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martes, 18 de octubre de 2016

Empresas químicas más grandes que ciudades

En los laboratorios siempre hay un catálogo de productos químicos Merk. Es un libro bien grandote lleeeeno de productos químicos distintos. Impresiona ver la fotografía de la fábrica principal de Merk en Darmstadt, Alemania:
Recientemente la empresa química alemana BASF ha sufrido una explosión en su planta de Alemania. Cuando entro en Google para ver una fotografía aérea de la fábrica no puedo por menos que quedarme maravillado: una auténtica ciudad, miles de kilómetros de tuberías de acero inoxidable, una organización impecable.
La fábrica de BASF es una auténtica ciudad a orillas del Rhin. Fuente
La fábrica ha saltado recientemente a los medios de comunicación porque una explosión le ha costado la vida a un trabajador. Fuente
Esta fábrica fue arrasada por los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial. Y la volvieron a levantar: sabían como hacerlo. 
La fábrica destruída por los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial. Fuente
Nací en O Porriño, mi padres padres trabajaron ambos en Zeltia Agraria, posteriormente mi madre dejaría su trabajo, mi padre trabajó 40 años en esa empresa. También mi tío Pepe trabajaba allí. Mi tía Pacita y mi tío Suso trabajaban en Cooper Zeltia.
Imagen aérea de Syngenta Agro, antiguamente Zeltia Agraria y de Biofabri, antiguamente Ici Farma, ambas situadas en O Porriño. Fuente
Esta es la vista aérea de la antigua fábrica de Cooper Zeltia, dedicada a productos veterinarios, sita en O Porriño. Fuente
Estas empresas empezaron su andadura en 1939. El empresario José Fernández se trajo a O Porriño a científicos represaliados por las fuerzas fascistas que habían perdido sus trabajos en la Universidad Central de Madrid (Ahora Complutense). Ellos y los trabajadores del pueblo pusieron a andar esta industria. Muchas horas de trabajo. Estas empresas cambiaron de dueño pero no se cerrraron. A diferencia con otras industrias, en estos edificios hay muchos kilómetros de tuberías de acero inoxidable. No es el valor de las instalaciones, es el valor de los obreros que saben cómo hacer que esos monstruos complejos funcionen. Por eso cuando se ponen a la venta siempre hay un comprador. 

A comparación de las ciudades-fábrica alemanas, las empresas porriñesas son pequeños pueblos. Pueblos que se desarrollaron a partir de pequeñas aldeas. Pueblos que se han formado bastantes años después que esas ciudades-fábrica alemanas. Comenzar un proyecto de estas características es algo bastante complejo. 
Explanada de Enfarma. En esta explanada iba a construirse la fábrica nacional de medicamentos del Ecuador. Fuente
En el Ecuador, desde el gobierno, se trató de poner la semilla para que una de estas ciudades se desarrollase, pero no se pudo ¿Hemos aprendido algo del proceso? Quizás la clave esté en la autonomía operativa. Veamos: 

Fragmento del documental "Operación Algeciras". Los argentinos en la guerra de las Malvinas mandaron un comando a Gibraltar para volar barcos ingleses que en esa base no contaban con protección antisubmarina. El comando estuvo en disposición de volar hasta tres barcos. Al final no se pudo porque tenían que informar de cada movimiento al almirantazgo argentino. Las comunicaciones estaban intervenidas y por tanto la operación al descubierto. Durante el documental al responsable de la misión se le pregunta porqué fracasó la misión. La conclusión es fácil: Falta de autonomía operativa. Con esta frase el participante del comando pone el dedo sobre la llaga. La falta de autonomía operativa les llevó al fracaso. Esto ocurre en el ámbito militar, en el académico, en el empresarial... Durante el documental señala al culpable: "la armada pone a un oficial de ellos de enlace [...] esto es muy importante porque nosotros no teníamos autonomía operativa".

viernes, 30 de septiembre de 2016

Revivir las levaduras de la primera cerveza americana

Un equipo de investigadores ecuatorianos que ya habían resucitado levaduras preincaicas han conseguido revivir la levadura con la que se hizo la primera cerveza en América. Si señoras y señores, aquí en Quito, Ecuador, en el convento de San Francisco. Para leer toda la historia pinchar aquí.

viernes, 10 de abril de 2015

Detectar humedad mediante grafeno unido a esporas bacterianas


Graphene quantum dots deposited on a sporating bacteria produces a graphene coated spore. Upon attachment of electrodes across the cell, a bio-electronic device is produced that is highly sensitive to humidity. Here, the spore reacts actively to humidity; and the reaction is translated to an electronic response from the interfaced graphene quantum dots. Credit: Berry Research Laboratory at UIC (Click on image to download.)
As nanotechnology makes possible a world of machines too tiny to see, researchers are finding ways to combine living organisms with nonliving machinery to solve a variety of problems.
Like other first-generation bio-robots, the new nanobot engineered at the University of Illinois at Chicago is a far cry from Robocop. It’s a robotic germ.
UIC researchers created an electromechanical device — a humidity sensor — on a bacterial spore. They call it NERD, for Nano-Electro-Robotic Device. The report is online at Scientific Reports, a Nature open access journal.
“We’ve taken a spore from a bacteria, and put graphene quantum dots on its surface — and then attached two electrodes on either side of the spore,” said Vikas Berry, UIC associate professor of chemical engineering and principal investigator on the study.
“Then we change the humidity around the spore,” he said.
When the humidity drops, the spore shrinks as water is pushed out. As it shrinks, the quantum dots come closer together, increasing their conductivity, as measured by the electrodes.
“We get a very clean response — a very sharp change the moment we change humidity,” Berry said. The response was 10 times faster, he said, than a sensor made with the most advanced man-made water-absorbing polymers.
There was also better sensitivity in extreme low-pressure, low-humidity situations.
“We can go all the way down to a vacuum and see a response,” said Berry, which is important in applications where humidity must be kept low, for example, to prevent corrosion or food spoilage. “It’s also important in space applications, where any change in humidity could signal a leak,” he said.
Currently available sensors increase in sensitivity as humidity rises, Berry said. NERD’s sensitivity is actually higher at low humidity.
“This is a fascinating device,” Berry said. “Here we have a biological entity. We’ve made the sensor on the surface of these spores, with the spore a very active complement to this device. The biological complement is actually working towards responding to stimuli and providing information.”
T. S. Sreeprasad and Phong Nguyen of UIC were lead co-authors on the study. Sreeprasad, a postdoctoral fellow, is now at Rice University in Houston. Ahmed Alshogeathri, Luke Hibbeler, Fabian Martinez and Nolan McNeiland, undergraduate students from Kansas State University, were also co-authors on the paper.
The study was supported by the Terry C. Johnson Center for Basic Cancer Research and partial support from the National Science Foundation (CMMI-1054877, CMMI-0939523 and CMMI-1030963) and the Office of Naval Research (N000141110767).

viernes, 16 de enero de 2015

Lograron aumentar seis veces la producción de biomasa celular sobreexpresando un gen

[Img #24548]
 Un estudio publicado en la revista Microbiology, del que participó Héctor Alvarez, investigador independiente del CONICET en la Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco (UNPSJB), en Argentina, identifica y caracteriza un gen que codifica una proteína transportadora de ácidos grasos en la bacteria Rhodococcus jostii
Los microorganismos de este género tienen la capacidad de producir grandes cantidades de aceites a partir de diferentes fuentes de carbono, por lo que podrían ser útiles para la producción de biocombustibles o biolubricantes.

“Lo que hicimos específicamente en este trabajo es identificar una proteína transportadora que se encuentra en la membrana de las bacterias que transporta lípidos, es decir, compuestos relacionados con el control de la producción de los triglicéridos. Si bien en los últimos años se identificaron varios genes y proteínas relacionadas con el proceso de producción de lípidos, hasta el momento no se habían encontrado o descripto ninguna proteína transportadora”, agrega Álvarez.

El investigador explica que sobrexpresando este gen en una bacteria modelo lograron aumentar seis veces la producción de biomasa celular y tres veces la de triglicéridos. “Este resultado por un lado es importante desde el punto de vista del conocimiento fundamental del proceso. Por otro lado, es interesante desde el punto de vista tecnológico porque uno podría imaginarse cierta aplicación de este proceso de ingeniería genética para la producción de aceites a escala industrial utilizando residuos orgánicos”, dice.

El proceso permite el uso de residuos orgánicos ricos en ácidos grasos para nutrir a la bacteria que es la encargada de aumentar el ingreso de estas moléculas al interior de la célula convirtiéndolas en aceites bacterianos que pueden ser utilizados en la elaboración de biodiésel o biolubricantes. El científico destaca que en España podrían reutilizarse los desechos provenientes de la producción de aceite de oliva.

Asimismo, Álvarez aclara que las bacterias del género Rhodococcus se encuentran con frecuencia en los suelos áridos de la Patagonia, pero no solo están presentes en esta zona sino que todo este tipo de bacterias es bastante cosmopolita.

“Nos interesa especialmente porque la vemos como un recurso natural de la región. En realidad este estudio lo hicimos en una cepa modelo que venimos estudiando hace años pero el resultado es perfectamente extrapolable a las cepas bacterianas nativas de la zona”, comenta. (Fuente: CONICET/DICYT)

lunes, 22 de diciembre de 2014

El alfabeto genético expandido y la promesa de patentes, muchas patentes

Arriba las dos nuevas bases nitrogenadas, llamadas X e Y, y abajo nuestros viejos conocidos citosina y guanina.

 Le he estado dando vueltas a la importancia de este trabajo, elegido como uno de los más sobresalientes en el 2014 por la revista Science, y la verdad tengo mis dudas. El trabajo es exquisito, un alarde de biología molecular. Este tipo de organismos con un alfabeto genético expandido serán de ayuda para entender porqué la evolución ha primado que todos los organismos tengan sólo 4 bases nitrogenadas. Es además una herramienta poderosa para poder, como un sofisticado control negativo, hacer preguntas sobre como funciona el código genético, sobre la interacción de las bases nitrogenadas y los ARN transferentes, el funcionamiento fino (a nivel atómico) del ribosoma, la generación de nuevos aminoácidos...

Mi duda es ¿Para qué?. En los artículos de divulgación hablan de nuevos medicamentos, de componentes nuevos que no se encuentran en la naturaleza, nuevas formas de nanotecnología...

Mi sospecha es que este descubrimiento abre la puerta a las entidades biológicas patentables. Por ejemplo, los fagos son una excelente alternativa a los antibióticos. No se pueden patentar porque como entidades biológicas la legislación dice que no se pueden patentar. En el caso de que la legislación se modificase y se permitiese patentarlos (con las leyes todo es posible) habría formas de escapara a la patentes. Si a los virus se les deja replicarse acaban mutando y por tanto siendo diferentes a la patente original. Además, esto lo puede hacer cualquiera. Sin embargo, si tu entidad biológica tiene unas bases nitrogenadas que SOLO TU PUEDES HACER, entonces ya no son entidades biológicas y además tampoco se pueden piratear fácilmente.

Creo que ha sido un gran avance para el desarrollo de industrias de biotecnología que gocen de patente y de una tecnología difícilmente reproducible. Un sueño para cualquier industria.

http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2014/05/140508_ciencia_adn_codigo_bases_artificiales_biologia_sintetica_np

http://esmateria.com/2014/05/07/el-alfabeto-de-la-vida-gana-dos-letras-artificiales-creadas-por-el-hombre/

Sitio en el cromosoma bacteriano en donde se insertaron las dos nuevas bases nitrogenadas. Estas dos nuevas bases no codificaron para proteínas.

domingo, 2 de noviembre de 2014

O Porriño, un cluster biotecnológico que nació gracias a los represaliados políticos




Conozco la historia bien. José Fernández López, funcionario del estado, se dio cuenta que con la Guerra Civil española muchos profesores investigadores residentes en Madrid se habían quedado sin trabajo por sus opiniones políticas (Depurados en la perversa jerga de entonces). José Fernández ya tenía un matadero en O Porriño así  que se los trajo para este pueblo de la provincia de Pontevedra y montó Zeltia, una empresa destinada a surtir al mercado nacional con una serie de productos de los que había escasez por estar Europa, la productora de esos productos en guerra. Ese es el origen de que en O Porriño esté la tercera concentración de industrias biotecnológicas española después de Barcelona y Madrid. 

El grupo gallego CZ Veterinaria, con sede en O Porriño fabricará hasta marzo más de 50 millones de unidades de vacunas contra el virus de la lengua azul para abastecer al mercado europeo, ante el repunte de esta enfermedad, que afecta al ganado ovino y bovino.
«Este año hemos servido ya vacuna contra el virus de la lengua azul a comunidades autónomas españolas, al Ministerio de Agricultura y a la Administración de Portugal», explica la empresa que, además, está negociando el suministro del fármaco fabricado en Galicia a países de Europa del Este, en donde están sufriendo brotes que tienden a extenderse hacia el centro de Europa.
Despegue en Europa
Desde que apareció esta enfermedad en el año 2006, CZ Veterinaria ha producido millones de unidades del medicamento para su venta a los Gobiernos español, portugués y alemán. La compañía también ha participado en los concursos públicos para suministrar a Francia, el Reino Unido y Suiza.
Además, en los próximos 8 meses tiene comprometido surtir 10 millones más de otro tipo de vacunas de uso veterinario
CZ Veterinaria, propiedad de la familia Fernández Puentes - primos del presidente de Zeltia, José María Fernández de Sousa, y de su hermano Manuel Fernández de Sousa, expresidente de Pescanova-, es la evolución de la antigua Cooper Zeltia, nacida en 1964. Desde 1991 se especializó en vacunas animales y despegó definitivamente con la comercialización de fármacos preventivos para la enfermedad de Johne (para tuberculosis), brucelosis bovina, gripe aviar o lengua azul.
Solo en el año 2008, cuando facturó 43 millones de euros, elaboró 80 millones de dosis de la vacuna para esta última enfermedad, convirtiéndose en el primer proveedor español y en uno de los tres mayores de toda Europa.
Otra de sus especialidades son los tratamientos preventivos para peces. El centro elaborará doce tipos de vacunas contra diferentes enfermedades víricas y bacterianas que suelen afectar a las producciones acuícolas, y tiene capacidad para fabricar 8.000 litros de antígenos a la semana.
La linea de producción veterinaria reporta a la compañía una facturación superior a los 16 millones de euros, según datos del Informe Ardán 2014 (elaborado sobre el ejercicio 2012, en el que la plantilla estaba integrada por 138 empleados).
Vacunas humanas
Además, su filial biotecnológica Biofabri es la primera empresa de España que ha asumido la producción íntegra de un fármaco inoculante, nada menos que la primera vacuna contra la tuberculosis, una enfermedad que causó más de 1,3 millones de muertes y 8,6 millones de infectados en el mundo el pasado año. Su misión consiste en desarrollar y fabricar una patente propiedad de la Universidad de Zaragoza, que saldrá al mercado también el 2016.
Biofabri supera los 6 millones de euros de facturación, según el Ardán 2014, y cuenta con una plantilla de 80 trabajadores.

miércoles, 11 de junio de 2014

Filtros de aire con bacteria. Adiós a los malos olores

Científicos de la Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Cuajimalpa (UAM-C), encabezados por el doctor Sergio Revah Moiseev, ganador del Premio Nacional de Ciencias y Artes 2010, elaboraron un filtro biológico que utiliza bacterias para desarmar algunas de las moléculas que generan malos olores, llamadas  compuestos reducidos del azufre, como el ácido sulfhídrico (H2S).
Los basureros, las plantas de tratamiento de aguas y algunas industrias que trabajan con materiales orgánicos desprenden malos olores que no son venenosos pero sí muy molestos para la población. Estos aromas son detectados por las personas incluso cuando están en concentraciones muy bajas, por ejemplo de una parte por millón.
Debido a que el aire tiene características diferentes al agua no se pueden liberar estos microorganismos en el ambiente y esperar a que limpien el aire contaminado con malos olores. La solución que diseñaron los científicos universitarios fue construir algo que llaman bio-reactores que son unos cilindros o cuadrados por los cuales debe cruzar la corriente de aire contaminado y adentro están los organismos vivos microscópicos que desarman el ácido sulfúrico y atrapan el azufre para que salga aire limpio e hidrógeno.
Dentro del cilindro o cuadrado donde están los microorganismos que limpian el aire hay una especie de esponja de plástico sobre la cual viven los microorganismos y ésta se baña con un líquido que tiene sales y sirven también de alimento a las bacterias. Así se construye lo que se puede llamar un reactor o, con más precisión, un bio-reactor.
“Manteniendo las condiciones de humedad y temperatura apropiadas, estos equipos pueden funcionar durante años, básicamente sin necesidad de renovar los empaques. Utilizamos plásticos por los cuales está escurriendo un líquido con nutrientes para estas bacterias. Las bacterias crecen  en la superficie de estos plásticos y entonces los contaminantes que van en el aire se disuelven en estas películas microbianas y los organismos degradan a los contaminantes”, explicó el doctor Revah Moiseev.
Aunque ya se conocía el hecho de que algunas bacterias podían desarmar los compuestos reducidos del azufre, el equipo de la UAM Cuajimalpa hizo otro hallazgo que hace a sus filtro muy diferente y que eleva su eficiencia: después de explorar diferentes aguas y suelos, como los del lago de Texcoco, encontraron unos microorganismos que soportan condiciones extremas de acidez, pero que también trabajan muy bien en ambientes alcalinos.
“Para darnos una idea de la eficiencia de estos sistemas, le puedo contar que hemos trabajado con emisiones de ácido sulfhídrico en bajas concentraciones, pero que son muy detectables por nosotros los humanos, por ejemplo concentraciones de 10 partes por millón, en reactores de este tipo a Ph 10, donde el aire pasa a través del reactor en dos segundos, que son tiempos muy rápidos para sistemas biológicos. Un reactor de mil litros podría tratar 30 mil litros por minuto de aire contaminado”, añadió el doctor Revah, quien es director de la División de Ciencias Naturales e Ingeniería de la UAM-C.
Estos filtros de aire o bioreactores son pioneros en su tipo, no sólo por la esponja plástica que los soporta, sino por el tipo particular de bacteria que purifica el aire y elimina los malos olores. Los primeros beneficiados con esta herramienta podrían ser los depósitos de basura pero hay diferentes tipos de industria que trabajan con materiales orgánicos que pude beneficiarse, al  mismo tiempo que se estudia la actividad de estas bacterias para desarmar otros compuestos químicos que producen olores molestos a la población.
- See more at: http://bitacora.ingenet.com.mx/2013/09/id-quitan-con-bacterias-malos-olores-de-basureros/#sthash.Ef8SuhDK.dpuf

miércoles, 1 de mayo de 2013

Un coloide que reconoce la forma de las bacterias: nueva alternativa a los antibióticos

Abstract Image

http://pubs.acs.org/doi/abs/10.1021/ja400781f

En el último número de la revista J. American Chemical Society (ver link arriba) ha aparecido un artículo sobre una terapia basada en los "misiles biológicos". En los años noventa del siglo pasado cuando acabé mi licenciatura, el área de la investigación en cáncer estaba entusiasmada con lo que, de manera muy efectista, fueron llamados "misiles biológicos". Estos eran liposomas, es decir, burbujas de grasa rellenos de alguna sustancia tóxica, rebozados de anticuerpos anti células cancerosas. Se suponía que estas "bombas" circularían por el torrente sanguíneo hasta que se encontrasen con las células cancerígenas. Los anticuerpos al adherirse a la célula cancerígena deformarían la esfera del liposoma ocasionándole su ruptura y la liberación de la toxina. De esta manera tan elegante se mataría selectivamente, como si se tratase de un misil de última generación, sólamente a las células cancerosas. Lo que funcionaba en el laboratorio, es decir "in vitro", no funcionaba en pacientes. Fin de una historia prometedora para erradicar el cáncer

Ahora, en 2013, esta idea vuelve pero para combatir a aquellas bacterias resistentes a todo tipo de antibióticos. Ahora en vez de utilizar un liposoma (membrana esférica que puede contener sustancias en su interior) ahora utilizan un coloide, un coloide que tiene la forma de la bacteria a la que se quiere combatir. El coloide está relleno de toxina y rebozado de anticuerpos específicos anti la bacteria que se quiere combatir. Funciona en laboratorio. Ahora hay que esperar que funcione en pacientes. Sería una solución para combatir a aquellas bacterias que resisten todos los antibióticos conocidos. Esperemos a ver las pruebas en humanos.

De todas formas, frente a los antibióticos existen terapias de virus anti-bacterias que son específicos y que las aniquilan. Este es una línea de trabajo que se empezó en los antiguos países del este pero que no se ha extendido mucho. Creo que tenían unos resultados muy interesantes. Seguiremos indagando

miércoles, 24 de abril de 2013

Diesel sintético cortesía de E. coli


Un equipo de la Universidad de Exeter ha conseguido una modificación genética de la bacteria que le permite producir un combustible químicamente idéntico al diésel utilizado en automoción. El derivado es tan perfecto que, a diferencia de lo que ocurre con otros biocombustibles, no es necesario ni modificar el motor de los coches ni mezclarse con otros aditivos del petróleo para poder funcionar.
Los científicos modificaron los genes de una cepa de E.Coli para que en lugar de transformar el azúcar en grasa, lo que hace de forma natural, lo convierta en moléculas de hidrocarburo sintético con una composición química similar al diésel. La técnica funciona a nivel experimental, pero ahora habrá que superar el gran desafío de lograrlo de forma industrial, ya que para lograr una simple cucharilla de diésel sintético se necesitan 100 litros de bacterias. En quince años se sabrá si se consigue.

Read more: http://bit.ly/14Lo3YA
Image credit: Marian Littlejohn
Journal article: Synthesis of customized petroleum-replica fuel molecules by targeted modification of free fatty acid pools in Escherichia coli. PNAS, 2013 http://bit.ly/17XeX9T

domingo, 16 de diciembre de 2012

Geobacter sulfurreducens depura el agua y produce energía eléctrica. ¿Hay quién de más?


Imagen cedida por la Universidad de Alicante de la bacteria
Un grupo de investigadores españoles y extranjeros ha desarrollo un proyecto que permite obtener energía limpia directamente de la depuración de aguas residuales, gracias a la ayuda de una insólita bacteria capaz de producir electricidad durante su intervención en ese proceso de purificación hídrica.
Este trabajo de investigación, coordinado por el director del Instituto Universitario de Electroquímica de la Universidad de Alicante (UA), Juan Miguel Feliu, ha consistido en diseñar un prototipo de pila microbiana para uso industrial que genere de forma simultánea energía y depure aguas residuales.
El proyecto, financiado con tres millones de euros por la Unión Europea, puede aplicarse principalmente en las empresas dedicadas a la depuración de aguas, a las que les supondría un considerable ahorro en los gastos energéticos derivados del tratamiento usado para eliminar los componentes residuales hídricos, que representan en la actualidad entre el 50 y el 60% de los costes.
El Instituto Universitario de Electroquímica de la UA ha liderado esta investigación multidisciplinar, denominada 'Bacwire' (Interconexión bacteriológica para la conversión de energía y biodescontaminación), que comenzó en octubre de 2009 y que acaba de finalizar, han explicado a Efe los doctores Víctor José Climent y Juan Manuel Ortiz, dos investigadores de este centro.
Además del citado instituto, considerado un centro de referencia europeo en la investigación de la electroquímica, han participado en el proyecto las universidades de Alcalá de Henares (Madrid), de Liverpool (Reino Unido) y de Berna (Suiza).
También han intervenido el Instituto de Investigaciones en Ciencia y Tecnología de Materiales (Intema) de Mar de Plata (Argentina) y la empresa danesa especializada en ingeniería electroquímica Electro-Cell.
Esta "aventura científica", en la que se han combinado la electroquímica, la microbiología y las nanotecnologías, ha partido de los conocimientos previos sobre un microorganismo, conocido como Geobacter Sulfurreducens, que vive en los entornos marinos y lechos de ríos donde no hay oxígeno.
Dicho microorganismo tiene "la capacidad de crecer sobre un electrodo", lo que posibilita aprovechar la electricidad generada durante su metabolismo para crear "un tipo muy particular de batería, llamada pila de combustible", ha indicado Climent, quien ha señalado que "esto permite la producción de electricidad al tiempo que elimina residuos contaminantes".
En una primera fase de la investigación, los científicos estudiaron, a nivel muy básico y a escala de laboratorio, la fisiología de esta bacteria y su capacidad de "comunicarse eléctricamente con distintos metales para optimizar las condiciones de generación de la electricidad", ha revelado este investigador.
Posteriormente, emplearon ese conocimiento adquirido para diseñar diversos prototipos, de tamaños cada vez mayores, de pilas microbianas, que ya están en funcionamiento en las instalaciones del Instituto Universitario de Electroquímica de la UA para su posible aplicación a nivel industrial.
Los prototipos actuales llegan a producir una potencia eléctrica de entre 20 y 40 vatios por metro cuadrado, lo que equivale a unos 5 kilovatios por metro cúbico de agua tratada.
Según Ortiz, un prototipo de investigación dentro de ese ámbito es considerado que puede ser aplicable a nivel industrial cuando supera la potencia de 1 kW/m3.
El agua residual es el combustible que emplea el dispositivo creado por estos investigadores para obtener la energía eléctrica.
La novedad de este prototipo radica en que la energía eléctrica se logra de manera directa, sin etapas intermedias, como puede ser la formación de gas metano, lo que aumenta notablemente la eficiencia del proceso, ha destacado Climent.
Aunque el proyecto ha finalizado, los investigadores creen que se pueden optimizar aún más los resultados del prototipo diseñado y aumentar la potencia eléctrica mediante una serie de modificaciones en las condiciones en que esta bacteria se une al electrodo para mejorar su rendimiento energético.

Referencia

miércoles, 29 de agosto de 2012

700 terabytes en un gramo de ADN


Almacenar datos informáticos en secuencias de ADN o en soportes de memoria basados en ADN puede sonar raro y lo es. Pero es posible y al parecer es un método bastante capaz: un grupo de investigadores ha conseguido almacenar unos 700 terabytes (unos 720.000 GB) en un gramo de ADN.

Al fin y al cabo el ADN almacena información, que es algo que nos encanta hacer a los humanos; nos pasamos el día averiguando dónde más y cómo almacenar datos con la mayor capacidad y velocidad de acceso a ellos que sea posible. Y el ADN parece un buen lugar: un disco Blu-Ray puede contener hasta 25GB, o 50 GB si es de capa doble, por lo que hacen falta unos 14.000 para igualar la capacidad de un gramo de ADN. Más aún, almacenar una cantidad de información equivalente supondrían más de 230 discos duros de 3 TB, que suponen unos 150 kilos de peso, calculan en ExtremeTech.

Hace unos meses un equipo de genetistas y nanoingenieros combinaron ADN de salmón y nanopartículas de plata para construir un soporte de memoria que funciona de forma similar a un disco óptico. Es decir, se escribe la información una vez, la cual queda secuenciada en el ADN, y se puede leer tantas veces como se quiera. Según los investigadores una vez configurado el polímero compuesto por ADN y nanopartículas el patrón de datos se mantiene inalterable de forma indefinida.

Tanto si el destino es una memoria basada en ADN como una secuencia de ADN convencional el proceso es similar: primero hay que convertir la información digital, que se expresa en forma de 1 y 0 en el lenguaje del ADN, que utiliza las bases A, G, T y C.

Por ejemplo, los ceros se convierten en el par de bases A o C y los unos en las bases G o T. La secuencia codificada se guarda en cadenas de ADN convencional o modificado, caso del modelo con nanopartículas de plata. Así es como un investigador guardó miles de millones de copias de su último libro en un pequeño tubo de ensayo «y en condiciones normales durarará cientos de años». O lo que es lo mismo: un dispositivo con este tipo de memoria puede almacenar, «en lo que ocupa un dedo pulgar tanta información como la que hay en Internet».

De momento la técnica sigue estando limitada a su uso en laboratorio y al desarrollo de variantes basadas en el mismo principio, pero el coste de secuenciar ADN se ha reducido significativamente en los últimos 10 años, pasando de los 10.000 dólares por cada millón de par de bases secuenciada a los 10 céntimos por millón actuales.

martes, 24 de julio de 2012

martes, 27 de marzo de 2012

La bacteria Shewanella se come las piedras


La bacteria Shewanella, prima de E. coli.

Reproduzco esta entrevista publicada en el diario madrileño ABC por J. de Jorge. Me parece una noticia interesante y bien redactada y con interés.

Hace un par de décadas, Ken Nealson recuperó del lago Oneida de Nueva York un organismo llamado Shewanella, una rara bacteria capaz de respirar... rocas. Cree que esta minúscula criatura puede ser la clave para eliminar nuestros residuos, purificar el agua y, al mismo tiempo, proporcionar energía.

-Perdone, ¿ha dicho respirar rocas?

-Exactamente. Nosotros solo comemos carbono orgánico, pero las bacterias comen cualquier cosa de la que puedan recibir electrones: hidrógeno, sulfato de hidrógeno, compuestos inorgánicos que muchas veces son veneno para los humanos.

Descubrimos que la Shewanella puede sobrevivir perfectamente en la superficie de las rocas incluso sin oxígeno, y que la roca cada vez se hace más pequeña, ya que la utiliza igual que nosotros usamos el oxígeno. Y eso es lo que llamamos respirar rocas, un transporte de electrones extracelular. Te aseguro que en su día fue difícil que nos creyeran. Pero veinte años después mucha gente ha tenido los mismos resultados que nosotros.

-¿Y qué utilidad práctica tiene este descubrimiento?

-Muy sencillo. Si las bacterias son capaces de transferir electrones a la roca, por qué no creamos una cámara anaeróbica, quitamos la roca e introducimos un electrodo. Entonces las bacterias nadarán hacia él, transferirán todos sus electrones al electrodo y estarán encantadas porque tienen algo que respirar. Esto es lo que llamamos una pila de combustible microbiana. Eliminamos los residuos, purificamos el agua y encima nos pagan por ello porque conseguimos electrciidad.

-Parece redondo.

-Suena demasiado bonito para ser verdad, pero es una tecnología apasionante, completamente ecológica, que podría utilizarse en una gran ciudad. Las depuradoras y plantas de tratamiento de alcantarillado son ineficientes. Mi visión es que dentro de veinte años muchos productos de desecho, tanto residuos humanos como industriales, se eliminarán utilizando este método.

-¿Cómo se está desarrollando?

-Aproximadamente diez o quince empresas de todo el mundo (Israel, Australia, Bélgica...) están invirtiendo mucho dinero para que esta tecnología funcione. Creo que una o dos de ellas tendrán éxito.

-¿Cuándo podrá utilizarse?

-Lo mejor que puede ocurrir con esta tecnología, me refiero a corto plazo, es que se fabriquen unidades portátiles que consigan producir suficiente electricidad para que funcionen de forma autónoma. Permitiría llevarlas a países del Tercer Mundo para que la gente elimine sus residuos sin echarlos al río, al tiempo que les ofrecemos agua totalmente limpia. Cambiaría la salud de la población de esos países. Eso se puede hacer ya, pero tiene que hacerlo alguien que no esté interesado en ganar mucho dinero.

-Pero, si produce energía...

-Los mejores sistemas que se están desarrollando producen entre 1 y 10 vatios por metro cuadrado. De momento, no podemos poner en marcha un electrodoméstico, pero la idea no es resolver la crisis energética, más bien permitirnos acabar con los contaminantes en lugares donde no haya infraestructrua eléctrica. Por nuestra experiencia, producen la electricidad necesaria para funcionar por si solas y eso es fantástico si no tienes un enchufe cerca. Una central eléctrica gasta millones al año en electricidad solo para funcionar.

-¿Es difícil conseguir esa bacteria?

- No es una bacteria rara. Está estrechamente relacionada con las E-coli y otras que conocemos bien, no es muy antigua. Se encuentra en aquellos lugares donde no hay oxígeno, por ejemplo, en el estómago de los peces o en sedimentos.

martes, 13 de marzo de 2012

Science for the people. Ciencia para el pueblo.

Publicado en rebelion.org por Joan Benach y Carles Muntaner

Prólogo del libro de Eduard Rodríguez Farré y Salvador López Arnal, Ciencia en el ágora. El Viejo Topo, Mataró (Barcelona), 2012


Vivimos en un mundo cautivo, desarraigado y transformado por el colosal proceso económico y técnico-científico del desarrollo del capitalismo que ha dominado los dos o tres siglos precedentes (….) hay síntomas externos e internos de que hemos alcanzado un punto de crisis histórica.” Eric Hobsbawm

La ciencia es cómplice de todo lo que le piden que justifique”. Pierre Bourdieu

Aunque durante el último tercio del siglo XIX la tecnología basada en el conocimiento científico se convirtió en un factor esencial para la vida social (baste pensar en la aparición de la radio, el cinematógrafo, los automóviles o la aviación), fue en el siglo XX cuando la ciencia y la tecnología modernas se convirtieron, directa o indirectamente, en algo “sin lo cual la vida cotidiana era ya inconcebible en cualquier parte del mundo.” [1] Como a principios de ese siglo mostraron los avances en medicina y salud pública, las comunicaciones o, muy en especial, el armamento bélico, la ciencia y la tecnología no sólo transformaron radicalmente nuestro conocimiento del mundo sino también el propio mundo. Tras la I Guerra Mundial, se fortaleció enormemente la vinculación entre ciencia, estado y ejércitos, convirtiéndose los gobiernos en los principales patrocinadores y clientes de la tecno-ciencia; pero fue a partir de la II Guerra Mundial cuando se consolidó e institucionalizó definitivamente la ciencia a través de su militarización con planes como el Proyecto Manhattan, producto del cual surgió una nueva tecnología militar de consecuencias devastadoras con la bombas nucleares lanzadas por EE.UU. sobre Hiroshima y Nagasaki. Los daños producidos por una tecnología tan peligrosa tenían relación directa con el hecho de disponer un conocimiento científico de enorme calidad. Como sintetizó con claridad Manuel Sacristán: “la peligrosidad o ‘maldad’ práctica de la ciencia contemporánea es función de su bondad epistemológica” [2,3]

En las últimas décadas del siglo XX, el desarrollo científico-técnico (y muy especialmente la investigación militar) y con él el número de científicos, ingenieros y tecnólogos incrementó de forma muy pronunciada su poder bajo el liderazgo de Estados Unidos [4] Durante los años 60, la emergencia de movimientos sociales críticos, incluido el rechazo neo-romántico de la ciencia y la tecnología, las protestas de la izquierda política, y luchas contra guerras como la de Vietnam en los EE.UU. y Europa, promovieron que la sociedad y los propios científicos plantearan con mayor radicalidad su papel social creciendo muy marcadamente la preocupación y conciencia sobre las consecuencias reales o potenciales de los descubrimientos científicos y las tecnologías, no solo armamentísticos sino también en la física, la química, la biología y la sociedad [5]. Fue así, como a inicios de 1969, varias decenas de miembros del Massachusetts Institute of Technology (MIT) en Cambridge (EE.UU.) convocaron una huelga que pronto se extendió a otras universidades, para llamar la atención sobre las amenazas derivadas de los conocimientos técnicos y científicos. En un manifiesto del 4 de marzo los investigadores reclamaban: “que las aplicaciones de la investigación se aparten de su actual énfasis en la tecnología militar para ir a resolver problemas ambientales y sociales urgentes.” [6] El colectivo, conocido más tarde como Science for the People [7], planteó con radicalidad la necesidad de reconocer la naturaleza política de la ciencia, aumentar el acceso de todas las personas al conocimiento, e incrementar la conciencia social sobre la ciencia y la responsabilidad política de los científicos. En un manifiesto de mediados los años 70, ‘Ciencia para el pueblo’ planteaba de este modo su visión de la ciencia y la necesidad de cambio:

La ciencia en la sociedad estadounidense no es políticamente neutral. ¿Qué ciencia y qué científico puede ser independiente del sistema social y económico que le financia, establece las prioridades, establece las preguntas importantes, y determina la utilización de su trabajo? El control por parte de las burocracias gubernamentales y corporativas sirve tan sólo a unos pocos. En EE.UU., vemos como la ciencia se utiliza para desarrollar las herramientas tecnológicas e ideológicas que precisan las personas en el poder para mantener su poder. ¿Participan en alguna ocasión los científicos o las personas a quienes afecta la ciencia en el establecimiento de que hay que hacer? (…) Ciencia para el pueblo significa conocimiento para el pueblo y, a través de ese conocimiento, la acción” [8]

La necesidad de establecer límites morales y prácticos a la utilización de la ciencia contemporánea se manifestó durante aquellos años en intensos debates sobre temas como las explicaciones deterministas de la inteligencia o la naturaleza humana [9], las implicaciones éticas de las biotecnologías y los malos usos de la ingeniería genética, o la destrucción ecológica y los riesgos para el medio ambiente y la salud pública. Como resultado de muchas movilizaciones y luchas, la financiación de la investigación militar fue reduciéndose hasta mitad de los 70, momento en el cual el neoliberalismo y la fuerte alianza entre el poder económico, político y militar con científicos e ingenieros llevó a una progresiva privatización y mercantilización de la tecno-ciencia [10]. Los científicos críticos quedaron progresivamente marginados en áreas menos relevantes para el desarrollo tecnológico como las humanidades y las ciencias sociales, a la vez que mantenían su situación y privilegios característicos de su elevada clase social [11].

En los últimos decenios, los nuevos descubrimientos científicos, conocimientos prácticos y aplicaciones tecnológicas han conformado un cúmulo de información, conocimiento y poder sin precedentes históricos. Ese enorme poder debe conllevar también una enorme responsabilidad [12]. L os descubrimientos e innovaciones prometen un enorme incremento en el bienestar humano: el conocimiento de las causas y propagación de los procesos cancerosos, el desarrollo de vacunas contra el SIDA o la erradicación de enfermedades como la polio o la malaria son unos pocos ejemplos. Al tiempo, la capacidad productiva, destructiva y de control social de la tecno-ciencia contemporánea plantea enormes peligros e incertidumbres para la humanidad. Un poder que se expresa, por ejemplo, en la destrucción ecológica que sufre el planeta, la acelerada introducción de nuevos productos químicos o de tecnologías de elevado riesgo que una vez introducidas será muy difícil revertir [13], así como en el control y dominio social al que científicos y gran parte de la humanidad se ven sometidos [14]. Más que nunca, la tecno-ciencia sigue siendo en la actualidad una actividad guiada por los valores y objetivos de quienes poseen el poder: las elites económicas, financieras, políticas, militares y científicas. En gran parte la colaboración de los científicos es de hecho implícita dada su condición de asalariados de empresas privados o instituciones públicas controladas por intereses privados y por un modelo intelectual que ignora las consecuencias sociales del conocimiento científico y la tecnología [15].

La difusión de la ideología del “progreso” tecno-científico equipara a éste con el “desarrollo” económico, minimiza los riesgos tecnológicos sobre la sociedad, la ecología y la salud pública, y limita el debate sobre las políticas de investigación haciendo que muchos científicos no se planteen las consecuencias de sus actividades o que éstas sean consideradas algo secundario cuando no simplemente trivial. La actual ideología dominante en el poder sostiene que existe un desarrollo tecnológico “inevitable” (al igual que también se promulga así para la económica neoclásica y las políticas neoliberales), que está “por encima” de ideologías y opiniones, libre de la influencia de factores éticos, sociales y políticos. Esa visión tecnocrática de la ciencia no sólo es errónea sino también incompatible con la democracia. Si todas las decisiones y prioridades que se deben tomar tuvieran una solución técnica, sería más fácil argumentar que la democracia fuera prácticamente innecesaria. La tecno-ciencia es un producto histórico, un resultado social de la acción humana que una sociedad que se reconozca como democrática no puede renunciar a controlar. Para lograrlo, la sociedad debe desarrollar valores morales, culturales y políticos que, basados en los valores de racionalidad político-social, supervivencia, emancipación y justicia social, orienten de otro modo los objetivos y prioridades de la ciencia. Precisamos de una noción de progreso diferente que, a través de procesos participativos y democráticos, reoriente la políticas científicas y permita un acceso más justo, equitativo y ecológicamente sustentable a los beneficios de la tecno-ciencia contemporánea.

Junto a otro modelo y objetivos, se deben también especificar los mecanismos para llevar a cabo la democratización y control de la ciencia. Una conciencia científica nueva, requiere desarrollar una moral de responsabilidad, plena de autocontención y autolimitación, controlada socialmente [16]. Ello no solo debe afectar a los científicos aplicados y tecnólogos sino también a los científicos básicos, en tanto que miembros de la misma sociedad [17]. Allí donde existen dudas sobre la bondad de las aplicaciones tecnológicas se deben proponer moratorias basadas en el ‘principio de precaución’, con límites en aquellos temas que no comprendemos bien y cuyas consecuencias no se pueden predecir. Dos ejemplos actuales son las biotecnologías o la energía nuclear. Como ha señalado Fernández Buey, para realizar las moratorias necesitamos un elevado control social: el autocontrol de los científicos a través de normas éticas claras, controles legislativos aprobados por los parlamentos válidos internacionalmente, y un fuerte control social con la participación ciudadana en la toma de decisiones sobre las políticas y usos de la tecno-ciencia. La idea pequeño-burguesa liberal de que al científico se le deben ofrecer todas las libertades de creación intelectual posibles sin ningún control ético es dañina para la sociedad [18]. Y para que esos controles sean realmente efectivos precisamos también crear asociaciones de científicos y ciudadanos, concienciados y comprometidos con la desmercantilización y democratización de la ciencia y el papel crítico de los investigadores, que mantengan una fuerte presión sobre políticos, partidos y sindicatos y extiendan la cultura y educación científica entre la ciudadanía [19].

¿Quién y de qué forma enseñar la tecno-ciencia moderna? Como señaló el biólogo Barry Componer, las obligaciones sociales de los científicos no sólo tienen que ver con la investigación y la enseñanza sino que han de ayudar a los ciudadanos a entender las cuestiones científicas que tienen un importante impacto sobre la sociedad. Una respuesta posible sería pensar que ya existen instrumentos de difusión, sobre todo por lo que hace al periodismo científico y los escritos de divulgación de los científicos que permitirían que el público estuviera ya bien informado. No obstante, esa difusión puede ser en sí misma también un instrumento de engaño y alienación. Es preciso enseñar la responsabilidad y la conciencia social que los científicos y la población deben tener.

El libro que la lectora o el lector tiene en sus manos plantea críticamente algunas respuestas a varios de los temas planteados. Cada capítulo ofrece conocimiento riguroso sobre varios temas tecno-científicos que nos permiten reflexionar sobre la evolución, riesgos y consecuencias políticas de temas relacionados con la ecología, la medicina y la salud pública. Los temas elegidos son las centrales nucleares y los residuos radiactivos generados por las mismas, las gravísimas consecuencias del reciente “accidente” nuclear de Fukushima, las invisibles consecuencias del nada inocente uso masivo de bombillas de bajo consumo, la supuesta eficacia de las “medicinas alternativas” y la homeopatía, los orígenes del SIDA, y la importancia de las vacunas para la salud pública. Ilustrémoslo con algunos ejemplos.

En el texto se señala la existencia de temas invisibles, poco conocidos, de los que apenas si tenemos conciencia:

“Los problemas del metilmercurio, que es el problema realmente importante en el momento actual porque nos afecta a todos, porque no hay persona que no tengamos metilmercurio en nuestro cuerpo”

Se nos advierte que hay que ser cautos con visiones no propiamente científicas:

“…. Las personas que están en contra de las vacunas, afirman que ellos son los alternativos y los modernos, y luego o al mismo tiempo suelen hablar de medicina oficial a la que suelen presentar como dogmática, agresiva y poca abierta a las novedades. Pero estos dos conceptos que esgrimen son completamente falaces. Es una falacia naturalística, no existe realmente una medicina oficial.”

Se señala la dificultad del proceso de adquisición de conocimiento científico:

No se tenía conciencia de estas cosas en aquellos años. Y, claro está, si uno no piensa en ello, no lo busca y, consiguientemente, no lo encuentra. Esa misma observación [un trastorno en un grupo de trabajadores de una fábrica de Inglaterra que manufacturaba metilmercurio como fungicida] de la que te hablaba pasó inadvertida en la literatura científica.”

Se nos indica de que la adquisición de conocimiento es un proceso social y que la mentira es el lenguaje usual de las grandes corporaciones:

Todo lo que puede provocar reacciones con la industria no se difunde, se guarda en carpetas archivadas hasta mejor ocasión (es decir, en muchas ocasiones, hasta nunca). ¿Desde cuando la industria difunde información sobre las cosas que pueden afectar a la salud humana?”

Y nos apunta que la adquisición de conocimiento es un tema político, muchas veces oculto para un público pasivo, al que no se deja participar:

[En los centros de procesamiento de residuos nucleares] está muy presente el componente militar, que es un nudo esencial de todo este asunto, todo ha quedado siempre bastante ocultado. Son generalmente datos que aparecen en la literatura científica, minoritaria, y a veces, además de forma muy controlada. Es cosa, digámoslo así, más bien de expertos. Se habla muy poco de este tema en ámbitos ciudadanos más amplios.”

Los autores de este libro, entrevistador (Salvador López Arnal) y entrevistado (Eduard Rodríguez Farré), son admirables por sus trayectorias personales y profesionales. Por su rigor -uno como filósofo y ensayista, el otro como científico y ecologista- y ambos por su compromiso social y político. Salvador López Arnal es profesor, experto en el gran filósofo eco-marxista Manuel Sacristán, ensayista, divulgador, colaborador de la revista digital Rebelión, activista, y muchas otras cosas más, actividades todas ellas que realiza con incansable finura, tenacidad y entusiasmo. Eduard Rodríguez Farré, es investigador, divulgador, activista, miembro fundador de ‘Científicos por el Medio Ambiente’ (CiMA) [20], y un científico (médico, radiobiólogo, farmacólogo y toxicólogo) con una prodigiosa abundancia y profundidad de conocimientos.

La ciencia es demasiado importante, poderosa e indispensable para la sociedad como para dejarla a merced de los científicos, y desde luego para dejarla en manos de políticos profesionales, empresas y militares. Necesitamos una ciencia ‘con conciencia’, más democrática, que no sea alienante y que no esté mercantilizada. Necesitamos científicos que sean algo más que magníficos especialistas que se enorgullecen de publicar artículos originales en revistas de elevado prestigio. Necesitamos investigadores menos elitistas y más igualitarios, no solo en lo económico sino en lo político y lo cultural, con una profunda visión de la ética y la política, que pongan los valores sociales de la equidad y lo público por delante de intereses personales y corporativos. Necesitamos científicos que estén organizados socialmente y que sean activos [21]. Y necesitamos también una población mucho mejor informada, capaz de participar, tomar decisiones y actuar ante un tema social de enorme trascendencia. Como señaló el manifiesto aludido de Science for the People:

La acción para oponerse al sistema, para recuperar el control de nuestras vidas, nuestros valores y nuestras prioridades, es ahora respondida por una ciencia que proporciona una tecnología de vigilancia, armas de contrainsurgencia y el control del comportamiento (…) Nuestras acciones nos sirven para juzgarnos. Juzgamos a los demás por su práctica del mismo modo que esperamos ser juzgados por la nuestra [22]

Por irrealizable o lejano que ahora pueda parecer, otra tecno-ciencia es posible, una tecno-ciencia pacifista, ecologista y feminista, que a la vez sea democrática, participativa y popular. Una ciencia que sea de y para el pueblo.

Notas:

Joan Benach y Carles Muntaner, profesores de salud pública en la Universidad Pompeu Fabra (UPF) y la Universidad de Toronto (UofT) respectivamente pertenecen al Grupo de Investigación sobre Desigualdades en Salud (GREDS-EMCONET) de la UPF, son miembros fundadores de Científicos por el Medio Ambiente (CiMA), y ambos investigan y enseñan sobre temas de sociología de la salud y epidemiología social. Entre sus libros se encuentran: Aprender a mirar la salud (Barcelona: Viejo Topo, 2005), y Empleo, trabajo y desigualdades en salud: una visión global (Barcelona: Icària, 2010).

1 Hobsbawm E. Historia del siglo XX. Barcelona: Crítica, 1995:519. [Ed. orig. 1994]

2 Sacristán M. M.A.R.X. Máximas, aforismos y reflexiones con algunas variables libres. López Arnal S (editor). Barcelona: El Viejo Topo, 2003:268.

3 Científicos como el propio Albert Einstein se dieron cuenta de ello demasiado tarde. Ver: Einstein A. Escritos sobre la paz [1914-1955]. Barcelona: Península, 1967 (trad. J. Solé Tura).

4 Tras la I Guerra Mundial, el número de científicos era de sólo unos miles o unas pocas decenas de miles a lo sumo. A finales de los años 80 del siglo XX se estima que la cifra alcanzó los 5 millones. En 2010 el gasto de armamentos se estimó en alrededor de 1 billón y medio de dólares anual, con Estados Unidos, China y Francia como los mayores presupuestos. El presupuesto militar oficial de EE.UU. es del 5% del PIB, aunque la cifra real podría alcanzar el 7%.

5 Rose H, Rose S. La radicalización de la ciencia. México: Nueva Imagen: 1980 (ed. or. 1976).

6 Leslie SW. The Military–Industrial–Academic Complex at MIT and Stanford. New York, 1993:233.

7 El 3 de febrero de 1969 se convoca la primera reunión en Nueva York donde se constituye el colectivo Scientists for Social and Political Action (SSPA). En septiembre del 69, el grupo pasa a llamarse Scientists and Engineers for Social and Political Action (SESPA) y a finales del mismo año se acuña el nombre Science for the People, apareciendo desde agosto de 1970 la revista bimensual de igual nombre. Tras unos años de paréntesis, el 8 de noviembre de 2002 en Florencia se inició la revista y página web ‘Science for the People’, como un movimiento de científicos anticapitalistas. Ver la web: www.scienceforthepeople.com.

8 Texto reproducido de un folleto de 1975 de Science for the People de Boston. Acceso el 05-06-2011: http://socrates.berkeley.edu/~schwrtz/SftP/Brochure'75.html

9 Ann Arbor Science for the People Editorial Collective Biology as a Social Weapon Pearson 1977.

10 En los años 70 el gobierno de EE.UU. sufragó dos tercios de los costes de la investigación básica del país (casi 5.000 millones de dólares anuales) dando trabajo a casi 1 millón de científicos e ingenieros; mediados los 80, con la administración Reagan, la financiación privada en investigación y desarrollo ya superó a la inversión pública. Ver: Echevarría J. La revolución tecnocientífica. Madrid: FCE, 2003:31,63.

11 Jacoby R. The last intellectuals: American culture in the age of academe. New York: Basic Books, 1987.

12 Se estima que 1 de cada 5 científicos e ingenieros (más de medio millón) trabajan en investigación militar en el mundo, y que ésta representa un tercio de toda la inversión mundial en I+D.

13 Algunos ejemplos: las biotecnologías, la producción, difusión y uso de nuevas sustancias químicas, la nanotecnología molecular, la infotecnología o los nuevos descubrimientos y aplicaciones militares.

14 En 1950 Albert Einsten ya señaló: “Tal concentración del poder económico y político en manos de unos pocos no sólo ha traído consigo una dependencia material, sino que también amenaza su existencia, impidiendo el desarrollo de una personalidad independiente, mediante el uso de medios de influencia espiritual muy refinados.” Ver: Einstein A. Para la humillación del hombre científico. En: Mi visión del mundo. Barcelona: Tusquets, 1980:234.

15 En este punto cabe destacar los análisis de Noam Chomsky sobre la responsabilidad de los intelectuales y la forma “apolítica” con la cual los científicos que generan la tecnología militar son formados, por ejemplo en el caso del ya citado MIT. Ver: The Essential Chomsky (edited by Anthony Arnove), New York: The New Press, 2008.

16 Riechmann J. En busca de un nuevo contrato social con la ciencia y la tecnología. Ciencia, Tecnología y Sustentabilidad. El Escorial, julio 2004.

17 Bunge M. Filosofía política: solidaridad, cooperación y democracia integral. Madrid: Gedisa, 2010.

18 Ello significa hasta cierto punto que el científico pierda el control de la actividad científica para hacerla más responsable a las necesidades colectivas. No obstante, hay que señalar que la actual “libertad” de los científicos básicos es de hecho en gran parte limitada ya que en realidad se les paga bien y se les da medios mientras no cuestionen la ética del conocimiento que generan. Es decir, no se trata tanto de reducir la autonomía del científico sino de cambiar las prioridades en la investigación y la gestión de la tecnociencia.

19 Fernández Buey F: Sobre tecnociencia y bioética. En: Ética y filosofía política. Barcelona: Bellaterra, 2000:301.

20 Científicos por el medio ambiente (CiMA) es una asociación independiente de ámbito estatal fundada en 2003 (www.cima.org.es): “Científicos por el medio ambiente CiMA es una asociación independiente de ámbito estatal fundada en 2003. Está formada por científicos y técnicos, investigadores e investigadoras, que trabajamos en todas las disciplinas de las ciencias naturales y sociales. Caracteriza al sistema contemporáneo de CyT (Ciencia y Tecnología) su enorme poder; que convierte todo --incluidos nosotros mismos-- en posibles objetos de su capacidad manipuladora y transformadora. Ahora bien: a mayor poder, mayor responsabilidad. Los socios de CiMA nos sentimos vinculados por una conciencia común de nuestra responsabilidad socio-ecológica, y deseosos de proteger el medio ambiente y la diversidad (tanto biológica como cultural), así como promocionar la salud pública y la sustentabilidad.”

21 Un ejemplo actual es la organización ‘Scientists for Global Responsibility’ (SGR), una organización independiente de científicos, ingenieros, tecnólogos y arquitectos ingleses que promueven una ciencia, diseño y tecnología que contribuyan a la paz, la justicia social y la sostenibilidad ambiental. Ver la página web: www.sgr.org.uk/

22 Texto reproducido de un folleto de Science for the People de Boston de 1975. Texto consultado el 05-06-2011: http://socrates.berkeley.edu/~schwrtz/SftP/Brochure'75.html

domingo, 4 de marzo de 2012

La piel de tiburón inhibe el crecimiento bacteriano


Piel de tiburón

Material rugoso que reduce el crecimiento bacteriano desarrollado por Sharklet Technologies.

Hay un investigador, Anthony Brennan, que ha comprobado que la rugosidad de la piel de tiburón inhibe el crecimiento bacteriano. A raiz de este descubrimiento ha montado una empresa: Sharklet Technologies.

domingo, 19 de junio de 2011

El biohacker y su romanticismo


Os dejo abajo un artículo sobre los biohackers. En fin, que sensacionalismo más barato. La química que lleva más años como ciencia consolidada que la biología, ¿Ha desarrollado quimiohackers? dejo aquí una pausa para que penséis. Claro, todos los narcotraficantes que preparan sus bases de coca o heroína son quimiohackers. El chaval que con conocimientos básicos de química fabrica metaanfetamina es un quimiohacker. El problema es acceder a los productos químicos necesarios. Los productos necesarios se venden bajo una supervisión muy estricta. Si fuera posible comprar los ingredientes todo el que quisiera colocarse, fabricar una bomba o un veneno no tendría más que buscar las recetas en internet y comprar lo que necesitase a cargo de su tarjeta de crédito. Afortunadamente hay cierto control. ¿Qué pasa con los biohackers?. El peligro de la biología está en que los organismos vivos son máquinas de replicarse a si mismo. Están programados para hacer copias de si mismo y mantenerse en el tiempo. Con esto creo haberlo dicho todo.


Publicado por Miguel Ángel Criado en el periódico Público

"Nosotros [biohackers] rechazamos la percepción popular de que la ciencia sólo se hace en los laboratorios de las universidades, las empresas que han costado millones de dólares o el Gobierno; nosotros sostenemos que el derecho a la libertad de investigación, para buscar el conocimiento por uno mismo, es un derecho tan fundamental como el de la libertad de expresión o religiosa". La frase forma parte del llamado Manifiesto Biopunk, considerado la declaración de principios del movimiento DIY BIO (Do It Yourself Biology o Biología casera). Sus integrantes quieren sacar la biotecnología de las grandes corporaciones y, desde sus garajes, llevar los beneficios de la ingeniería genética a toda la humanidad.

La modificación genética no es nueva. Ya en los años setenta, los científicos Herbert Boyer y Stanley Cohen consiguieron insertar ADN de una rana en las células de una bacteria u obtener una proteína humana como es la insulina cultivada en microbios, mientras otros investigadores enseñaban a una bacteria a comerse el petróleo de los vertidos. El mapeo del genoma humano y otras especies ha permitido avanzar en el conocimiento del papel de los genes y, a continuación, en su manipulación, como si se tratara de piezas de un juego de Lego. Sin embargo, la biotecnología se ha desarrollado dentro de las paredes de una nueva industria a la que se han asociado las principales universidades. Lo que buscan los biohackers es abrir las puertas de sus laboratorios y airear el conocimiento allí encerrado.

"La libertad de investigación es tan fundamental como la de expresión"

Al menos, ese es el objetivo confeso de la autora del manifiesto, la programadora autodidacta estadounidense Meredith Patterson. "Buscan una sociedad donde la gente tenga el conocimiento y los medios para hacer por sí mismos cualquier cosa que necesiten", escribe Marcus Wohlsen en el libro Biopunk. Científicos caseros hackean el software de la vida (aún no editado en España). Para él, Patterson ejemplifica el fenómeno de los biohackers. Tras saberse que miles de niños chinos habían enfermado al tomar leche infantil contaminada con melamina, una sustancia química, intentó diseñar un sistema barato para asegurar el suministro de leche en los países en desarrollo. Lo que pretendía Pa-tterson era introducir el gen de una medusa luminiscente en la bacteria que fermenta la leche y añadirle un sensor bioquímico que detectara la melamina y todo por menos de un dólar. "Hasta el momento, no ha tenido éxito. Pero, para ella, el éxito entendido como un producto terminado es algo incidental. Yo diría que su éxito está en el mismo proceso de hacerlo y en la reivindicación del derecho a hacerlo", dice Wohlsen.

Con software libre

Cuando se le pide una definición de los biohackers, Wohlsen tira de los recuerdos de cuando preparaba su libro. Una mujer tratando de crear un biosensor modificado genéticamente en la mesa de su cocina. Un grupo de chicos haciendo un laboratorio en un garaje con equipos basados en software libre. Otra mujer que desarrolló un test en su apartamento para un trastorno genético presente en su familia. Un profesor tratando de crear software de código abierto para controlar un robot que ensambla genes en un intento por crear organismos sintéticos. "Y eso es sólo una pequeña muestra", dice Wohlsen. "Cada una de estas personas intenta que la ciencia de la vida y la biotecnología sean más accesibles y factibles para más gente. Esa es la mejor definición que se me ocurre para el biohacking", añade.

Una mujer hizo un test en su casa para un trastorno genético de su familia

Para el nacimiento de esta biología de garaje, que busca la deliberada mezcla y reordenación de genes para crear algo nuevo, se ha tenido que producir algo básico en cualquier industria: la reducción de costes. Tras el Proyecto Genoma Humano, el tiempo y el precio de escanear genes no ha hecho más que bajar. Han surgido decenas de empresas que secuencian por encargo. Los biohackers "podrán sentarse en casa casi sin ninguna infraestructura y hacer sus experimentos", relata Mackenzie Cowell, un joven biólogo que se gastó el dinero del fondo que le habían puesto sus padres en comprar un contenedor donde montar el Boston Open-Source Science Lab. Sus instalaciones están abiertas al uso comunitario. "Un laboratorio típico puede costar hasta 500.000 dólares. ¿Por qué es tan caro? Para responder a esa pregunta, me decidí a construir mi propio laboratorio. Hasta ahora, he encontrado que muchas piezas valen de diez a cien veces lo que cuesta fabricarlas", cuenta Cowell. "Si trabajamos para crear herramientas y reactivos más baratos, simples y mejores, las barreras a la innovación se podrán reducir", añade.

El alma de esta mezcla de biología, informática e ingeniería es el idealismo. "Los biohackers creen profundamente en el poder transformador de la ciencia y la tecnología", explica Wohlsen. Pero, para muchos de ellos, la forma en que universidades y empresas han institucionalizado la ciencia está inhibiendo esa energía en vez de liberarla. "Creen que la innovación podría prosperar mediante la democratización y la domesticación de la biotecnología, poniéndola en las manos de más gente, que puede que no tengan un título, pero sí buenas ideas", añade el autor de Biopunk.

El fenómeno de los biohackers no ha pasado desapercibido para las autoridades de EEUU, que llegaron a enviar un agente especial del FBI al congreso que, bajo el provocador nombre de Biología fuera de la ley, se celebró el año pasado en la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) y donde Patterson pronunció su Manifiesto Biopunk. Las implicaciones éticas y de seguridad de la biotecnología casera llevaron al Gobierno a solicitar un informe a la comunidad científica. Aunque algunos querían imponer el principio de precaución, exigiendo su regulación estricta, la comisión dictaminó en diciembre que no se debía interferir. Así se podrá hacer realidad lo que dice el manifiesto: "Los biopunks buscamos activamente hacer del mundo un lugar que todos puedan entender. Venga, investiguemos juntos".