cuales era el anti-phOx. Lo que hizo con este sistema fue repetir este buscar una aguja en un pajar varias veces. Lo que observó es que a cada ciclo la unión del anticuerpo producido por el fago a phOx era cada vez más fuerte. Esto señores y señoras no es otra cosa que evolución por selección natural. En 1994 utilizando este método fue capaz de seleccionar anticuerpos con una altísima afinidad a células cancerígenas.
Se crea la primera farmaceutica basada en anticuerpos humanos
La compañía se llama adalimumab. Esta compañía creo anticuerpos que neutralizaban la proteína TNF-alfa. Inactivando esta proteína se detiene la inflamación asociada a varias enfermedades autoinmunes. En 2002 se aprobaron anticuerpos contra la artritis reumatoide, la psoriasis y la enfermedad inflamatoria intestinal. Otra aplicación ha sido crear anticuerpos que neutralizan la toxina del antrax. En este momento se trabaja en anticuerpos contra el Alzheimer y contra el lupus.
Selección artificial, lo mismo que hacen los criadores de perros
Lo bonito de esta idea es su simplicidad. Para lograr un anticuerpo que se una a su diana de manera superfuerte no hace falta saber de química orgánica... lo único que hace falta es que los virus creen trillones de copias y que esas copias tengan errores. Alguno de esos errores, mutaciones, van a dar un anticuerpo mejorado. Ese anticuerpo se selecciona y se le deja que vuelva a dar millones de copias, todas parecidas a él menos unos miles de mutantes. Si alguno de esos mutantes se adhiere con más fuerza, se le deja que vuelva a producir millones de copias. Alguno habrá que, al haber mutado, tenga una mejora que lo haga más afín y más fuerte.
Es lo que ha hecho la humanidad desde el neolítico en que las mujeres aprendieron a seleccionar semillas y animales domésticos. Todas las razas de perros proceden de los lobos. Cuando se mataban a los lobos adultos alguna mujer a la que su hijo se había destetado cogía un cachorro y lo alimentaba con su propio pecho. Al margen de que los humanos sentimos ternura innata por los cachorrillos, esto le servía a la mujer porque sabían que las mujeres lactantes tienen más dificultades para quedarse de nuevo embarazada. Cuando el cachorro crecía seguía teniendo un vínculo emocional con su madre adoptiva. Los cachorros adultos tienen sobre 8 cachorritos todos los años. No se los puede mantener a todos, por lo que se matan en su mayoría. Solo se les deja vivir a aquellos cachorros que tienen una característica que nos interesa. Si vivimos en una zona de frío que sean peludos, si es una zona calientes con poco pelo. Si los queremos para comer los escogemos pequeños, si los queremos para que nos defiendan dejamos los musculosos.
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| Los mismo que en el neolítico seleccionamos razas de perros a partir del lobo, hoy en día estamos aprendiendo a domesticar y seleccionar las moléculas y de nuevo, la selección es la herramienta. |
Audio programa Efervesciencia (en galego):
lunes, 17 de noviembre de 2014
Gruinard y la operación "Vegetarian"
La isla permaneció contaminada y cerrada al público y al pastoreo durante 50 años, hasta que en 1990 se realizó un costoso trabajo de recuperación y desintoxicación de la isla. Hoy está abierta al público y continúa desierta.
Pues bien, tras el éxito de estas pruebas, Churchill dio luz verde a la "Operación Vegetarian" que consistía en lanzar sobre Alemania una gran cantidad de "pasteles" infectados con ésporas de ántrax para paralizar la producción ganadera alemana y con ello, mermar sus recursos alimentarios y a la población civil.
Para 1944 todo estaba listo, pero la operación no se llevó a cabo debido al éxito de la "Operación Overlord" o desembarco de Normandía.
domingo, 16 de noviembre de 2014
Shiro Ishii, el científico que inició la guerra bacteriológica moderna
| Teniente General Shiro Ishii. Criminal de guerra japonés |
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| En 1936 se formó la unidad, oficialmente conocida como "Laboratorio de Investigación y Prevención Epidémica", a partir de 1941 sería conocido con el nombre de " Escuadrón 731" o "Unidad 731". |
Un hecho fortuito le ayudó a ser respetado como biólogo frente al ejercito y gobierno. En la población de Shikoku se desató una epidemia de meningitis, Ishii diseñó un filtro de agua especial y logró parar la enfermedad. Aprovechó la epidemia para convencer al ejercito que sus estudios serían muy beneficiosos.
En 1931 Japón establece el estado títere de Manchukuo, en Manchuria al norte de China a modo de protectorado que existió entre 1931 y 1945. Pues bien, en 1932 Shiro Ishii y un equipo de científicos viajan a esta zona y deciden establecer allí un centro de investigaciones, inaugurándose dicho centro a finales de ese año.
En 1937 comienza la segunda guerra chino-japonesa, los japoneses usan gas contra los chinos y comprueban los resultados haciendo los análisis en este tipo de laboratorios. Shiro Ishii establece definitivamente su base de operaciones en PingFang a 20 km al sudoeste de Harbin (Manchuria), que mejor campo de pruebas para sus prototipos de armas bacteriológicas que todo el territorio chino ocupado.
La base del escuadrón 731 ocupaba una extensión de 32 kilómetros cuadrados y estaba formada por unas 3000 personas entre científicos y técnicos, los soldados que vigilaban el perímetro de la base eran del Kempeitai o policía política japonesa (el equivalente japonés de la gestapo alemana o el NKVD rusa).
La base estaba compuesta sobretodo de laboratorios, salas de pruebas y de una gran prisión donde siempre había un gran número de prisioneros (sobre todo chinos y coreanos), realmente eran los conejillos de indias de sus experimentos.
En dichos laboratorios, los científicos manipulaban y guardaban insectos (pulgas, garrapatas o moscas) y varios animales contagiados con la peste bubónica, antrax y gérmenes que provocaban la disentería. Una vez controlados (los animales), exponían a los prisioneros al contagio, una vez contagiados los estudiaban para saber el tiempo de incubación y desarrollo de la enfermedad, esperaban unos 4 o 5 días, y los que morían les hacían la autopsia y los que sobrevivían les hacían una vivisección, para observar lo que producía la bacteria en su interior y saber porqué resistían, a veces no hacía falta que resistieran simplemente se le aplicaba la vivisección simplemente para ver el desarrollo total de la bacteria en el cuerpo. Tras estos experimentos llegaron a crear la "Bomba de Pulgas", objetos de porcelana llenos de pulgas portadoras de estas enfermedades y las lanzaban en avión a las poblaciones chinas, viendo el tiempo de reacción, contagio y extinción de la población elegida.
En octubre de 1940 soltaron una bomba de bacterias sobre Chuhsien, provincia de Chechiang matando a 21 personas, en noviembre del mismo año lanzaron otra, provocando una epidemia que mató a 99 personas en Ningpo.
Otro de los experimentos consistía en contaminar las fuentes de agua de las poblaciones para ver la rapidez del contagio y propagación. Incluso repartían golosinas infectadas con antrax a la población infantil para ver y analizar su reacción.
También hacían estudios de resistencia que les ayudaba a proteger más a sus soldados en el frente. Estos estudios consistían en amputar alguna extremidad y dejar morir desangrado al infortunado, controlando el tiempo que tardaba en morir, repitiendo en estudio en diferentes sitios y con diferentes variables (en agua, a varias temperaturas, etc).
Los inviernos allí eran muy duros, temperaturas de -40 a -45º, exponían a los prisioneros o alguna parte de ellos, a esas temperaturas congelándolos y luego intentaban varias técnicas para descongelarlas o deshidratarlas, para saber cual era el método más efectivo para hacer frente a la congelación y así salvar a más soldados japoneses.
En esa base también se probaban el alcance de las armas y de la metralla recibida en las explosiones, para ello ataban a un poste al sujeto de pruebas y hacían estallar granadas y minas a diferentes distancias, haciendo luego la autopsia o vivisección pertinente para analizar los diferentes resultados. También ataban al sujeto en un poste y probaban el alcance de los lanzallamas y demás armas, colocándolas en diferentes distancias y analizando los resultados.
Realizaban pruebas de resistencia como por ejemplo, colocar el sujeto en cámaras centrifugadoras hasta su muerte, en cámaras de vacío hasta que morían, incluso les inyectaban aire en las venas o simplemente les dejaban colgados boca abajo hasta morir.
Los japoneses no se dejaron nada sin probar: hongos, fiebre amarilla, tularemia, hepatitis, gangrena gaseosa, tétanos, cólera, disentería, antrax, encefalitis de las garrapatas, venéreas, peste bubónica, enfermedades orientales, tifus, tuberculosis, malaria, diferentes venenos de serpientes y otros bichos.
La mayoría de los prisioneros murieron durante o por causas de la esfermedades, pero hubo otros que simplemente los ejecutaron por lo débiles que estaban, puesto que en ese estado los análisis no eran objetivos.
En 1945, despues de interrogar a numerosos prisioneros japoneses llega a oídos del mando americano la existencia del escuadrón 731 y de los experimentos que desarrollaban, y se da comienzo un proceso de investigación, que concluye tras varios años de interrogatorios y persecuciones, con la captura de Shiro Ishii. Y aqui viene lo espeluznante del caso.
El mando americano (que no aliado) hace un trato con Ishii, que consistió basicamente en que yo no te acuso, ni te condeno, ni mueres si nos das todos tus apuntes, datos, análisis y resultados de tus experimentos. Es más te vas a poner al frente de nuestra nueva división de armas biológicas, como es lógico se aceptaron los términos del acuerdo y el coronel Ishii murió en Tokio a los 63 años de edad de cancer de laringe, con casa, coche y en libertad. Los rusos hicieron lo mismo con aquellos científicos que capturaron, a pesar que también experimentaron con soldados rusos.
El proyecto se llamó "Operación Maruta", cuya traducción es "Tronco" y así es como denominaban a los sujetos de pruebas de las investigaciones, porque para ellos no eran personas, eran seres inferiores, pues eso: conejillos de indias.
En este proyecto murieron cerca de 200.000 personas de varias etnias, pero sobre todo chinos y coreanos, y no descartaban a nadie fuera anciano, hombre, mujer o niño. Vamos todo un orgullo para el emperador Hiro Ito, que ni siquiera fue imputado en el Tribunal de Guerra para Oriente.
sábado, 8 de diciembre de 2012
¿Guerra bacteriológica contra Cuba?
Una década más tarde, los cubanos acusaron a EE.UU de introducir una virulenta variedad de dengue en Cuba, que tuvo como resultado el que 273,000 personas contrajeran la enfermedad en la isla y murieran 158, de los cuales 101 eran niños. Un artículo en Covert Action (verano de 1982) describía en detalle los experimentos de EE.UU. con dengue en el centro de armamento químico y biológico del Ejército en Fort Detrkick, así como sus investigaciones sobre el mosquito Aedes aegypti que lo transmite. El artículo señalaba que Cuba fue el único país de la región del Caribe que se vio afectado por esta enfermedad, y concluía que “la epidemia del dengue pudo haber sido una operación norteamericana encubierta”. Dos años más tarde, un dirigente del grupo terrorista Omega 7, Eduardo Víctor Arocena Pérez , admitió (en un juicio en Manhattan en el que fue sentenciado por el asesinato de un miembro de la misión diplomática cubana ante la ONU) que uno de sus grupos tuvo como misión “introducir algunos gérmenes en Cuba para usarlos contra los soviéticos y contra la economía cubana, para empezar lo que se ha llamado una guerra química” justo antes de que se reportaran brotes simultáneos de dengue hemorrágico, conjuntivitis hemorrágica, moho del tabaco, hongos en la caña de azúcar, así como un nuevo brote de fiebre porcina africana (Covert Action, otoño de 1984).
James Banford en su libro Body of Secrets (Doubleday, 2001) reveló que mientras el Pentágono se encontraba refinando sus planes para llevar a cabo un ataque biológico contra Cuba, en la “Operación Northwoods”, el ejército norteamericano desarrolló planes para simular accidentes y causar ira popular. Esto incluyó el asesinar personas en la calle en los EE.UU., el hundimiento de barcos de refugiados en alta mar, así como la destrucción de un barco norteamericano en Guantánamo. No se trató de meros planes de contingencia. Fueron esbozados por el general Lyman Lemnitzer, rabioso anticomunista que encabezó el Estado Mayor Conjunto, a sugerencia del presidente norteamericano (y ex general) Eisenhower, y recibieron el visto bueno de todos los jefes del servicio. Pero palidecen en comparación con la operación cuyo nombre código fue “Plan Marshall”, que habría de lanzarse si las fuerzas norteamericanas hubieran invadido Cuba durante la crisis de los misiles en 1962.
El plan consistía en atacar toda Cuba con agentes incapacitantes, como parte de un ataque biológico que afectaría a millones de cubanos. El director científico en Fort Detrick dijo que una alternativa considerada era la de rociar las tropas cubanas con la letal toxina botulínica, argumentando que eso “sería buena cosa”, puesto que salvaría vidas norteamericanas en la invasión. Judith Miller, que habla sobre este plan en su libro Germs: Biological Weapons and America’s Secret War (Simon & Schuster, 2001) dice que se trataba de un “cocktail” de dos gérmenes y toxinas biológicas que producían náusea extrema, fiebres de hasta 40 grados (cercanas a las que producen estados de coma y la muerte), encefalitis equina venezolana y fiebre Q. “Equipos de Pine Bluff [la principal planta de armas químicas de EE.UU.] prepararon cientos de galones de este cocktail, suficientes para llenar una alberca”, según dice Miller. El jefe de Pine Bluff dijo: “Podríamos movilizar nuestras fuerzas, tomar el país y eso sería todo”.
El director de Fort Detrick dijo que había un “aspecto humanista” del plan, puesto que reduciría el número de bajas debidas al combate. El plan consistía en rociar de oriente a poniente, para aprovechar los vientos alisios para cubrir a La Habana. Esta “humana” guerra biológica de Estados Unidos “únicamente” mataría al 1 ó 2 por ciento de la población cubana. Dado que la población cubana en esa época era de 7 millones, esto significa que el Pentágono planeaba asesinar a entre 70,000 y 140,000 civiles cubanos.
Bibliografía: ↑ «Chemical and biological weapons: possession and programs past and present», artículo en James Martin Center for Nonproliferation Studies,Middlebury College, 9 de abril de 2002.
viernes, 7 de diciembre de 2012
El carbunco (antrax) y la guerra bacteriológica
La primera investigación seria sobre el uso del carbunco como arma biológica fue obra del famoso e infame Escuadrón 731 del Ejército Japonés, en Manchuria. En su singular afán por acumular tantos crímenes de guerra y contra la humanidad como fuera posible, estos japoneses infectaron con diversas enfermedades a cientos de miles de civiles chinos, muchos de los cuales perecieron. Entre tales enfermedades se encontraban varias versiones del carbunco.
Durante la guerra de independencia de la antigua Rodesia ocurrió el mayor brote de carbunco de la historia. El carbunco no es endémico en África meridional, y durante el periodo 1950-1978 sólo hubo 334 casos humanos al sur de Rodesia (lo que ahora se llama Zimbabwe). Sin embargo, a finales de 1978 las cifras comenzaron a multiplicarse; pero, curiosamente, sólo lo hicieron en los territorios concedidos a los agricultores y ganaderos negros –las Tribal Trust Lands–, mientras que las tierras en posesión de colonos blancos no resultaban alcanzadas por el bacilo.
Durante 1979 este brote se convirtió en el principal problema sanitario del país, y para finales de año un tercio de las tierras tribales (el 17% del territorio nacional) estaba plagado de carbunco. Hasta mediados de 1980 se registraron 10.738 casos en humanos (treinta y dos veces más que en los 28 años anteriores, sumados). Estas infecciones eran fundamentalmente de tipo cutáneo; 182 personas perecieron y centenares más quedaron con graves secuelas. Centenares de miles de cabezas de ganado resultaron afectadas.
Finalmente el acuerdo de Lancaster House terminó con la guerra y con el dominio blanco de Rodesia y también acabó con el brote. Para finales de 1980, los casos de carbunco comenzaban a volver a sus cifras históricas.
Recomiendo leer este blog.
lunes, 8 de agosto de 2011
Powerpoint: el medio es el mensaje
Se abre el telón y aparecen unos ejecutivos mirando embobados una pantalla donde se suceden las siguientes imágenes: una modelo despampanante con una mascarilla contra un virus letal, Sadam Husein armado hasta los dientes, el deshielo de los polos y Al Gore hablando por un iPhone. Acompañadas de eslóganes. ¿Cómo se llama la película/papilla informativa? PowerPoint.
La herramienta de presentaciones audio-visuales inventada por Microsoft –que integra animaciones, ilustraciones, fotos, vídeo y sonido– tiene 500 millones de usuarios. “Raramente una herramienta profesional ha ejercido semejante hegemonía sobre las principales formas de comunicación humana: las exposiciones formales y las reuniones”, dice el periodista francés Franck Frommer en El pensamiento PowerPoint. Ensayo sobre un programa que nos vuelve estúpidos, que Península publicará el 22 de septiembre.
"Ya no era posible realizar un anuncio o lanzamiento sin recurrir al programa"
El libro es uno de los ataques más frontales contra un programa informático jamás escrito: el PowerPoint es culpable de desvirtuar el arte del raciocinio, “vaciar el significado de las palabras”, poner de moda los “eufemismos económico-financieros”, convertir una sucesión de “palabras inconexas en discurso”, “primar el espectáculo por encima de la lógica”, usar un “lenguaje empobrecido y convertir la información en marketing”. El PowerPoint no es un soporte inocente. Es una máquina de producir ideología cuya aparición coincidió con cruciales transformaciones en el capitalismo empresarial.
En los noventa, “el tratamiento de la información y el dominio de todas sus formas se convirtió en el alfa y omega de cualquier empresa”, razona el autor. La tecnología de la información barrió con los restos del rígido y jerárquico taylorismo empresarial. Era la hora de la conexión, de la comunicación, de la flexibilidad. Las reuniones de trabajo colectivas se convirtieron en tendencia. “Ya no era posible realizar un anuncio, una presentación, un lanzamiento o una promoción sin recurrir” a un programa “convertido en el soporte privilegiado de una determinada ideología que prefiere la acción eficaz a la reflexión”. “El modelo de la empresa (la gestión, el management, la organización), glorificado en la década de 1980, se convirtió en la tierra prometida del éxito individual y de la eficacia colectiva.
Frente al hiperconsumo, la globalización y el imperativo del lucro a corto plazo, las empresas tuvieron que transformar sus discursos y las formas de relación entre sus empleados. Las estructuras se tornaron más ligeras, flexibles, transversales. Las nuevas herramientas de trabajo (las nuevas tecnologías de la información) aceleraron los intercambios haciéndolos más fugaces, efímeros y a menudo inconsistentes”, resume un libro que analiza el rol de Steve Jobs, Donald Rumsfeld, Colin Powell y Al Gore en la historia del PowerPoint.
Vida y milagros de Al Gore
Lo crean o no, el PowerPoint ha ganado ya un Oscar al mejor documental. ¡Y hasta el Nobel de la Paz! Eso se deduce al menos del fenómeno Una verdad incómoda, el documental sobre el cambio climático ideado por el exvicepresidente de EEUU Al Gore. La película, basada en la presentación multimedia usada por el político en sus conferencias, es una experiencia cinematográfica inaudita: el uso del PowerPoint se convertía por primera vez en el motor de un filme que consistía en “una presentación de diapositivas” que alternaba información medioambiental con relatos de la biografía de Al Gore. “Más que limitarse a enumerar los hechos de un modo frío y mecánico, jugaba simultáneamente con las emociones y con el carácter científico de la denuncia. La escenificación oscilaba entre una presentación objetiva de los hechos y los datos, certificada por las diapositivas, y una manifiesta tendencia a dramatizar la exposición, con profusión de peripecias y anécdotas” .
Al Gore usó el PowerPoint para mezclar la "hagiografía con el relato científico"
Frommer, que califica el filme de “manual práctico de utilización del PowerPoint” y de mezcla de “hagiografía y relato científico”, encuentra aquí todos los vicios conceptuales, ideológicos y estéticos del programa. Desde una falta de jerarquización de los contenidos, que permite colocar al mismo nivel chascarrillos e informaciones cruciales (“Al Gore hace el papel de héroe americano, al mezclar hábilmente anécdotas biográficas e históricas: muestra el fracaso electoral de su programa ecologista, el accidente de su hijo, el cáncer de su hermana. Los detalles biográficos se intercalan con fotografías de glaciares, inundaciones, tifones y complejos gráficos sobre el aumento de las temperaturas o de los índices de dióxido de carbono”), a la utilización de citas impacto sacadas de contexto: “El tiempo de las prórrogas, de las medidas discretas, de los remedios lenitivos y de los expedientes llega a su fin. Ha llegado el tiempo de las consecuencias” (Churchill, 1936). “Esta cita, habitualmente utilizada en distintos ámbitos, sobre todo entre los asesores de gestión empresarial, se ha convertido en un auténtico gimmick de las presentaciones PowerPoint. Es evidente hasta qué punto la apuesta por la exageración y la afición a la espectacularidad pueden conducir a auténticas manipulaciones y a la confusa mezcla de cosas dispares, en este caso la Segunda Guerra Mundial y los problemas ecológicos de principios del siglo XXI”, zanja Frommer.
Colin el mentiroso
El 5 de febrero de 2003 es una fecha mítica en el calendario de la historia del PowerPoint. Colin Powell, al mando de la política exterior estadounidense, utilizó el programa en la sede de la ONU para justificar la invasión de Irak por la existencia de armas de destrucción masiva. El político echó mano de “todos los artificios posibles que ofrece el programa” y “recurrió a los golpes de efecto y a los diversos soportes de comunicación: grabaciones de audio, vídeo, imágenes de satélite, fotografías, dibujos, mapas”.
El clímax llegó cuando Powell mostró unos frasquitos que contenían ántrax made in Irak (eso dijo él, claro). “Gracias a unas poderosas herramientas de comunicación, pretendía presentar hechos reales, más tangibles aún que las fotos o los mapas”, dice Frommer. Powell llevó a los miembros del Consejo de Seguridad (y a los de internautas que vieron su presentación) hasta las arenas del desierto de Irak, en un viaje emocional irresistible. El resto es historia: EEUU invadió Irak, cientos de miles de personas murieron y Powell reconoció dos años y medio después que su PowerPoint contenía tanta verdad como los cubiletes de un trilero.
Las diapositivas de Donald
“Los estrategas militares norteamericanos dependen tanto del PowerPoint que resulta difícil imaginar cómo pudo Eisenhower tomar la complicada decisión del día D sin él”. La cita del periodista James Fallow es una exage- ración irónica. O no. Thomas Ricks relató en Fiasco, ensayo sobre la invasión de Irak, un encuentro para preparar el ataque entre los generales Tommy Franks y David McKiernan. Con un único documento de trabajo: una diapositiva enviada por Donald Rumsfeld. “Hoy en día los comandantes en combate informan sobre sus acciones con un PowerPoint a Washington y al secretario de Defensa... Es frustrante, ¡porque nadie tiene un plan de ataque contra las diapositivas de PowerPoint!”, reconoció Franks.
“En aquella época, muchos criticaron la predilección de Rumsfeld por los PowerPoint fáciles y simplificadores, y su desdén por las notas claras y precisas”, recuerda Frommer. Pero según se fue torciendo la situación en Irak, los altos mandos fueron cabreándose más con el programa. En 2005, el general McMaster prohibió las presentaciones. “El PowerPoint es peligroso porque puede crear la ilusión de la comprensión y la ilusión del control. Algunos problemas del mundo no pueden reducirse a una lista”, confesó el militar a The New York Times. “Acusaba sobre todo a las listas, el verdadero peligro del PowerPoint, porque no tienen en cuenta las complejas relaciones que existen entre las fuerzas políticas, económicas y étnicas.
Para todos estos generales, el programa sepulta la discusión, la reflexión crítica y la toma de decisiones razonada. Pero todos ellos constaban con inquietud que la actividad de muchos militares consiste esencialmente en realizar diapositivas”, explica Frommer. Y si no te sentías preparado para manejar la herramienta, siempre podías recurrir a páginas como Army Study Guide o PowePoint Rangers, con presentaciones sobre cómo utilizar un M16 o cómo sobrevivir a un ataque nuclear.
Steve Jobs, el vendedor
Jobs convierte la apariencia en el contenido en sus presentaciones
El 24 de marzo de 1984 Steve Jobs, presidente de Apple, organizó una convención para “la familia Apple”. Fue la primera de sus presentaciones/conferencias, que se han convertido en “ceremonias perfectamente codificadas en las que aporta el último toque de la puesta en escena. Con la ayuda de una tecnología cada vez más inventiva, el malabarista de los orígenes se ha transformado en un gurú capaz de convertir a millones de fieles, que compran cualquier nuevo gadget tecnológico de la empresa”, detalla Frommer. La repercusión de las presentaciones de Jobs, que utiliza una versión propia del PowerPoint (Keynote), entró en una fase de histeria informativa en 2007, cuando presentó el iPhone.
Desde entonces, cada vez que aparece con un nuevo artilugio el mundo de la comunicación le recibe con fervor mariano, como si fuera a revelar una cura milagrosa. “Esta exhibición [la de 2007] representa la culminación de más de una década de práctica en las presentaciones y concentra, gracias a los desarrollos tecnológicos, todos los efectos retóricos que permiten la herramienta y el talento del orador. Una exuberancia de artificios que se habían ido refinando a lo largo de los años: citas, eslóganes incesantes, discurso hiperbólico sobre las cifras. Con Jobs, llegamos a la quintaesencia de la presentación oral.
La apariencia se convierte en el contenido, el soporte se soporta a sí mismo y ya no se limita a ser un medio para transmitir mensajes y convencer al público. A causa de los excesos de la seducción, la presentación termina autocreándose, autopromoviéndose y autocontemplándose”, dice Frommer, que convierte al mesías tecnológico en un vendedor de enciclopedias.
Gripe y farándula
El pánico desatado por la gripe de 2009 también tuvo su PowerPoint fiasco: el que preparó un gran hospital francés para proyectar en las empresas del país. Once dispositivas para aleccionar a los gerentes que debían gestionar una hipotética situación de pandemia/emergencia. Frommer, que califica los diagramas y gráficos de “ilegibles, confusos e imprecisos”, se detiene sobre todo a analizar las imágenes. Para explicar los distintos tipos de mascarillas, se optó por una fotografía de enfermeros chinos, otra de un médico francés y una tercera… “de una top model de espaldas y con el rostro de tres cuartos, ligera de ropa, con apenas un conjunto de minifalda y sujetador mientras exhibe un bolso y una mascarilla espléndidos de Louis Vuitton”.
La imagen final del PowerPoint, un barco de guerra iluminado por una explosión, aparecía en una diapositiva llamada Reorganizarse. “El texto habla de personal, de familia, de clientes y de visitantes, de ausentismo y de escuelas, en resumen: imposible ver qué relación existe entre el texto y la imagen militar. A menos de que se trate de conseguir que la gente cobre conciencia del peligro y la importancia de las medidas tomadas, atemorizándola mediante una imagen de guerra. La imagen del barco de guerra (o de un buque bajo la tormenta) forma parte de los numerosos clichés analógico-iconográficos que vemos prosperar en las presentaciones, sobre todo en las de empresas, en tiempos de crisis”, razona Frommer, para el que este tipo de “imágenes decorativas sólo producen ruido, parasitando la atención, lo cual puede resultar fatal si el mensaje no es claro”.
La conclusión del periodista francés sobre esta presentación, aplicable a todo el universo PowerPoint, es contundente: “No se trata ya de que la necesidad del discurso imponga la imagen, sino de que los usos y las costumbres de la herramienta parecen imponer la ilustración incluso cuando es innecesaria. La facilidad técnica produce una especie de obligación de decorar que conduce a los despropósitos, como por ejemplo inducirnos a pensar ¡que la marca Louis Vuitton ha creado especialmente para la ocasión una línea de mascarillas contra la gripe!”. Felicidades, pues, a Louis Vuitton por su filantrópica idea contra la gripe. Y larga vida al PowerPoint.
lunes, 28 de junio de 2010
Unidad 731: guerra bacteriológica en Asia
por ARITZ PARRA
En agosto de 1945, la guerra estaba ya casi decidida. La ventaja de los aliados era clara y en Asia, antes de que el Enola Gay abriese sus tripas sobre Hiroshima, a Japón sólo le quedaba planear una retirada con dignidad. Una misión tan táctica como cualquier otro asalto, pues requería borrar los rastros de las atrocidades cometidas. En Manchukuo, la sucursal que el Imperio japonés había plantado en territorio chino —un Estado con Gobierno títere, sumiso a las órdenes de Tokio—, la retirada incluía desmantelar las misteriosas instalaciones del Laboratorio de Investigación y Prevención Epidémica, situado a las afueras de Harbin.
La unidad, disfrazada de planta de purificación de agua, estaba constituida por un centenar de edificios, repartidos en seis kilómetros cuadrados. Entre los médicos y soldados japoneses que allí trabajaban, el lugar era conocido como el Escuadrón 731, un programa secreto de investigación y desarrollo de armas biológicas que, entre 1937 y 1945 —la duración de la Segunda Guerra Chino-Japonesa—, llevó a cabo experimentos con entre 3.000 y 12.000 civiles y prisioneros. Entre éstos había chinos, rusos, coreanos y mongoles, pero también europeos y americanos.
En esta especie de Auschwitz instalado en el corazón de Manchuria se investigó el uso de patógenos como bioarmas y se realizaron pruebas médicas con cobayas humanas. Las cirugías, amputaciones y disecciones a pacientes con vida estaban a la orden del día, en muchos casos sin anestesia pues se consideraba que ésta podía distorsionar los resultados. A los prisioneros se les conocía como ‘marutas’, o maderos en japonés, porque los laboratorios estaban camuflados como aserraderos. Algunos fueron obligados a inhalar gases nocivos; a otros se los abandonaba en el duro invierno del noreste chino para explorar el proceso de congelación de la carne.
También se quiso saber cuánta sangre era capaz de perder un prisionero con un miembro amputado. No pocos acabaron con el cerebro, los pulmones o el hígado extraídos, y a algunos se les inyectó orina de caballo en el hígado, entre los miles de casos dificílmente justificables como exprimentos médicos. En la sede del escuadrón se almacenaban fetos y cuerpos de adultos en formol, y la unidad era capaz de producir grandes cantidades de ántrax y bacterias causantes de la peste bubónica. La operación ‘Cerezos en flor por la noche’, a mediados de 1945, planeaba emplear ataques kamikaze sobre la costa de California con bombas cargadas de esta bacteria. El ataque atómico lanzado por EEUU sobre Hiroshima y Nagasaki interrumpió el plan.
El arquitecto de esta barbarie fue Shiro Ishii. Militar graduado en medicina por la Universidad Imperial de Kioto, Ishii profesaba una macabra fascinación por la guerra bacteriológica. Si había que prohibir las armas biológicas, como había hecho el Protocolo de Ginebra en 1925, era porque podían ser extremadamente poderosas, pensaba Ishii. Convenció al emperador Hiro Hito de la ventaja que la investigación en diversos campos relacionados con la medicina podrían aportar en el campo de batalla y así, dado que Japón quería expandirse hacia el sur de Manchukuo y conquistar toda China, en 1936 le fue asignado el trabajo con un generoso presupuesto.
Como sede del Escuarón 731, Ishii levantó un complejo con aeródromo, línea férrea, barracones, calabozos, laboratorios, quirófanos y crematorio, cine, bar y hasta un templo Shinto. «La misión divina de un doctor es bloquear y tratar las enfermedades», dijo a sus empleados, «pero el trabajo en el que nos vamos a embarcar es lo opuesto». Hablaba en serio. En China, se considera que los ensayos para extender el cólera, ántrax y la peste llegaron a matar a unas 400.000 personas.
Desde el Escuadrón, y bajo la batuta de Ishii, se coordinaba el trabajo de media docena de subunidades similares por todo el sudeste asiático ocupado. Cada una tenía su especialización: el estudio de la peste; la fabricación de bacterias de tifus, cólera o disentería; experimentos para ver cómo respondían los humanos a la privación de alimentos y agua… Al final de la guerra, Ishii ordenó a sus subordinados «llevarse el secreto a la tumba» y durante la huida a Japón, se les entregó cianuro de potasio para poder suicidarse en caso de ser capturados por las tropas aliadas.
El ‘Holocausto asiático’, que incluye la masacre de unos 300.000 ciudadanos en Nanjing en el invierno de 1937, es un capítulo poco conocido en Occidente. Los aliados también contribuyeron a 'enterrarlo': Douglas MacArthur, comandante supremo de las fuerzas aliadas y encargado de la reconstrucción de Japón tras la contienda, concedió inmunidad a los médicos a cambio de los resultados de su investigación. Los tribunales de guerra de Tokio nunca juzgaron estos hechos y sólo la URSS procesó a una docena de implicados en el proceso de Jabarovsk, en 1949.
Así, la mayoría de personal del Escuadrón regresó a salvo a Japón, donde muchos se convirtieron en reconocidos políticos, médicos y hasta representantes del Comité Olímpico Japonés. Sólo unos pocos se arrepintieron de sus actos al final de sus vidas. Ishii, el ‘doctor muerte’, falleció en 1959 en su hogar, tras pasar una vida tranquila, aquejado de un cáncer de garganta. Tenía 67 años.






