martes, 2 de octubre de 2012

Los estragos de la meningitis

Noticia aparecida en El País.


"¿Eso es una ceja, unas gafas o el ojo? ¡No veo, no me puedo mover!". Estas fueron las dos primeras frases que dijo Esther Chumillas cuando despertó en la UCI del hospital madrileño del Niño Jesús después de sufrir una meningitis. "Por poco me mata con 13 años", afirma con voz temblorosa. Esther padece agnosia visual. Apenas se conocen ocho casos como el suyo en el mundo de las aproximadas 7.000 enfermedades raras diagnosticadas por laOrganización Mundial de la Salud (OMS).
Cuando salió de cuidados intensivos comenzó a divisar bultos pero no sabía quien era esa chica del espejo. No se reconocía. "Era un espectro. Me miraba y solo veía rasgos difuminados como si fuesen estelas. Solo veía un fantasma perdido en un espejo. No sabía si lo que tocaba era mi boca, mi oreja o la nariz. Nada". A pesar de los años transcurridos —hoy tiene 29— la angustia sigue apoderándose de ella cuando lo recuerda.
Lo que le ocurre a esta joven, según la médica María José Ibáñez, del Hospital de la Paz, encargada del caso de Esther, es que "sus ojos hablan un idioma y su cerebro otro". "De ahí que es casi imposible que se pueda orientar" explica la neuróloga y agrega: "Además la meningitis redujo su campo de visión. Esther solo puede ver de frente, como si viese a través de un tubo".
“Una parte de mi cerebro murió con 13 años, todo por
la meningitis”
Tras salir de la UCI y ser trasladada a planta poco a poco su vista fue mejorando pero seguía sin reconocer a esa joven de pelo castaño delante del espejo: "Algo seguía fallando dentro de mi cabeza". Su familia le repetía que eran ellos. "Yo les tocaba pero nada, no les identificaba. Solo veía trozos de cosas mal pegadas". “Una auténtica pesadilla” con la que tendría que convivir toda su vida.
"Iba y venía al hospital pero ningún médico me decía lo que me pasaba exactamente". Intentaron explicarle por qué no identificaba los objetos, las calles y por qué sí era capaz de ver los números, las letras y los colores. Fue entonces cuando María Concepción Fournier, del hospital madrileño Niño Jesús, dio con la enfermedad. "Me dijo que una parte de mi cerebro había muerto por culpa de la meningitis". Esta había atacado su lóbulo occipital, es decir, el que se encarga de descifrar los impulsos eléctricos que manda el nervio óptico al cerebro para identificar las imágenes.
Con el tiempo y mucho trabajo, Esther ha aprendido a cuidarse sola dentro de lo que puede (tiene reconocida un 85% de minusvalía). Cuenta con el apoyo de un GPS que le indica por dónde debe ir, aunque cuando se queda sin cobertura "es una odisea". "Siempre me acabo perdiendo y mis padres o mi novio tienen que venir a recogerme".
A su pareja, Manuel, solo le reconoce por su perilla. "Su madre dice que se la quite, pero si lo hace me hace la pascua a mí… No sabría si es él u otro" comenta entre risas. A pesar de hablar con "mucha guasa" y "tomarse la vida con mucha filosofía" para Esther no ha sido nada fácil aceptar su enfermedad.
"Casi me dan por muerta dos veces. En el colegio mis compañeros se reían de mí porque no sabía ni multiplicar" comenta la joven. "Se corrió, en el instituto, el bulo que el herpes que me salió a raíz de la meningitis era contagioso". Todos estos factores y 33 pastillas diarias, tres veces al día, la sumieron en una profunda depresión y a "tener pavor a salir de su casa". A todo ello hay que añadirle un estimulador con una pila de 6 centímetros de diámetro y dos de grosor que absorbe el exceso de electricidad cuando le va a dar un ataque de epilepsia. "Por eso no puedo no beber alcohol, ni tampoco ir a discotecas, las luces me producen convulsiones".
Según la OMS solo existen ocho casos en el mundo de agnosia visual. Esther es una.
 Cumplió los 14, llegaron los 15, y seguía igual sin saber quién era la chica del espejo. Tampoco su familia, ni sus amigos. "Comer era una odisea. No sabía distinguir una cuchara de un tenedor o de un cuchillo".
Hasta que le diagnosticaron su agnosia, los profesores veían que iba bien en matemáticas y lengua —ya que puede reconocer los números y las letras— pero que no discernía las obras de arte. “Me decían que era paranoia mía”. Acudió a la ONCE, que reconoció su enfermedad, y fue cuando decidió invertir su tiempo con los libros. Sus esfuerzos se vieron recompensados. Aprobó selectividad con un 8,2, estudió educación especial y se sacó la oposición de pedagogía terapéutica. Desde entonces da clases "a chavales con problemas". Ahora tiene a su cargo dos hermanas ciegas y un chico con autismo, "es el más rebelde pero bueno" comenta mientras sonríe y se coloca sus modernas gafas rosas.
Manuel la observa desde el sofá y espera a que acabe de hablar. Cuando termina, este diseñador gráfico de 32 años, toma la palabra: "Ojalá todos fuesen como ella". "Tiene una vitalidad envidiable. Siempre es agradecida, a su lado nadie tiene derecho a quejarse". "Es tan gratificante poder ayudarla. Es más lo que da de lo que recibe".
Con el tiempo su vista ha mejorado, aunque nunca ha visto las casas colgadas de Cuenca. "Sé que están en un entorno verde, que pasa un río porque lo oigo y hay un puente con piedras. Así es como me imagino que son, pero no lo sé".

martes, 18 de septiembre de 2012

Alerta: Listerias vivitas y coleando en Portugal


Ver vídeo. La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN), dependiente del Ministerio de Sanidad, ha alertado de la presencia de la bacteria Listeria monocytogenes en varios quesos frescos procedentes de Portugal. La citada bacteria es la causante de la enfermedad de la listeriosis, una dolencia que afecta sobre todo a embarazadas, bebés o adultos con el sistema inmunitario debilitado. Su período de incubación es largo. Los productos afectados son El sabor de la casa, Queso costeño nativo y Queso fresco latino estilo tradicional.

La presencia de la bacteria en los quesos fue advertida por las autoridades sanitarias del País Vasco e inmediatamente después se activó la red de alerta nacional. El producto, que ha sido retirado del mercado, ha sido fabricado en Portugal y se ha distribuido en su mayor parte a establecimientos de especialidades latinas ubicados en Andalucía, Aragón, Asturias, Islas Baleares, Cataluña, Castilla-La Mancha, Cantabria, Castilla y León, País Vasco, Madrid, Murcia, Navarra, La Rioja y Valencia, así como a Italia y a Portugal.

En el País Vasco se presentaron dos casos de listeriosis en embarazadas el mes pasado por el consumo de este producto.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Vibrio vulnificus, otra bacteria comecarne

Vibrio vulnificus es un bacilo del género Vibrio; al ser tolerante a la sal, prospera en el agua marina, especialmente en zonas cálidas. Fuertemente patógeno, provoca infecciones normalmente a través del consumo de mariscos o pescado crudo, aunque puede también ingresar al organismo durante el baño a través de heridas superficiales.

El V. vulnificus es Gram negativo, con forma de bastoncillo, y no forma esporas ni cápsulas. Soporta alcalinidades relativamente elevadas, hasta el pH 9.

Al igual que otros miembros del género Vibrio, coloniza el tracto intestinal, donde se fija a las paredes y secreta toxinas que provocan diarrea; la infección es más frecuente en pacientes con aclorhidria (producción insuficiente de ácido gástrico) o hemocromatosis. Otros síntomas posibles incluyen la dermatitis.

El bacilo llega normalmente al torrente sanguíneo sólo en casos de deficiencia inmunológica, pero en caso de hacerlo puede ser fatal, provocando septicemia. Los antibióticos son efectivos en las primeras fases de la infección, pero en casos avanzados puede ser necesaria la amputación.

Las siguientes imagenes pueden impactar, pero es una muestra de lo que esta bacteria podria hacerle al cuerpo humano:





















Bacterias comecarne: Estreptococcos tipo A y Aeromonas hydrophila



Percy von Lipinski estaba parado sobre una silla mientras decoraba el árbol de navidad de su familia. Se encontraba colgando un adorno alemán hecho de vidrio cuando se desbalanceó y se agarró de una de las ramas del pino, con la que se picó la mano izquierda mientras recuperaba el equilibrio.

Suena inofensivo, ¿cierto? En ese momento von Lipinski, de 57 años, no tenía idea que ese incidente ocurrido en 2008 casi iba a costarle la mano entera, si no es que su vida.

Lo que parecía una herida sin importancia resultó ser una enfermedad causada por una fascitis necrotizante que se come la carne, la misma condición que se presentó recientemente en dos casos con mucha difusión en Estados Unidos.

“Le he contado esta historia a mucha gente para que estén conscientes que esto también puede pasarte a ti”, dijo von Lipinski, quien vive en Vancouver, Columbia Británica. “Nunca jamás le resten importancia a una infección”.

Este mes a Aimee Copeland, una estudiante de 24 años de la Universidad de West Georgia, se le amputó una pierna, un pie y luego las manos ya que tenía la misma bacteria come carne. Copeland se cayó de una tirolina y se cortó la pierna el 1 de mayo.

Había estado conectada a un ventilador pero ya respira por sí misma, según informó su padre el domingo pasado. Hasta el martes 23, Copeland continuaba en condición crítica.

Hasta ahora, Lana Kuykendall se ha sometido a siete cirugías como resultado de esta enfermedad y ha estado “entubada y sedada” desde que llegó al hospital el 11 de mayo, dijo su hermano. Kuykendall estuvo sana hasta el 7 de mayo cuando dio a luz a sus gemelos, pero fue al hospital cuando notó que tenía un moretón en una pierna. Continúa hospitalizada en condición crítica.

La experiencia de von Lipinski, que compartió en un iReport de CNN, fue mucho menos agresiva en comparación con el caso de estas dos mujeres, pero pudo haber sido mucho peor si la infección no se hubiera detectado a tiempo.

Existen muchas cepas de distintas bacterias que causan la enfermedadcome carne por una fascitis necrotizante. El Centro de Control y Prevención de Enfermedades (CDC por sus siglas en inglés) calcula que existen de 9,000 a 11,500 casos de infecciones causadas por la bacteria estreptococo del grupo A, donde uno de esos casos presenta fascitis necrotizante cada año. De ellos, sólo el 6% o 7% son considerados agresivos. Es más común que la bacteria resulte en una infección que provoque una faringitis estreptocócica o una infección en la piel llamada impétigo.

La infección de Copeland se originó de la cepa bacteriana llamada Aeromonas hydrophila, tan poco común que no se cuenta con buena información sobre la incidencia de esta enfermedad que come carne.

La CDC dice que cerca del 25% de los pacientes que padecen de fascitis necrotizante mueren. Canadá presenta de 90 a 200 casos por año, con una tasa de mortalidad entre el 20% y el 30%, esto de acuerdo con la información de la Agencia de Salud Pública de Canadá.

En aquella temporada navideña de 2008 von Lipinski no pensaba mucho en la herida causada por la aguja del pino hasta que el enrojecimiento se expandió, lo que le causaba dolores poco usuales. Él y su esposa, la médico ginecóloga obstetra Olga von Lipinski, se encontraban cenendo junto con un grupo de médicos. Ellos le recomendaron tomar antibióticos, que el matrimonio tenía en casa.

Pero la esposa de von Lipinski supo que algo estaba mal cuando vio que Percy se levantaba continuamente durante la noche, incapaz de conciliar el sueño debido al dolor. A la mañana siguiente la herida de su mano había empeorado.

La historia de von Lipinski es la típica historia sobre este tipo de infecciones que conoce el médico William Schafner, jefe del departamento de Medicina Preventiva del Centro Médico de la Universidad de Vanderbilt. Los síntomas típicos de este problema son fiebre y dolor persistente desproporcionado al tamaño de la lesión. Muchas veces dice que lo han descrito como “el peor dolor que han sentido jamás”.

Dijo que el 10% de los pacientes no pueden recordar haber tenido alguna lesión antes que comenzara a presentarse la infección.

Algunos casos presentan lesiones penetrantes y profundas, tal como en el caso de Copeland. En otros casos, como el de von Lipinski, las lesiones son inofensivas. Pero la infección puede desarrollarse aun cuando la piel no tiene lesiones, un simple golpe también puede desencadenarla.

Aun así, muchas personas sufren este tipo de lesiones a diario sin que eso implique que van a desarrollar una infección por una bacteria que come carne. Aún existe un poco de misterio sobre el por qué un pequeño grupo de personas sí desarrollan la enfermedad.

“Se necesita una combinación de circunstancias, las cuales deben de embonar perfectamente para que se susciten este tipo de casos”, dijo Schaffner.

Algunas veces las bacterias son externas, pero en algunos casos la persona ya es portadora de la bacteria.

El tratamiento a tiempo salva vidas

Como sucede con muchas otras enfermedades, la vulnerabilidad de la gente hacia una infección por una bacteria que come carne se incrementa con la edad y otras condiciones presentes que pudieran comprometer al sistema inmunológico. El retraso en los cuidados requeridos para tratar una herida también puede predisponer a la persona a que empeore su condición.

“Ciertamente ahora presto mucho más atención a cualquier cortadita ya sea hecha con una hoja de papel, o al afeitarme, la trato de una forma mucho más seria”, dijo von Lipinski.

Una noche, mientras la infección se extendía en la mano de von Lipinski, cayó metro y medio de nieve. Él había planeado pasar el día decorando su casa para Navidad, pero su esposa insistió en llevarlo a la sala de emergencias de camino a su trabajo alrededor de las seis de la mañana.

“Si mi esposa no hubiera insistido, nunca hubiera ido al hospital”, dijo.

Los médicos le dijeron que le administrarían un antibiótico por goteo intravenoso durante cuatro horas y después podría ir a su casa. A su esposa le dijeron que su marido estaría en casa para la hora de cenar. Pero el medicamento no funcionó y la condición de von Lipinski empeoraba, por lo que fue llevado a la unidad de cuidados intensivos.

La mano de von Lipinski aparentaba haber duplicado su tamaño, al estilo de “un tipo de maquillaje de ciencia ficción”.

“Se estaba tornando muy difícil mover los dedos”, dijo. “No podía imaginar cómo iba a volver a tener la funcionalidad completa en la mano”.

Hay mucho que no recuerda, pero hay una conversación que tiene muy presente: su esposa hablaba con su hija de cinco años sobre cómo la gente buena va al cielo.

“Todo estaba sucediendo tan rápidamente a mi alrededor que no fue hasta que escuche aquellas palabras de la boca de mi esposa, hablando con mi hija, que pensé ‘caray, podría morir’”, von Lipinski recuerda.

“Nunca lo había visto tan enfermo”, dijo su esposa. “Realmente es una cosa espantosa. No deseas ver a nadie, especialmente a tu familia, pasar por este tipo de situación”.

Durante las siguientes 48 horas una de las combinaciones de antibióticos comenzó a funcionar. Las enfermeras habían marcado con un plumón negro las líneas de cómo había ido avanzando la infección, pero ahora había comenzado a ceder. Los cirujanos retiraron tejido muerto de la mano. Afortunadamente no tuvieron que amputarle la mano.

La cirugía es el tratamiento más efectivo para tratar esta enfermedad. Los antibióticos y el cuidado subsecuente también son importantes, dijo Schaffner, quien no estuvo a cargo del caso de von Lipinski. Mantenerse un paso adelante a la infección mediante la remoción del tejido muerto es crucial.

“No es poco común que un cirujano deba operar una segunda o tercera vez debido a que la infección puede esparcirse de forma muy determinante y rápida y persistente, vean el caso de esa pobre mujer en Georgia”, dijo Schaffner.

Se le dijo a von Lipinski que en el mejor de los casos no podría volver a mover la mano y tendría los dedos engarrotados por el resto de su vida. Para ese momento, von Lipinski se sentía agradecido de conservar su mano, aun y cuando fuera a quedar paralizada.

Von Lipinski permaneció internado en el hospital alrededor de dos semanas. Contrariamente a lo que predijeron los médicos, eventualmente volvió a tener movilidad en los dedos, aunque lograrlo le tomó entre 18 y 24 meses. Un año después de su accidente a duras penas podía cerrar el puño. Solamente le quedan cicatrices de la cirugía y ahora tiene total funcionalidad en la mano.

“Cuando enfrentas así de cerca a la muerte, así como me sucedió a mí, tiendes a ver la vida de forma diferente”, dijo. “¡El dinero y otros retos típicos que enfrentas en la vida instantáneamente se vuelven triviales cuando me detengo a pensar en lo afortunado que fui!”.